Suicidio ONG
Un lugar de encuentro para personas afectadas por el drama del Suicidio
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- Aprendizajes de la psicología positiva para prevenir el suicidio
No hay duda de que la discusión pública sobre salud mental viene ganando terreno en las últimas décadas. De ser un tema tabú y vergonzante hace solo unos años pasó a ocupar un espacio propio en los medios masivos de comunicación y en las conversaciones cotidianas. Es cierto que los trastornos más graves siguen generando incomodidad o rechazo. Aún falta mucho recorrido para que las enfermedades que afectan la mente y a las emociones se traten con la misma naturalidad que mostramos para aquellas que comprometen al cuerpo. Sin embargo, comprendimos que salud mental no es solo no sentirse mal, es también sentirse mejor, y que ocuparnos en esta tarea cotidiana aún frente a las cuestiones leves es la mejor manera de prevenir males mayores. Es también la mejor estrategia para prevenir el suicidio. En lugar de esperar a que los pensamientos suicidas aparezcan, fortalecer nuestro sistema emocional para que, pese a los inevitables sinsabores de la vida, el pensamiento suicida nunca llegue. Surge así lo que hoy se conoce como psicología positiva, que no pone el foco en la enfermedad sino en los recursos y las fortalezas para así promoverlas. La psicología positiva despertó tanto interés en el público que se transformó en un género literario y en una especialidad periodística. Los libros de autoayuda y los artículos sobre bienestar se multiplicaron en las últimas décadas. Cabe preguntarse, sin embargo, cuántos de estos “consejos para estar mejor” realmente son aplicados en nuestra vida cotidiana. Por eso nos parece interesante un resumen que Anton Corbijn hizo para la revista Vogue sobre 8 recomendaciones que a ella le resultaron realmente útiles: 1- No es egoísta cuidarse uno mismo Yo podré ayudar en la medida de cómo me encuentre. Si no estoy bien, no tengo nada para dar. Sara Noheda 2- Preocuparse por todo no significa estar haciendo lo correcto. Cuando la preocupación es excesiva, te lleva al bloqueo en vez de a una respuesta eficaz Ana Gutiérrez Laso 3- No estamos condenados a los pensamientos negativos Se puede aprender a ser positivo, pero hay que esforzarse y ser constante para conseguirlo. Blanca Tejero Claver 4- No necesito hacer todo y ni todo bien Los fracasos son peldaños de éxito. ..Aprender a detectar lo que no tiene que pasar de hoy y lo que puede dosificarse durante la semana ayuda mucho José Elías 5- La autoestima es un trabajo de equipo Hacerle saber todos los días a quienes nos acompañan en el camino de la vida cuanto los apreciamos y valoramos y a su vez aceptar sus cumplidos es un refuerzo necesario para cultivar la autoestima propia y la de nuestros seres queridos. 6-Tratarnos a nosotros mismos con respeto y afecto modificar la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos tiene la capacidad de modificar nuestro estado de ánimo. Jesús Matos 7- Pensar menos para vivir mejor Rumiar demasiado sobre nuestros pensamientos siempre es un gasto inútil de energía y en ocasiones podría llegar a ser una tortura. 8- Hablar de lo que nos pasa y de lo que sentimos al respecto “Compartir nuestros sentimientos y emociones nos ayudará a gestionarlos y regularlos mejor” Ana Gómez de Escauriza Sabemos que estos y otros aprendizajes de la psicología positiva no siempre resultan fáciles de llevar a la práctica, que hacerlo requiere trabajo y mucha práctica. Pero también sabemos que el esfuerzo vale la pena. Hacerlo en nuestra propia vida y promover desde el ejemplo estas actitudes en nuestros círculos cercanos, sin duda mejorará nuestro bienestar y el de nuestros seres queridos y hará que todos estemos mejor protegidos frente al riesgo de suicidio. Fuentes https://www.vogue.mx/estilo-de-vida/articulo/salud-mental-que-recomiendan-los-psicologos Ver también: Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- ¿Aumentaron los casos de suicidio durante la pandemia?
