Suicidio ONG
Un lugar de encuentro para personas afectadas por el drama del Suicidio
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- El poder de la oración para superar pensamientos suicidas
Desde muy chica comencé a tener episodios de angustia. Vivía rodeada de una familia tradicional, pero un poco fría. Mi progenitor (ahora mi amado padre) era alcohólico y violento. Mi madre trataba de suplir las necesidades a pesar de todo el ambiente de vicios y violencia en el que vivíamos. Desarrollé trastornos alimenticios debido a las palabras que mi padre me decía. Tenía una autoestima muy baja, llegué a odiarme y a odiar mi cuerpo. A mis 16 años comencé a tener pensamientos suicidas, me lastimaba las muñecas, me pinchaba piernas y brazos, etc. Un día tuve un episodio nervioso que me llevo a cortarme muy profundo una de mis muñecas, y mi dolor pasó a ser descubierto por mi familia. Desde ese momento visitamos tantos hospitales, psicológicos y psiquiatras. Me dieron tantos medicamentos y tratamientos, que mi madre ya no sabía qué hacer conmigo. Fue un tiempo difícil. Una sobrina mía había viajado de vacaciones a visitar a su hermano, dieron con una campaña evangelística y aceptaron a Jesús en su corazón, ella y su familia. Y bueno cuando ella vino a verme yo ya no hablaba con nadie, pensaba que para qué iba a hablar si nadie entendía lo que me pasaba ni podía ayudarme. Simplemente me habló de Dios y oró por mí, me invitó a la iglesia al otro día y fui. Jamás había pisado una iglesia cristiana, no sabía qué hacer pero me hizo bien, todo lo que hablaron me tocó profundamente y comencé a tener fe en Dios, a pedirle que cambiara mi vida y lo hizo. Tenía varias enfermedades entre ellas tiroides y trastornos alimentarios. Tenía anorexia y bulimia. Llegué a pesar 20 kilos menos de mi peso normal. Adelgacé tanto! Hacía mucho ejercicio y no quería comer. Cuando comenzaron a obligarme a comer desarrollé bulimia. Al tiempo de haberme reencontrado con Dios volví a hacerme los estudios y ya no tenía nada. Con los psicológicos hablé y me dieron de alta. Les dije que me sentía tan bien, con muchas ganas de vivir y que Dios pudo ayudarme a superar los problemas con los alimentos. De estar llorando todo el día, comencé a andar saltando en una pata de alegría. Con mi padre siempre fue una relación difícil. Él maltrataba a mi mamá, llegué a odiarlo, con mi hermano teníamos tanta bronca hacía el que a veces ansiamos meternos en las peleas para hacerle daño. Él jamás me golpeó, ni a mi hermano, pero si a mi madre, y a mis hermanos mayores. Pero le teníamos miedo, nos gritaba y nos decía cosas muy feas cuando se enojaba o bebía. Trabajamos a la par de él, yo era mujer pero siempre quise que estuviera orgulloso de mi, me esforzaba por hacer trabajos de hombre para que él me mirara con aprecio. Hasta que ya no pude contener la situación conmigo misma. Culpaba a mi madre y a él por todo, los odiaba pero Dios me ayudó a perdonarlos y hoy en día tenemos una bella relación. Hoy tengo 29 años. Tuve mis momentos de recaídas, pero desde que conocí a Dios, sobrevivo de pura gracia suya. No me dejo vencer, sé cómo pelear contra esos pensamientos negativos y lucho cada día con las fuerzas que Dios me da. Saludos y qué Dios los bendiga. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- ¿Qué significa ser voluntario/a?