Mucho se habló sobre la incidencia de la pandemia de COVID 19, y las interminables cuarentenas que se establecieron en muchos países para mitigar su propagación, sobre la salud mental de la población y otros factores de riesgo para la conducta suicida, tales como el aislamiento, el desempleo o la pobreza. Se pronosticaban picos en los índices de suicidios y hasta en muchos medios se los anunciaba como hechos consumados tomando como base datos parciales o incompletos. Se decía que junto a la pandemia de coronavirus ocurriría una pandemia de suicidios. Y no eran solo periodistas mal informados o demasiado entusiasmados por lograr un titular llamativo los que hacían estos anuncios. Escuchamos a profesionales e incluso científicos esgrimiendo pronósticos similares. Y sin embargo no ocurrió. Aunque las estadísticas sobre suicidio suelen ser lentas en muchos países del mundo, los primeros estudios muestran que las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia no solo no crecieron sino que en algunos casos bajaron. Citamos aquí un estudio publicado por Intramed. Sin embargo, este dato, para muchos desconcertante, plantea nuevos interrogantes: Los factores de riesgo de la conducta suicida antes mencionados efectivamente aumentaron. Más personas sufrieron aislamiento, pérdida del poder adquisitivo, desempleo e incluso angustia por la muerte de seres queridos a causa de la pandemia. También se registraron aumentos en la cantidad y gravedad de varios trastornos mentales como la depresión y la ansiedad. ¿Qué pasó entonces? La epidemiología nos dice que si los factores de riesgo del suicidio aumentan, también deberían aumentar los casos de suicidio. A no ser que el aumento de los factores de riesgo se vea compensado por un aumento en los factores protectores de la conducta suicida. Algo de esto da a entender el citado estudio. Mucho se habló de los efectos negativos de la pandemia, pero también hubo efectos positivos que sería bueno preservar en la medida de que esto fuera posible. Una situación inédita para la humanidad, ampliamente difundida por la prensa, que se presentaba como una amenaza para la vida de todas las personas, un enemigo invisible del que todos sabíamos y con el que solo se podía luchar desde el esfuerzo comunitario. Sin duda esta circunstancia generó mucho miedo en las personas, pero también generó una cohesión social sin precedentes. Tal vez por primera vez, toda la humanidad se mostró unida por una causa común. En algunos casos la pandemia sacó lo peor de nosotros, pero en muchos más mostró lo mejor. Nuestros valores o lo que consideramos importante se acomodó y se situó al cuidado de la vida en la cima de nuestras prioridades. La pandemia pasará, no hay dudas. Con el tiempo asumiremos nuestras pérdidas y seguiremos adelante, porque así es la vida. Pero qué bueno sería que algo de esa confraternidad universal pudiera rescatarse para tiempos más normales. Deberíamos trabajar en ello, porque el suicidio sigue siendo un enemigo más peligroso que el Covid19. Si tomamos un periodo más largo, por ejemplo 10 años, las muertes por suicidio superan ampliamente a las de Covid19. Además, la pandemia de suicidios está lejos de terminar. El análisis de lo ocurrido durante la pandemia demuestra una vez más que el suicidio es un problema social, que un importante factor de riesgo del suicidio es la pérdida del sentido de pertenencia a la comunidad y que la promoción de causas comunes que incluyan a las personas afectadas por pensamientos suicidas es un antídoto eficaz. Por eso, desde Hablemos de Suicidio, una ONG nacida en post-pandemia, confiamos en que los grupos de ayuda mutua son un camino propicio para preservar los valores de la fraternidad y la defensa de la vida. Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Suicidio asistido: Si o no
La eutanasia, el suicidio asistido y otras regulaciones para la “muerte digna” han sido aprobadas en algunos países en las últimas décadas. Los criterios son diferentes bajo distintas legislaciones. Algunos países permiten ayudar a morir solo a enfermos terminales, en otros el derecho a terminar con la propia vida (incluso en ausencia de enfermedad) está consagrado por la ley y la jurisprudencia; y en algunos, como el nuestro, las expresiones “eutanasia” o “suicidio asistido” siguen resultando demasiado incómodas, pero se aprobaron leyes de “muerte digna” que permiten a los pacientes o a sus familiares renunciar a los tratamientos o a los sistemas de apoyo vital en determinadas circunstancias. No es intención de esta nota fijar una posición respecto a estas legislaciones u otras que seguramente se aprobarán en el futuro, sino mostrar que el debate está instalado a nivel mundial y reflexionar sobre la postura que deberíamos adoptar quienes nos dedicamos a la prevención del suicidio; si es que deberíamos adoptar alguna. Como vemos, el asunto es mucho más complejo que estar a favor o en contra. Hay muchos detalles importantes: en qué circunstancias, cómo, cuándo, etc. Cada persona tendrá su propia opinión sobre cada uno de estos puntos. Y para quienes ya pasamos por la experiencia de acompañar a un