Muchos ven al voluntariado como una carga que algunas personas generosas se auto imponen para ayudar a otras. Nada más lejos de lo que sienten la mayoría de los voluntarios que colaboran con diferentes asociaciones civiles o instituciones públicas. Para ejemplificar esto bastan algunas respuestas de los voluntarios de Hablemos de Suicidio ONG cuando uno de sus compañeros les preguntó qué significa para ellos ser voluntario. Me permite poder entregar algo que llevaba oculto, intentar ser otra personita, tener y sentir otras emociones que no conocía, me regala el placer de Ser para otros alguien, de entregar desde mi mirada un abrazo, un cachito de Vida. Desde mi parecer, es una bella Misión de Vida. Para mí ser voluntaria me permite evolucionar como ser humano al compartir mí tiempo, dedicación y amor desinteresadamente con otro ser que también me nutre de su experiencia de vida, dándole a mi propia vida un sentido más humanizado. En este camino encontrar personas increíblemente maravillosas. Para mí, ser voluntaria es un aprendizaje constante, es mejorar día a día con lo que recibo de otras personas en un intercambio donde se ponen en juego la sensibilidad, la tolerancia y el respeto. Pero sabiendo que juntos podemos lograr el objetivo que nos proponemos para construir un mundo mejor. Mil gracias por darme la posibilidad de formar parte de esta hermosa familia. Ser Voluntaria es el equilibrio que necesito en mi vida de ese "dar y tomar" para poder sanar un poquito todos los días... sabiendo que el otro también soy yo. Solo quiero cumplir la promesa que le hice a Patri el día que la despedimos: que su dolor y el de mis hijos y el mío no van a ser en vano que trataría de dejar algo aquí antes de marcharnos en honor a ella y esa posibilidad me la ofrece el voluntariado, creo que es por ahí, abrazo a todos. Ser voluntario es poder dar una oportunidad a alguien de ser comprendido y escuchado y a través de esa experiencia también; poder descubrir que nos mejora para ser más humanos y transformar con tiempo y paciencia nuestras heridas y la del otro en cicatrices del alma que cuando hayan dejado de supurar angustia y dolor serán los escalones que nos permiten elevarnos y poder ver más allá del día a día. Abrazo del alma para todos. Ver también: Sumate al voluntariado en Hablemos de Suicidio Otras actividades de Hablemos de Suicidio
- Colaborar con el tratamiento para superar pensamientos suicidas
Actualmente tengo 15 años, pero no pensé llegar ni a cumplir 14. A mis 13 intenté terminar con mi vida alrededor de diez veces. Siempre terminaba con malestares pero no lograba mi objetivo. En mi último intento, por la posible mortalidad, fui internada en una UCI, y permanecí durante dos semanas para luego ser trasladada a un hospital psiquiátrico al que no quisiera volver a pisar jamás. Cometí este acto al no estar conforme con ningún aspecto de mi físico. Había sufrido bullying. Permanecía sola la mayor parte de el tiempo. No estaba conforme con mi físico. Usaba el tapabocas todo el tiempo. Era muy insegura. Tenía problemas con la comida. En un día podía tener una comida o ninguna. Me auto lesionaba los brazos. Cuando mi madre se enteró inicie con los muslos. Y frecuentemente me intoxicaba con medicamentos para no ir al colegio. Mi casa estaba llena de peleas. Vivía llorando todo el tiempo, y mi tristeza pasó a ser mal humor por lo que parecía tener un temperamento fuerte. En ese momento el abandono por parte de mi padre y nulo contacto fue un factor muy importante. Por un impulso decidí acabar con mi vida sin importar las otras personas que me quisieran por que mi vida no tenía rumbo. Me sentía en un túnel de suma oscuridad sin final. Recibía terapia psicológica y psiquiátrica pero no sentía que tuviera mayor efecto. No colaboraba en las sesiones. Veía que la terapia no estaba dando resultado. No mostraba resultado alguno para mí por lo que quería ya apagar de manera definitiva el dolor que sentía en cada momento. Ya no podía soportarlo más y quería tener mi mente tranquila y limpia, por lo que cada pensamiento intrusivo se apoderaba de mi, llenaba poco a poco con cada uno la gota hasta estallar el vaso que me llevó a cometer el intento Actualmente hace un año y 3 meses de mi último intento puedo asegurar que si hay una salida. El suicidio no es opción. Se que es un proceso muy difícil porque lo he vivido en carne propia pero si lo incluyes en tu mente ,si buscas ayuda y colaboras, lograrás salir de esto y saldrás del túnel oscuro a uno luminoso. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Superando el "ejemplo familiar" de pensamiento suicida
De chica siempre tuve miedo que mis papás se murieran, creo que como cualquier niño, pero yo mucho más. Muchas noches mi papá llegaba tarde y mi mamá lo esperaba llorando diciendo que se quería morir. Yo era muy chica pero no podía dormirme tranquila hasta que él no regresaba. Esto se volvió rutina para mi. A veces me hacía la dormida como si nada pasara, o cuando la cosa se ponía difícil me levantaba y consolaba a mi mamá y le decía que por favor no lo hiciera. Las noches eran difíciles, pero nunca los veía discutir. Cuando crecí, mi mamá concretó dos intentos de suicidio. El segundo fue grave y le trajo muchos problemas de salud, se empezó a tratar. Un día salimos con mis hermanas a pasear y ellas vieron a mi papá con una mujer, a mi no me dejaron verla. Volvimos a mi casa y mi papá amenazó con quitarse la vida, estuve un rato convenciéndolo de que no lo hiciera. Hasta que lo logré. Sola en casa con él. Los años pasaron, mis padres seguían juntos, ya ninguno de mis hermanos vivía en casa. Yo vivía con mi novio. Lo engañé. Y cuando él se enteró y me dejó. Sin pensarlo tuve un intento de suicidio. Juro que no fue premeditado, no lo pensé ni un segundo. Fue un acto reflejo. No quería sentir ese dolor. Me atendieron en urgencias y mi vida siguió como si nada pero acelerada. Mi ex sacó mis cosas a la calle, quería que las vaya a buscar ya, y yo quería darle explicaciones. Agarré un arma que había en casa (la misma que le quite a papá) y me fui en mi auto. Cuando me estacioné, a los 5 minutos mi hermana que me había visto mal me empezó a golpear el vidrio. No quería abrirle. Vino la policía, reaccioné y decidí abrirles. Me llevaron a la comisaría. Ahí dije: "no quiero vivir mas , mi vida no tiene sentido. Por favor, necesito ayuda". De la comisaría me llevaron directo a una clínica psiquiátrica, me hizo muy bien. Pero cuando salí fue mucho lo que tuve que enfrentar, era la loca del arma , la que estuvo internada. Era noviembre del 2016. Salí en diciembre. Cuando salí me enteré que mi hermano se estaba separando, que la estaba pasando mal porque no podía ir a su casa. Su ex le había puesto una perimetral. Le ofrecí mi ayuda: buscaba a sus hijos de 1 y 4 años todos los días para que los viera. Todo parecía ir mejorando, se lo veía bien. A los pocos días mi hermano se suicidó. De un día para el otro. Mi vida se volvió a desbastar, pero esta vez tenía dos grandes motivos por los que luchar: mis sobrinos. Y entendí que la vida pasa tan rápido... Que ya va a llegar el momento, que todo pasa por algo. Que el dolor que sentí aquella vez que me abandonó un novio, no era nada en comparación con la pérdida de mi hermano. Y que no quería que mis sobrinos vuelvan a sentir tristeza nunca más. La vida es hoy, es corta. Es un segundo qué hay que pensar. Yo podría ser mi hermano, pero por algo estoy acá. A veces es inevitable sentir dolor. Pero se puede seguir hay que encontrar ese motivo. Ya va a llegar nuestro momento. Y ya nos vamos a reencontrar. ¡Vivamos! Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Violencia de género y suicidio
Mí vida se hizo muy difícil. Nací en un pueblo con educación católica. Creía qué si tenía un novio, debía casarme con él. Y así ocurrió. Obviamente, no lo conocía ni lo más mínimo, los golpes y el bajar mí autoestima comenzaron durante el noviazgo de 5 años. Ya me amenazaba con que si contaba algo me mataría. Dentro del matrimonio, recibí golpes, trompadas, patadas, y descalificaciones horribles. Yo trabajaba, trabajaba, callaba y me aislaba. Ahí comenzaron mis intentos de suicidio. Solo quería morir, porque me hizo creer que era la peor mujer y la peor madre. Tuve cuatro hijos hermosos, todos embarazos de alto riesgo. Cuándo se enteraba qué estaba esperando un hijo, me pedía que lo abortara. Y a ese espantoso pedido se sumaba su madre, maltratadora como él. Jamás permití que me hagan un aborto. Con mi tercer embarazo me llevó con engaños y amenazas a una clínica para abortar. Ni bien se fue, yo, ya dentro de esa sala dónde matarían a mí bebé, los miré uno por uno y salí corriendo; corrí hasta mí casa temblando, espantada. La represalia de él vendría volando. Lo ignoré. Fue a buscar a mis padres para convencerme de ese asesinato. Les dije: “Sí mi hijo se muere, yo me muero con él”. Y así miles de maltratos y desprecio por la vida, hasta la de sus hijos. Ya no daba más de soportarlo tantos años. Me pidió la separación, ya que él decía que yo estaba loca y era puta. Firmé la separación de hecho y le di una amplia visita a mis hijos que también eran suyos. Pensaba que así cesaría el maltrato y los golpes, pero no, eso lo enfureció más. Me seguía en la calle, me golpeaba, me amenazaba con navajas y cuchillos. Hasta llegó a un intento de homicidio. Hoy se llamaría femicidio. Pensé que me moriría de tantos golpes, se sumaron mí hija mayor y mí tercer hijo. Él les gritaba: “¡Mátenla! Ustedes son menores, no les va a pasar nada. Quedé casi sin respirar. Una vecina y amiga llamó a mis padres. Mí papá rompió la puerta de entrada, mi mamá gritaba. Vino la ambulancia de emergencias, la policía y mí hermana que era policía de la Federal. Me trasladaron al hospital. Pensé qué se había salido con la suya, qué me estaba muriendo. Pero sobreviví. A mis hijos los perdoné porqué fueron manipulados por un monstruo. Renuncié a mis trabajos y con mis cuatro hijos, uno bebé, me fui a vivir a Caleta Olivia (Santa Cruz). No fue fácil. Otra vez a trabajar muchas horas sin franco. Pasamos hambre y frío. Pero me ayudaron personas maravillosas a darle de comer a mis hijos. Estaba desgastada. Después migre a dónde vivo hoy en Mar del Plata. Las amenazas de este psicópata continuaban por cualquier medio. Y otra vez mis intentos de suicidio. ¡No daba más! Hoy ya mis hijos son grandes. Vivo sola. Tengo muchos bajones, demasiados. Mis pensamientos suicidas no pararon. Ahora mi lucha es con mi mente. Aún está esa vivencia, “un cuento de horror" pero en la pantalla de este camino llamado vida. No termina. No sé el final... Pero en mi vaivén sé que aún respiro. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Día del Superviviente a la muerte de un ser querido a causa de suicidio