ser querido que nos dejó después de un largo sufrimiento, seguramente, esa historia personal incidirá fuertemente en nuestra postura. La cuestión que importa para nosotros es si una postura favorable, en cualquier grado, es compatible con las acciones comunitarias para la prevención del suicidio. A primera vista pareciera que no. ¿Cómo se podría estar a favor del suicidio asistido y al mismo tiempo trabajar para la prevención del suicidio? Sin embargo, en un tema tan complejo, lo uno no es necesariamente contrario a lo otro.: Por empezar, la mayoría de las acciones para prevenir el suicidio, tanto profesionales como comunitarias, no están destinadas a impedir coercitivamente que las personas que quieren suicidarse lo hagan, sino que buscan que esas mismas personas nunca lleguen a querer suicidarse o, si lo hacen, recuperen sus sentido de la vida y sus ganas de vivir (ver Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida). Todas estas acciones siguen siendo válidas, sea el suicidio legal o no. Además, aún en los pocos casos en que la acción para prevenir el suicidio implique el bloqueo de un plan suicida. Esto solo puede hacerse por un tiempo limitado. En la mayoría de los casos el afectado por pensamientos suicidas volverá a tomar el control de su vida y lo único que podrá detenerlo es que él mismo le haya podido encontrar sentido a su propia vida. Nuevamente, estas acciones son las mismas tanto en países con suicidio asistido legalizado como en aquellos en los que no lo está. En realidad, como vemos, el hecho de que el suicidio asistido esté legalizado no cambia en mucho la naturaleza de las acciones para la prevención del suicidio. En realidad, al tratarse de un trámite legal, incluso podría generar la oportunidad para que se hable del tema y actúen las personas o profesionales que podrían revertir la decisión. Oportunidad que muchas veces no se presenta cuando el suicida actúa impulsivamente. En resumen. No queremos emitir mi opinión sobre la eutanasia, el suicidio asistido o la muerte digna porque es un tema legal sobre el cual cada uno puede tener la suya propia y, cómo ocurre en otras cuestiones legales, los legisladores en representación de los ciudadanos tomarán las decisiones que crean apropiadas. Pero, además, porque esa discusión en nada afecta la otra discusión más amplia que nos ocupa: ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que tantas personas que no le encuentran sentido ni propósito a sus vidas puedan hacerlo? O para que tanto sufrimiento escondido bajo un mandato social que nos prohíbe hablar de los pensamientos suicidas o de los padecimientos emocionales finalmente salga a la luz y así nos podamos ocupar de quienes necesitan nuestra escucha y nuestra contención. La cuestión de la eutanasia y el suicido asistido es un debate que deberá darse, pero no servir de distractor para quienes estamos ocupados en la prevención del suicidio. Es mucho lo que aún se puede hacer para que las personas elijan seguir viviendo, independientemente de que el suicidio sea legal o no. Ver también: Informe de la BBC Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Romper el hechizo
Escribo para romper el hechizo. (Necesito soltar todo lo viejo que hay escrito en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón y en mi alma. Resetear la programación con la que fui criada, reprogramarme para vivir en abundancia y bienestar. Confiar, amar, sentir que la vida tiene un propósito para mí, que hay un plan más grande que el que acatan mis creencias). Hablar de suicidio es mucho más que contar un hecho dramático, es un entretejido de gente, circunstancias, creencias, mandatos, contexto social, emociones, pensamientos, y consecuencias que hacen que eso ocurra o se intente. Es un sistema familiar/social en el que todos tienen roles asignados. Algunos tienen más herramientas que otros para trabajar en sus destinos, nada está bien o está mal, todo tiene un sentido y es parte de nuestro paso por este camino que transitamos sin manual de instrucciones. Aferrarse a la vida no siempre es sencillo, incluso creo que es más difícil que morir. Ninguno de nosotros sabe que hay del otro lado, algunos intentamos morir para no tener que hacer el esfuerzo de seguir con vida. Detrás de esta decisión hay muchísimo dolor y una poderosa frase de la cual nos convencemos con todas nuestras fuerzas: “No hay otra salida”. ¿Cuál es el origen del suicidio? Podría ser la necesidad imperiosa de no existir, la enorme angustia de sentirse en un mundo que no escucha, que no ve, que no siente, podría decirlo más precisamente desde la perspectiva de una persona con ideación suicida: un mundo que no “me” escucha, no “me” ve, no “me” siente. Es un goteo de pensamientos continuos, minuto a minuto de: “que alguien me salve”, “que alguien me ayude a salir de aquí”, “no puedo más”, “no aguanto más”, “es demasiado para mí”, “necesito desaparecer”, “quiero irme y no volver nunca más”. Así, minuto a minuto, es un peso que empieza a llevarse en los hombros y un día estás más muerto que vivo y es entonces cuando la muerte se convierte en la única opción. La mayoría de las