Cuando murió mi madre a causa de suicidio, hace ya 33 años, sentí muchas cosas, pero los sentimientos más persistentes fueron la culpa y la vergüenza. Entre mis otros familiares debe haber pasado lo mismo, de hecho, no se volvió a hablar del tema. Hubo un pacto tácito de silencio muy conveniente, o al menos cómodo. Así nadie se tendría que enfrentar a esas frases que comienzan con “si hubieras hecho” o “si no hubieras hecho” que yo mismo me repetía a diario en mi cabeza pero que no hubiera soportado dichas por otro. Así pasaron los años. La vida dejó de tener ese brillo, esa inocencia de aquel otro mundo en que el suicidio no existía, o era cosa de otros, siempre de alguien más, seguramente con problemas terribles, no como nosotros que teníamos nuestras cosas pero las resolvíamos en casa. El suicidio de mamá nos golpeó como una bofetada en el medio de la cara. De algún modo nos dijo “despierten, por ahí no va la vida”, pero decidimos ignorarlo, al menos yo lo decidí. También elegí el silencio hacia afuera. Era joven, quería progresar, quería que los demás me vean como alguien normal, confiable, no como ese loco, o peor, como ese insensible que no supo cuidar a su madre o que tal vez la empujó al suicidio. El silencio hacia afuera fue más estricto, más duro, nadie se tenía que enterar, nada de terapia, nada de andar contando por ahí, dándoles de qué hablar a la gente. Ni siquiera pensarlo. Ese fue el peor de los silencios: “Ni siquiera pensarlo”. Hice de cuenta que no había pasado, seguí con mi vida, con mi profesión, con mi familia. Lo que hubiera sucedido quedó atrás. Debo reconocer que con este método llegué a un equilibrio funcional. Las cosas iban bien y mi cabeza recuperó cierta calma, hasta que, diez años después de la muerte de mi madre a causa de suicidio, todos esos pensamientos y sentimientos reprimidos se amontonaron. La culpa comenzó a castigarme como nunca antes, al punto en que yo también comencé a tener pensamientos suicidas y otros síntomas que nunca hubiera imaginado. Recién entonces, forzado por los hechos, me animé a pedir ayuda y a hacer terapia. También encontré en la web un grupo donde se podía hablar sobre el pensamiento suicida y otro en el que se reunían personas que perdieron seres queridos a causa de suicidio. Descubrí que no estaba solo, que esto que me pasó a mi no me pasó “solo” a mí, que le pasa a miles de personas cada año solo en Argentina. Cuando estuve medianamente recuperado sentí la necesidad de ayudar a otras personas con pensamientos suicidas. Me inscribí como voluntario en una asociación civil para la prevención del suicidio donde aprendí a escuchar y el poder de la escucha activa para prevenir el suicidio, pero aún no me animaba a hablar sobre mi propia historia, temía que no me consideraran apto para ayudar a otros, lo que en parte estaba justificado porque escuché señales de desconfianza hacia compañeros que sí habían hablado de sus pensamientos suicidas o de la pérdida de un ser querido a causa de suicidio. Muchas veces se los hacía a un lado con frases aparentemente piadosas como “aún no está preparado”. Luego entendí que esa reacción falsamente compasiva de muchas personas es la otra parte del pacto de silencio. Aquella que de algún modo sutil castiga a quienes se animan a hablar. Aquella que nos dice "no queremos saber" porque mientras no sepamos podremos conservar la fantasía de que a nosotros no nos va a pasar. De todas estas experiencias, y de experiencias parecidas de mis compañeros, surgió la idea de Hablemos de Suicidio, un espacio donde pudiéramos hablar libremente de lo que nos pasa y lo que sentimos en relación al suicidio o al duelo por suicidio sin miedo a ser juzgados. Sé que aún falta mucho camino por recorrer, y que es importante que demos cada paso, porque mientras nos sigamos refugiando en la comodidad del silencio más personas seguirán muriendo a causa de suicidio. Los que hemos tenido pensamientos suicidas y los que hemos perdido un ser querido a causa de suicidio tenemos una mayor responsabilidad. Nuestra experiencia es valiosa. Tiene el poder de cambiar otras vidas. Debemos ser generosos, compartir nuestro dolor y nuestras esperanzas para que más personas se animen a hablar y a buscar ayuda. Este 16 de noviembre, día del sobreviviente a la muerte de un ser querido a causa de suicidio, quiero pedirle a todos los sobrevivientes que dejen de lado la culpa y la vergüenza, que se animen a compartir sus testimonios. Porque deberían sentirse orgullosos del camino recorrido y porque su experiencia puede servir de inspiración a otros. Para empezar pueden hacerlo en nuestro blog , o en nuestra próxima charla abierta que dedicaremos a compartir testimonios de supervivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio . Dejanos tu Testimonio en relación al suicidio Charlas Abiertas a la Comunidad sobre Prevenci ón del Suicidio Venciendo el Tabú del Suicidio