personas piensa que es un acto cobarde, desagradecido o incluso egoísta. No hay verdades absolutas, solo puedo decir desde mi experiencia que es como empezar a pintar una hoja con un marcador negro y completarla hasta que ya no queda ni un átomo de blanco en ella. Se va tiñendo de negatividad la vida como una especie de océano contaminado de petróleo que va matando todo lo que vive a su alrededor. Se preguntarán ¿para qué escribo todo esto? Quizás para liberarme de la culpa, de la mirada de los otros, de la vergüenza de un pasado sórdido, de aquella sensación de no ser suficiente para nadie, de la crueldad de mi autoestima que de vez en cuando me hace creer que es mejor que me borre del mapa. Escribo para poder seguir afirmando que no le hago caso a esa vocecita melancólica, atormentada por quién sabe cuántos hechos traumáticos en el desamparo de la infancia, que carga con la desolación y congoja de todos los ancestros que forman mi genoma. Trabajo todos los días para encontrar la belleza en este mundo, para conectarme con lo que me hace feliz, con lo que me da placer, con lo que me motiva, me apasiona y me llena de vitalidad. Es un atrevimiento continuo que se convirtió en hábito. Quizás para los que alguna vez intentamos quitarnos la vida, tenerla ahora entre las manos es un acto de ternura, bondad, autocompasión, fuerza de voluntad, nobleza y por qué no de autovaloración y merecimiento. Tengo la certeza de que es más urgente que me ocupe de vivir, de disfrutar de cada una de las oportunidades que hay en este plano, entregándome a lo incierto, venciendo la ansiedad de tener el control de lo que pasará, dejándome tomar por la espalda por el asombro, permitiendo que la alegría tenga lugar en mis rutinas. Sabiendo que es posible que mi existencia sea útil para otros, que mi humanidad alivie algún corazón herido como el mío, que en esa ayuda mutua algo se transforme en cada persona con la que mi corazón late sincrónicamente. He aprendido en todo este tiempo, después de muchos años de búsqueda irrefrenable, que todos y cada uno de los seres que participaron en mi historia fueron necesarios para que yo sea esta que soy hoy. Quizás la vida me siga presentando dificultades que deberé sobrepasar, quizás haya adversidades y circunstancias absolutamente impenetrables, quizás hechos que no podré cambiar y situaciones que me parecerán injustas. Mi misión es saber disolver el caos, mirar con ojos de aceptación, resolver lo que esté a mi alcance y rendirme a lo inevitable. Dejar de hacer fuerza para que las cosas sean como quiero, como las imagino o como creo que merezco. La soberbia de creer que soy víctima de mi destino es una manera de mirar la vida que se torna un capricho, que lastima tanto a mi propia persona como a los que son parte de mis días. Estoy aquí para servir, para comprender, para acompañar, para abrir mi alma a que viva sin rencores, sin deudas pendientes, sin castigos que llevar en mis hombros, ni karma que me apegue al pasado, ni condene mi futuro. No soy mis circunstancias, ellas son sólo un pasaje en mi camino, son un puente para que decida de otra manera que la aprendida, que no me parezca a nadie, ni que cargue con dolores ajenos. Disolver la neblina de aquello que no me pertenece. Dejar a los muertos en su lugar y no serles leal para irme con ellos. Estoy viva y así elijo quedarme, cada vez con más vivacidad y fortaleza, con el coraje de alguien que luchó contra los dragones del infierno. Todos tenemos esa fuerza arrolladora que nos rescata del abismo. Esa luz que se enciende para guiarnos en la oscuridad, esa energía motivadora que nos susurra al oído y nos dice: - ¡Vamos vos podés! Escuchar es uno de los pasos a tomar. Contemplar este paraíso con los ojos del amor. ¡Que así sea! Hay amor en tu corazón. ¡El amor es la respuesta! ¡Gracias por leerme! Ver también: Dejanos tu testimonio de superación en relación al Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- El elefante encadenado
Existe una controversia entre quienes trabajamos en la asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas. Por un lado nuestra tarea consiste en animar a las personas a mejorar sus vidas, por otro sabemos que la depresión, las adicciones y otros trastornos del ánimo pueden llegar a vencer cualquier intento de seguir adelante y a doblegar la voluntad de las personas. Con voluntarismo no alcanza, eso está claro. Algunas personas, en determinadas circunstancias, sencillamente no tienen fuerzas para continuar luchando con lo que les pasa. Frente a estas situaciones se nos plantea un dilema: ¿Qué debemos hacer? ¿Seguir insistiendo con un cambio que tal vez lleve a la frustración u ofrecer solo palabras de consuelo esperando que algún día el consultante recupere sus fuerzas para seguir adelante? Esa decisión es muy personal, cada voluntario hace en cada circunstancia lo que cree que será lo mejor para el consultante. En mi caso particular reconozco que tengo una tendencia a confiar en las capacidades y fortalezas ocultas de las personas, y esto tal vez se relacione con mi historia personal. Cuando yo era chico sufría un trastorno del espectro autista. Aún lo tengo, porque el autismo es incurable; digo “sufría” porque ya no lo sufro como entonces. El autismo es un trastorno neuronal, no se arregla con voluntarismo, eso también está claro, pero yo pude, de algún modo, superar varias de las limitaciones que me imponía el autismo y llevar una vida satisfactoria. Luego contaré cómo lo hice, antes quisiera compartir una historia que escuché hace tiempo y que de algún modo relaciono con la mía. Cuentan que el dueño de un circo le mostraba las instalaciones a un visitante. El visitante sorprendido preguntó: “¿No tienen miedo de que el elefante se escape?” A lo que el dueño del circo respondió despreocupado: “No, está atado”. Pero el visitante insistió: “Esa cadena tan delgada apenas podría detener a un perro de mediano tamaño y está atada a una estaca que el elefante podría arrancar con solo moverse”. Entonces el dueño del circo explicó: “No tiene que ver con las fuerzas del elefante, pasó toda su vida encadenado, desde que era tan pequeño que no podía romper la cadena ni arrancar la estaca, ahora ya aprendió que no se puede escapar”. Volviendo a mi historia: Cuando era chico mi trastorno me impedía relacionarme con otros chicos, vivía asustado o literalmente escondido, mi rendimiento en la escuela era pésimo, mis padres ya habían aceptado que tenían un hijo “tonto” y lo decían abiertamente, yo también había aceptado que era tonto por lo que no esperaba mucho de la vida. En esa época no se diagnosticaba ni se trataba el autismo por lo que mis esperanzas de mejorar eran objetivamente pocas, pero cuando tenía 10 años sucedió un evento inesperado que lo cambió todo: Mi maestra se agachó para estar a mi altura, me miró a los ojos y me dijo: “Yo sé que vos podés mucho más”, y lo dijo con tal convicción que le creí. Ese año pasé de ser el peor alumno de la clase a ser uno de los mejores, mis notas siguieron mejorando y me gradué en la universidad con el segundo mejor promedio de mi promoción. También aprendí a hacer amigos, armé una familia y trabajo en lo que me gusta. No fue un sendero fácil ni libre de escollos, en el camino murió mi madre a causa de suicidio (el autismo es hereditario y a juzgar por su personalidad creo que ella también era autista) y yo atravesé situaciones en las que tuve pensamientos suicidas (en algún lado leí que los autistas se suicidan con mucha más frecuencia que el resto de la población debido al aislamiento social en el que muchos viven). Desde hace varios años trabajo como voluntario en asociaciones para la prevención del suicidio haciendo difusión y asistencia a personas en crisis. Sé que hay situaciones en que los consultantes tal vez no tengan fuerzas para seguir adelante o mejorar sus vidas, pero cada vez que me encuentro con uno de esos casos pienso en ese elefante encadenado al que le hicieron creer que no tenía fuerzas para ser libre. Tal vez no sea el caso, tal vez realmente no puedan, pero no seré yo quien se los diga.
- También en Prevención del Suicidio: “Nada sobre nosotros sin nosotros”
La frase fue usada como lema por movimientos en defensa de los derechos de personas con discapacidad, comunidades de autistas, neuro-divergentes y otros grupos minoritarios. Significa que no se deberían diseñar políticas públicas sin la participación activa y directa de quienes serán los destinatarios de dichas políticas. Esto que parece una condición lógica, con demasiada frecuencia no se tiene en cuenta y, de este modo, también se ignoran las reales necesidades de estos grupos. Por eso es importante el rol de las asociaciones civiles que, de algún modo, ejercen la representación de las personas desfavorecidas por alguna condición para que sus opiniones sean tomadas en cuenta. Algunos de estos grupos lo están consiguiendo y otros aún no. Para citar un ejemplo que además nos atañe podemos ver lo qué pasa con las políticas públicas para la prevención del suicidio. Sabemos que a pesar de que la conducta suicida es una importante causa de muerte, con una incidencia comparable a la de la inseguridad o los accidentes de tránsito, casi no existen políticas públicas ni se destinan recursos para la prevención del suicidio, pero si para prevenir el delito o los accidentes de tránsito. Esta diferencia no es casual. Las víctimas de la inseguridad o de los accidentes de tránsito están muy bien representadas por asociaciones que defienden sus derechos y sus causas. Si bien existen asociaciones para la prevención del suicidio, en general, sus miembros no son afectados por el drama del suicidio o no se muestran como tales. El estigma que pesa sobre la cuestión del suicidio es de tal dimensión que incluso puertas adentro de las asociaciones para la prevención del suicidio somos pocos los que nos reconocemos como afectados. Y quienes sí lo hacemos casi nunca nos vemos como víctimas de una causa externa que debería haberse prevenido, por lo que no reclamamos políticas públicas específicas para la prevención del suicidio. Por eso, la propuesta de Hablemos de Suicidio ONG puede representar un cambio en esta situación de ocultamiento y renuncia a la escena pública que se traduce en políticas