- Alcohol, droga y pensamiento suicida
La relación entre el alcoholismo, la drogadicción y el pensamiento suicida está ampliamente documentada. Según la OMS el riesgo de suicidio para personas con consumo problemático de alcohol aumenta notablemente. Sin embargo, después de entrevistar a cientos de personas con pensamientos suicidas como asistente telefónico voluntario de personas en crisis, algunas de ellas con consumo problemático de alcohol o de drogas, encuentro otra relación. Lo que busca un adicto es una forma de evasión, salir de su realidad, encontrar, aunque sea sólo por un rato, una forma de aliviar su sufrimiento emocional. El pensamiento suicida no es diferente, busca lo mismo. El sólo hecho de pensar en el suicidio como una posibilidad real brinda cierta sensación de "control" y reduce la angustia emocional. Alcohol, droga y pensamiento suicida, vistos de este modo, serían distintos caminos para un mismo fin: evadirse de la realidad y calmar la angustia. El problema del alcohol y de las drogas es que funcionan: realmente el consumo de estas sustancias trae algún alivio transitorio y, como dijimos, también el pensamiento suicida. Por qué algunos eligen un camino u otro? no lo sé, pero como son caminos paralelos y no muy distantes es frecuente salirse de uno para entrar en el otro o transitarlos simultáneamente. Las personas con consumos problemáticos de sustancias tarde o temprano descubren que el consumo nunca es un “buen negocio”: la droga y el alcohol siempre piden más para dar cada vez menos a cambio. El consumidor problemático se encuentra entonces atrapado, el camino que eligió ya no le brinda el alivio que necesita, tiene que buscar la evasión y el alivio de otro modo, es entonces cuando se ve forzado a probar otro camino. Sin embargo, si pudiera ver todo el proceso como un observador imparcial que mira desde arriba el laberinto en el que él mismo está perdido, se daría cuenta de que la salida no está hacia adelante, que el alcohol, la droga y el pensamiento suicida nunca conducen al alivio duradero que prometen, más bien conducen a una muerte segura. La salida está, entonces, por donde se entró. Debe desandar el camino recorrido contra viento y marea, sabiendo además que en el regreso lo esperan todas las angustias que quiso evitar, incluso multiplicadas. Hace falta mucha fortaleza y mucho coraje, pero una vida libre de los condicionamientos de la droga, el alcohol y los pensamientos suicidas vale el esfuerzo. Ver también: Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- La importancia del tratamiento en la lucha con pensamientos suicidas
El tema del suicidio ha acompañado mi vida desde la adolescencia. Lo ví en amigas muy queridas a quienes tuve que acompañar en momentos muy difíciles, y también en mí misma. Creo que la clave está en pedir ayuda cuando sentís que no das más, cuando estás cansado, agotado, y sentís que la vida no tiene sentido. En mi caso, sufro una enfermedad mental que me lleva a estar en estados depresivos por largos períodos. Me diagnosticaron en 2020, pero desde los 14 años ya padecía los síntomas (hoy tengo 27). Primero me diagnosticaron con depresión y luego en 2023 me diagnosticaron con trastorno esquizoafectivo. Tenía pensamientos suicidas como que la vida no tenía ningún sentido y que era la mejor forma de terminar con el dolor que sentía. La terapia y la medicación me salvaron. Hoy puedo decir que me encuentro estable. Lo que les recomiendo a las personas neuro divergentes es que no se den por vencidas; a pesar de la enfermedad, se puede salir adelante y se puede ser feliz. Lo fundamental es pedir ayuda en el momento indicado, apenas empiezan a sentirse mal o sienten que están descompensadas. Pidan ayuda, hablen, busquen espacios. Y, sobre todo, hagan terapia psicológica y psiquiátrica. No dejen de tomar los medicamentos, si es que toman. Es clave para estar bien. Busquen con quién hablar, no se aíslen. Les deseo lo mejor a quienes están leyendo este testimonio y quiero decirles que no están solos. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Acompañamiento familiar para transitar un duelo por suicidio