públicas para la prevención del suicidio escasas e ineficientes. El primer paso es que todos los que nos sentimos afectados por el drama del suicidio tengamos un lugar donde reunirnos y hablar de lo que nos pasa, lo siguiente es sacarnos todas esas culpas que nos metieron y que nos dicen que hay algo mal en nosotros o que somos los únicos responsables de lo que nos pasa o nos pasó. El suicidio es un problema social, tenemos que reconocerlo primero nosotros desde nuestras propias historias para luego gritarlo al mundo. Solo desde ese lugar de convicción y empoderamiento podremos reclamar políticas públicas eficientes para la prevención del suicidio como, por ejemplo: más contenidos de educación emocional, tratamiento serio del bullying y el ciber-bulying, asistencia psicológica accesible para jóvenes y adultos, un sistema de salud mental más eficiente e inclusivo, programas específicos para personas afectadas por factores de riesgo como alcoholismo, adicciones, dependencia emocional, violencia familiar, etc. Las personas afectadas por el drama del suicidio en algún momento de nuestras vidas fuimos dejadas a un lado por la comunidad que nos debió cuidar. Eso tiene que cambiar en un futuro, pero el primer paso es que nosotros mismos como afectados tomemos consciencia del problema y nos organicemos para aportar y reclamar soluciones. Recién entonces podremos decir “Nada sobre nosotros sin nosotros”. Ver también: Prevención Comunitaria del Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Hablemos de Suicidio: Nuestro Balance de 2022 y Nuestros Proyectos para 2023
Para muchos, el final del año calendario es época propicia para hacer un balance de lo ocurrido durante el año que termina y proyectar los objetivos para el año que está por comenzar. Como asociación joven y en crecimiento dedicada a una cuestión tan importante como la prevención del suicidio, para nosotros, es casi una obligación hacerlo. Más aún siendo este nuestro primer año de actividad, en el cual, sin embargo, ocurrieron muchas cosas positivas. Pareciera que fue hace mucho tiempo, pero ocurrió en mayo de este año. Solo siete meses atrás nos reunimos tres voluntarios formados en la escucha activa en otras asociaciones para la prevención del suicidio y comenzamos a ensayar esta forma diferente, y novedosa para nosotros, de dar y recibir ayuda desde grupos de ayuda mutua. En siete meses establecimos las bases de nuestro acuerdo de participación, creamos nuestro sitio web, nuestro blog y nuestras redes sociales, recibimos centenares de solicitudes para sumarse a nuestro grupo piloto de ayuda mutua como participantes o como voluntarios, formamos coordinadores que nos permitirán, muy pronto, abrir nuevos grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio, formalizamos legalmente nuestra asociación con un acta constitutiva y un estatuto que ya fueron aprobados por la Inspección General de Justicia, nos inscribimos en la Afip, incorporamos los primeros socios posteriores a la constitución de la asociación, fuimos reconocidos como asociación civil sin fines de lucro por Google Noprofit y Mercado Pago Solidario por lo que podremos acceder a los beneficios de estos programas, y, más importante aún, nuestro servicio a la comunidad comenzó a ser reconocido por otras asociaciones que lo recomiendan. Si miramos el estado actual de las cosas, aún somos una asociación civil muy pequeña: tenemos pocos socios, pocos voluntarios, poca visibilidad en la web y en otros medios, por lo que por el momento podemos administrar solo un grupo de ayuda mutua. Sin embargo, miramos con orgullo y agradecimiento el camino recorrido, porque en el 2022 logramos sentar las bases que nos permitirán crecer el año próximo. Lo que queda por delante es crecer en todas las maneras posibles. Necesitamos incorporar más voluntarios, formar más coordinadores, asociar a más personas que se comprometan con el proyecto, lograr más visibilidad en la web y en otros medios, abrir más grupos de ayuda mutua y, principalmente, continuar practicando la escucha activa para brindar un servicio libre y gratuito, de cada vez mejor calidad, a una mayor cantidad de personas afectadas por el drama del suicidio. Solo nos queda agradecer a todas las personas que nos acompañan en este proyecto, ya sea como socios activos, como aportantes voluntarios, como coordinadores voluntarios o como participantes. A todos ellos gracias por confiar en nosotros y en nuestras ganas de ayudar en esta causa tan noble que es la prevención del suicidio. Juntos podemos operar un cambio en la sociedad, para que este mundo en el que vivimos sea un poco más seguro, un poco más amable y un poco más solidario. Ese es nuestro deseo para el 2023 y para ello seguiremos trabajando. Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Aportes Voluntarios para Hablemos de Suicidio
- Recuperar el Sentido de la Navidad para la Prevención del Suicidio