Soy psicóloga jubilada. Mi hijo a los 38 años se quitó la vida el 27/9/23. Jamás lo imaginamos a pesar de haber sufrido problemas muy serios como consumo de sustancias, cáncer, un trasplante de médula y ser portador de HIV completamente negativizado. Se hallaba en tratamiento psiquiátrico dada la aparición de sintomatología psicótica debido al consumo que creíamos superado hace años. Lo mismo pensó su psiquiatra. Por esto pienso que su suicidio fue en verdad un “accidente" las ideas suicidas fueron producto del consumo -que ocultó- probablemte de cocaína adulterada, o no, como nos dijo su psiquiatra, que en cuadros esquizoides producen ese efecto. Sin embargo, no estaba psicótico. No pudimos captar su desesperación dado nuestro desconocimiento del consumo, que fue ocasional puesto que participó siempre de la vida familiar viviendo prácticamente siempre con nosotros. Y estimo que ni él mismo se dió cuenta de que esas ideas de muerte eran producto del consumo que había decidido dejar hacía dos meses según me aseguraron sus amigos. La muerte de un hijo nunca es “un recuerdo" . Siempre seguirá vivo en nuestro ser. Sentimos su presencia, su voz, su compañía. Tanto lo amaba y amaré eternamente. Con su partida el dolor es tan grande e indescriptible. Pero descubrí con él dónde está el "alma" en nuestro ser, en nuestro pecho, en nuestras entrañas. Es desgarrador. Gracias al apoyo de mis seres queridos, en especial de mis otros dos hijos, que aunque están a 500 km están siempre presentes, a mi esposo, a la buena psicoterapia que encontré luego de una búsqueda, porque no es fácil sentirse contenido y escuchado verdaderamente. La compañía de mi esposo, de amigas, del grupo de padres, hasta de algún vecino. Me abrí. Me era imposible hasta respirar o pensar sin poder compartir. Aún hoy, a un año de su partida, irrumpo en llanto, pero es sanador. Claro, hay que ponerle un tope, porque poco a poco uno acepta una realidad obvia pero tan dolorosa: que no volverá. Y sobre todo también que por un acto de voluntad uno se propone seguir adelante, vivir por lo que él no pudo para honrar su memoria. Difundir, por ejemplo, cómo el consumo mata… los prejuicios de una sociedad hipócrita en muchos aspectos y consumista. Luchar por un mundo mejor, por los seres amados que quedaron y por los que vendrán... Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Cumplimos 2 años y queremos compartirlo con toda la comunidad
Hablemos de Suicidio surge por iniciativa de un grupo de ex-voluntarios del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires. Como asistentes telefónicos de personas en crisis o con riesgo de suicidio habíamos aprendido las pautas básicas de la escucha activa y habíamos tenido la oportunidad de ejercitarlas en cientos de llamados que atendimos durante años en la línea de asistencia al suicida. Sabíamos de la importancia de nuestro trabajo brindando escucha y contención a los consultantes de la línea en momentos difíciles de sus vidas, sin embargo, también sentíamos, cada vez que terminaba un llamado, que no habíamos podido dar todo lo que el consultante necesitaba. El pensamiento suicida es persistente, sabemos que no se resuelve con una charla de unos pocos minutos. Las personas con pensamientos suicidas necesitan, además de ser escuchadas y emocionalmente contenidas, de un acompañamiento que se mantenga en el tiempo, al menos durante todo el tiempo que cada uno sienta que lo necesita. Otra institución que conocíamos por haber interactuado con ellos nos dio la respuesta: En Alcohólicos Anónimos, brindan a los participantes de sus grupos, además de la escucha y la contención emocional, el acompañamiento al que nos referimos antes. Surgió entonces la idea de fusionar ambas experiencias creando una Asociación Civil que además de mantener y profundizar los principios de la escucha activa que habíamos aprendido en el Centro de Asistencia al Suicida, sumara los principios de la ayuda mutua propios de Alcohólicos Anónimos. Quisimos hacerlo más amplio e invitamos no solo a personas con pensamientos suicidas sino también a familiares a cargo de ellos o a personas que transitan el duelo por la pérdida de un ser querido a causa de suicidio. Así creamos tres grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio . Y a poco de andar descubrimos que muchos de nuestros participantes habían sufrido abusos sexuales o maltratos severos en su infancia por lo que creamos un cuarto grupo para ellos reconociendo que los traumas de la infancia son importantes factores de riesgo de la conducta suicida. Sumamos también otras actividades a las que se puede acceder desde nuestro sitio web como el sistema de ayuda personal , las charlas abiertas a la comunidad , las charlas para grupos o instituciones , un foro y este blog sobre prevención del suicidio, etc. Así llegamos a los dos años, lo cual nos llena de orgullo ya que la mayoría de las iniciativas de este tipo no sobreviven a su primer año. Nosotros no solo permanecimos sino que durante todo este tiempo fuimos creciendo. Nuestra propuesta fue ampliamente aceptada por la comunidad. Hoy más de seis mil personas interactúan de algún modo con nosotros. Nuestra página de Facebook es la que más seguimientos mensuales recibe entre las asociaciones del mismo tipo y nuestro sitio web el que más vistas mensuales tiene. En el futuro seguiremos creciendo sin olvidar nuestros principios básicos que son la escucha activa y la ayuda mutua, y sin descuidar nuestra misión: llevar escucha, contención y acompañamiento a todo aquel que lo necesite. Para festejar nuestros primeros dos años, el miércoles 30/10/2024 a las 21 hs. nos reuniremos en una charla abierta sobre "El poder transformador del voluntariado" en la que además rendiremos homenaje a todas esas personas generosas que donan parte de su tiempo para ayudar a otros sin las cuales nada de esto sería posible. Ver también: Sumate al voluntariado en Hablemos de Suicidio Otras actividades de Hablemos de Suicidio