Llegando a esta época del año, las vidrieras de los comercios se visten con adornos navideños, los comerciales de radio y televisión promocionan regalos, los chicos se ilusionan con la llegada de Papá Noel y muchas personas comienzan a preocuparse por la tradicional reunión familiar de Noche Buena. Tanto el menú como los invitados son motivo de preocupación. A algunos les molesta verse obligados a reunirse con determinadas personas y otros se angustian por pasar en soledad una noche que según la tradición deberían pasar en familia. Para unos y otros la Navidad llega a ser más motivo para revivir viejos rencores familiares que una ocasión para reunir a la familia. De algún modo la Navidad se ha convertido para muchos en una extraña mezcla de feria comercial masiva y mandato social de reunión forzada con la familia que muchas veces ni siquiera se logra cumplir. Sin embargo, siempre es bueno recordar que no fue ese el sentido original de la Navidad. Especialmente porque recordarlo puede ayudarnos a transitar con menos preocupaciones y angustias estos días. La cristiandad celebra en la Navidad la llegada de un mensajero, un hombre de carne y hueso, para los cristianos el Hijo de Dios, cuya misión en este mundo era entregar un mensaje que cambiaría el curso de la Historia, o al menos el devenir de muchas historias personales. Un mensaje simple pero revolucionario para esa época también para la nuestra. Ese hombre que según nos cuentan nació por estas fechas hace más de 2000 años vino a decir: Ámense los unos a los otros Tan simple como eso. Luego se inventaron los motivos navideños, la costumbre de reunirse a compartir una cena, los regalos y, por supuesto, la utilización comercial de todo eso. Sin embargo, todas esas tradiciones no son el problema. El problema es que muchas veces olvidamos el mensaje que dio origen a las tradiciones y nos quedamos con un cascarón vacío de contenido. Hablemos de Suicidio es una Asociación Civil respetuosa de todas las creencias pero laica y abierta a todas las confesiones religiosas. Somos un grupo de personas afectadas por el drama del suicidio que se reúnen para brindarse mutuamente escucha, contención y acompañamiento. Desde nuestra propia experiencia en los grupos de ayuda mutua comprobamos la validez del mensaje evangélico. Descubrimos que cuando genuinamente nos interesamos y nos preocupamos por lo que al otro le pasa o lo que el otro siente; cuando nos permitimos compartir una parte de su dolor; cuando le mostramos nuestra aprobación, nuestro afecto y nuestra compañía; todo lo que damos nos vuelve y nuestras vidas mejoran. Por eso, nuestra propuesta para esta Navidad es que, además de cumplir con todos los mandatos y tradiciones que queramos cumplir, recordemos y pongamos en práctica el verdadero sentido de la Navidad. Si lo hacemos, podremos transitar estas fechas con menos angustias y preocupaciones. Además, estaremos haciendo de este mundo un mejor lugar donde vivir y, sin dudas, colaborando con la prevención del suicidio. Ver también: Grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al voluntariado en Hablemos de Suicidio La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio
- Dejar atrás viejos hábitos para prevenir pensamientos suicidas
Soy Gisel, tengo 45 años. Crecí en un ambiente muy violento, psicológica y físicamente. Mis padres niegan la violencia, dicen que yo los provocaba. Tuve la carga, desde niña, de que yo era el problema, la mala. Ningún límite. Entonces mi adolescencia fue muy promiscua. Me relacioné, hasta los 40 años, con gente violenta. Tuve muchos problemas con las drogas y el alcohol. Busqué muchas veces ayuda pero no encontré nada. La idea del suicidio me acompañó desde niña. Recuerdo que tenía 10 años cuando buscaba productos tóxicos de limpieza para matarme. Pero el miedo de generarle gastos a mis padres a raíz de mi muerte me frenaba. Para mi papá yo era un estorbo, un motivo para su fracaso económico. Soñaba encontrar un compañero para ser mamá, pero siempre terminaba con gente violenta. Hace dos años mi sobrino de 15 años intentó suicidarse dos veces. La segunda vez su padre (mi hermano) le dijo que no sea tan escandaloso, que por unas pastillas no iba a llamar a la ambulancia... Para mi hermano el problema es su hijo, el hizo todo bien como padre, dice. Cuando hable con mi hermano del tema y le dije que yo también había pensado varias veces en suicidio el dijo que estaba enferma, que nuestros padres son lo mejor, que así se educa. Hace cinco años me alejé físicamente de mi familia. Después de otra recaída con el alcohol y la promiscuidad encontré un compañero que me respeta y acepta. Pero no sé cómo ayudar a mi sobrino, y también tengo miedo por mi otro hermano , creo está mandando señales, pidiendo ayuda. Mi recuperación fue lenta. Encontré un camino espiritual hace diez años y de a poquito fui estudiando y aprendiendo a soltar y aceptar. Pero lo que realmente me cambió la vida fue cuando conocí a mi compañero, el me acepto así, toda destruida, y me respeta. Tengo una familia sana, y lucho cada día con los viejos hábitos de hablar violentamente... pero día a día lo voy logrando gracias al budismo y la meditación. Ya no tengo pensamientos suicidas. Ver también: Factores de Riesgo del Suicidio Factores Protectores del Suicidio Grupos de Ayuda Mutua para personas con Pensamientos Suicidas
- Nuevos Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para Personas Afectadas por el Drama del Suicidio
Hablemos de Suicidio es un proyecto relativamente nuevo: El 24 de mayo de este año nos reunimos por primera vez algunos voluntarios con experiencia en asistencia a personas en crisis y formación en escucha activa adquirida en otras instituciones para comenzar a perfilar la idea de crear grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio. Desde entonces hicimos mucho: Tenemos presencia en Internet desde nuestra página web desde este blog, y también en las redes sociales; y ya somos una Asociación Civil legalmente constituida. Pero lo más importante es que fuimos ampliando nuestro pequeño grupo piloto inicial donde nos formamos como coordinadores para futuros grupos. En base a todo este trabajo podemos decir que ahora estamos en condiciones de multiplicar nuestra acción para brindar escucha, contención y acompañamiento gratuitos a cada vez más personas afectadas por el drama del suicidio. Si te sentís de cualquier modo afectado/a por el drama del suicidio: Ya sea por haber perdido a un ser querido a causa de suicidio, por haber tenido que asistir a un familiar, amigo o allegado con pensamientos suicidas, por haber sido testigo involuntario de un intento de suicidio, o por tener, o haber tenido en el pasado, pensamientos suicidas, no dudes en contactarnos. Nuestros grupos de ayuda mutua son gratuitos, confidenciales y a distancia vía zoom. Podés escribirnos a hablemosdesuicidio@gmail.com o completando el formulario en nuestra página de Grupos de Ayuda Mutua para Personas Afectadas por el drama del Suicidio. En nuestra corta experiencia como asociación, y también desde nuestro largo camino brindando asistencia a personas en crisis, descubrimos que hablar de lo que nos pasa y de lo que sentimos al respecto en un lugar donde se brinde escucha cálida, abierta y contenedora, como así también escuchar a otras personas con experiencias similares a las nuestras, siempre ayuda. Ver también: Escucha Activa en temas relacionados con el Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- El suicidio entró en mi casa
Mi nombre es Marcela. Hace cinco años, mi hijo Juan de 23 años intentó suicidarse. Se disparó en la frente e inmediatamente después en la sien derecha. Lo encontré inconsciente en el baño. Tuvo varias cirugías, prótesis, tratamientos, etc. Increíblemente se salvó. Pero esos proyectiles siguen en su cabeza. Fue un quiebre en la vida familiar. Nunca advertí nada que pudiese alertarme sobre esa sombra que estaba agazapada . Busqué ayuda en psicólogos, pero no encontré en ellos lo que yo necesitaba para comprender, aceptar y ayudar. El tiempo y mi búsqueda en lecturas hizo una buena labor. Pero ha sido un camino difícil de transitar Nuestra vida familiar antes de ese quiebre inesperado, shockeante...brutal, era la común de una familia cuyos integrantes trabajan, estudian, que se reúnen diariamente en el desayuno, almuerzo y cena. Y en el clásico asado de los domingos. Mi hijo en particular estudiaba en la facultad con un muy buen desempeño, realizando pasantías para su facultad, con muchos amigos, una novia y grupos de fútbol. Repasando una y otra vez por dónde asomaba un alerta, un indicio pequeño de lo que luego sucedería, no lo encontré ni lo encuentro. Solo sé que una chispa, que fue la ruptura sentimental de él con su novia, derivó en su decisión cargada de tanto dolor. Estoy convencida que en él no hubo irá, bronca o decepción. Se que hubo mucho, mucho dolor. Tanto que escribió una carta, a las apuradas, pues sabía que su padre y yo volveríamos muy pronto. Nos pedía perdón, a nosotros como familia, a sus amigos, y a todos. Acomodó su documento de identidad al lado del papel y su registro de conducir. Pienso en ese momento con tanta angustia, como si viera esa escena. Cuánto dolor puede caber en un ser humano para dispararse una vez, y luego otra… Siempre se habla de ese "sentido extra" que solemos tener las madres, que para mí proviene de un profundo conocimiento que tenemos de nuestros hijos. Y así fue. Mi esposo y yo volvíamos a casa, cómo dije antes. Vi la luz del baño encendida y me llamó la atención no escuchar música o a él cantando, cómo era su costumbre. Sabía que algo estaba mal. Golpeé la puerta y al no obtener respuesta, entré. Estaba allí, bajo la ducha, en el piso, helado, arrodillado. Cuento éstos detalles porque si alguien me los hubiera contado antes, me hubiera ayudado a reaccionar con inmediatez. Mi hijo estaba inconsciente en la ducha, mojado, sin respondernos y no entendíamos qué le pasaba. No había sangre, sólo un punto oscuro en la frente, como si fuera el rastro de una quemadura dejada por un cigarrillo. Llamé al 911 mientras mi esposo trataba de sacarlo de la ducha y arroparlo. Cuando llegó la ambulancia la médica comenzó a revisarlo, tomarle la presión, auscultarlo y hacernos las preguntas correspondientes: si era adicto, si tomaba medicamentos, etc. Hasta que, muchos minutos después, vio esa mancha oscura en la frente y nos dijo que eso era un balazo. Ahí, en ese momento empiezo un túnel envolvente donde yo