- La importancia de los rituales en la elaboración del duelo por suicidio
Fue el 10 de Abril del 2001 el día fatídico que cambió y marcó mi vida para siempre. Una parte de mi vida y de mi corazón murió y se fue con él. Era mi mejor amigo, mi compañero, mi cómplice, mi amor, mi refugio, mi familia. Lo perdí después de un período de intenso sufrimiento que lo consumió hasta matar sus ganas de seguir luchando. Desde que lo conocí ya estaba herido por su complicada historia y el brutal bullying que vivió durante su paso por la Escuela. Vivió un maltrato reiterado y varias experiencias denigrantes como aquella vez que sus agresores lo metieron en un bote de basura. No sabía defenderse de sus buleadores y repetía el ciclo de violencia: víctima y victimario. Era un chico lindo, carismático, sensible, con una dulzura jamás encontrada en otro ser humano, con heridas abiertas que lo enfermaron de depresión. Consumía marihuana y otras drogas para mitigar sus dolores del alma y cayó en una espiral autodestructiva. Lamentablemente no tuvo el tratamiento clínico interdisciplinario que requería, ni la contención necesaria, ni un espacio para hablar. La última vez que lo vi fue dos días antes de su suicidio, me buscó para verme y despedirse de mí, se iba de vacaciones a la playa con su papá. Lo ví demasiado abatido y quedó en llamarme al regresar de su viaje. Me quedé tan intranquila y esperaba ansiosamente el paso de los días para volver a verlo hasta que recibí la llamada de su mamá diciéndome: "Ya voló el pajarito, estamos en el velatorio”. Quedé conmocionada y aturdida después de la noticia de su muerte. Mi mundo se desmoronó en segundos y caí en un socavón de dolor por décadas. No sé de dónde agarré fuerzas y me fui manejando lo más rápido posible al velatorio pero no alcance a verlo a él, ni a su familia, ya no estaban. Fue tan duro no poder despedirme de él que mis piernas se desplomaron y me derrumbé al piso llorando desconsoladamente. Muchos años no me perdoné no llegar a tiempo al velatorio y muchas otras cosas más, no llegué a los ritos funerarios que posibilitan la asimilación de la pérdida de un duelo que en si ya es complicado como es el duelo por suicidio. Pasaron 21 años de su suicidio y de tomar terapia individual pero continuaba con la inquietud de que algo estaba pendiente de cerrar; y no me sentía en paz. Un día me armé de valor y contacté a su familia expresándole mi deseo de ir al mar donde esparcieron sus cenizas. La familia me ayudó y encontré “la pieza que me faltaba de este complejo y enigmático rompecabezas”. Emprendí el viaje para llegar a la playa San Miguel, en Ensenada, el mismo día de su aniversario 21 luctuoso (10 abril del 2022) acompañada por su mamá. Fue tan desgarrador llegar a la playa de San Miguel donde están sus cenizas que mi mente se disoció para poder soportar la experiencia, a pesar de que habían pasado 21 años de su muerte. Las lágrimas comenzaron a derramarse a raudales de mis ojos, me veía desolada y lo mas extraño de todo es que no sentía nada, ningún afecto, ni tristeza, ni dolor. Mi mente se disocio desconectándose de la situación límite que sobrepasaba mis recursos psicológicos para afrontarla generando una distancia de seguridad para reducir el impacto emocional y el dolor de ese momento. Hice mi ritual, le prendí incienso y una vela, le deje unas flores y le arrojé una carta al mar con las palabras que no le dije en vida. Tardé 21 años en realizar esta difícil hazaña, ha sido un camino muy difícil transitar el duelo por suicidio pero a pesar de lo removedor que fue enfrentar este momento tan desgarrador lo que vino después ha sido liberador y reparador. Mi alma por fin descansó y está en paz. Mi duelo por suicidio avanzó, subí varios escalones en mi recuperación y trascendí. Encontré a Hablemos de suicidio ONG y desde que comencé en el GAM cambió mi concepción sobre el suicidio, he derrumbado tabús, transformé mi vergüenza por orgullo de ser superviviente, de esconderle al mundo mi experiencia cercana con el suicidio, hoy la puedo hablar más sin miedo al juicio y al estigma social. Me animé a participar en el primer voluntariado de toda mi vida en “Hablemos de suicidio ONG”. Jamás pensé estar en el lugar que estoy hoy como preventora del suicidio, a pesar de desearlo desde hace años, no podía. No me queda la menor duda que he podido transformar y sublimar la tragedia en empatía y compasión por el sufrimiento humano desde que elegí estudiar Psicología y Psicoanálisis hace 23 años, pero ahora más que nunca es más fuerte mi compromiso con la causa de la prevención del suicidio. Gracias a mis hermanos argentinos de Hablemos de suicidio ONG por tanto aprendizaje, luz, amor ❤ y acompañamiento, ha sido profundamente sanador en mi proceso. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Campaña Buenos Tratos en la Infancia y Adolescencia
Nota del editor Cynthia Vallejo no solo propone los buenos tratos en la infancia y adolescencia como una condición fundamental para reducir el sufrimiento emocional en todas las edades y sus consecuencias en problemas de salud mental que muchas veces llegan al pensamiento suicida o al suicidio, sino que además difunde esta causa generando contenido: Testimonios de los chicos para la campaña Buenos Tratos en la Infancia y Adolescencia de Cynthia Vallejo Adhesión de profesionales y organizaciones a la campaña Buenos Tratos en al Infancia y Adolescencia de Cynthia Vallejo Mensaje de Hablemos de Suicidio para la campaña Buenos Tratos en la Infancia y Adolescencia de Cynthia Vallejo Buenos Tratos en la Infancia y Adolescencia por Cynthia Vallejo Los invito a pensar sobre la importancia de los buenos tratos en la infancia y adolescencia, a tomar conciencia sobre las causas y las posibles consecuencias que afectan la salud mental de un niño, a reflexionar sobre la corresponsabilidad de los cuidados y lo esencial de cubrir todas sus necesidades. Los niños necesitan seguridad y amor desde el nacimiento, diría yo desde el vientre materno, una madre necesita un entorno seguro durante el embarazo para así poder brindar seguridad a su bebe. Está comprobado que existe una conexión entre el bebe y su madre durante la edad gestacional, luego se debe seguir generando ese entorno seguro y lleno de amor después del nacimiento. A menudo vemos niños que llegan al pre escolar muy angustiados, lloran mucho, piden por sus madres y quieren volver a casa. Tristemente la primaria no hace la diferencia, los niños no se sienten seguros, tienen miedo, y eso ocurre porque en casa no le proporcionaron seguridad, salen al mundo con miedo, inseguros y sin ganas de aprender, no les parece divertido, se estresan, se ponen ansiosos, se angustian y entonces las dificultades comienzan a presentarse en forma de diagnósticos y en muchos casos con medicalización. En la adolescencia la inseguridad se potencia, los malos tratos en el entorno familiar continúan reforzando la baja autoestima y el aislamiento progresivo, la desvalorización de sus emociones, la pormenorización de sus sentimientos y todo lo que necesiten transmitir se convierte en silencio y soledad. El impacto se ve reflejado en la falta de interés por aprender nuevas cosas, estudiar tampoco les resulta atractivo y sienten que todos sus esfuerzos no logran satisfacer las demandas impuestas por sus padres y lo que la sociedad espera de ellos. Podríamos seguir mencionando otras tantas dificultades, pero, enfoquémonos en las causas. Hay tres factores importantes a tener en cuenta en el desarrollo disfuncional de un individuo, la violencia intrafamiliar, la falta de disponibilidad y la precariedad social. Para que un niño llegue a ser resiliente en la adolescencia y en la vida adulta, en principio tenemos que tener en cuenta dos de ellas, la violencia y la indisponibilidad de sus cuidadores en la niñez. Si un niño vive violencia, directa o indirectamente lo afectara, y si sus padres o cuidadores no están disponibles, porque trabajan mucho o porque llegan cansados, sin ganas, de mal humor, con poca paciencia etc. el niño también se verá afectado. La respuesta ante la demanda es casi siempre mandar a que hagan cualquier actividad solos, con supervisión, pero solos, entonces nos encontramos con niños que crecen en soledad, no se siente escuchados, por ende no se sienten importantes, con baja auto estima, inseguros de todo, lloran con mucha frecuencia, el juego deja de ser divertido, nada los complace y entonces la paciencia y la tolerancia comienza a estar en falta por parte de los cuidadores, los malos tratos nublan la visión y no logramos darnos cuenta del impacto y sus consecuencias. Es fundamental tomar conciencia que los buenos tratos son una parte importante del cuidado, como así también la narrativa en lo cotidiano, y son herramientas para la prevención de futuras dificultades en la salud mental de nuestros hijos. Nuestras palabras atraviesan a los niños y a los adolescentes, los marcan en su subjetividad y contribuyen a posibles situaciones abusivas como el acoso escolar, el consumo problemático, posibles trastornos psicológicos como el TPL (trastorno límite de la personalidad) o la falta del sentido de pertenencia, de conexión con el otro, de la búsqueda desesperada por dejar de sufrir con intentos de suicidio y en el peor de los casos, perdida de interés por la vida, suicidio. Tengamos siempre presente que habilitar la palabra es indispensable para que nuestros hijos logren expresarse abiertamente, sin censura, sin prejuicios, sin interrupciones, en pocas palabras, con escucha activa y empatía. Hagamos entre todos futuros adultos con salud mental. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Grupos de Ayuda Mutua orientados a Sobrevivientes de Abuso Sexual o Maltrato en la Infancia o Adolescencia como factor de riesgo para la conducta suicida Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas











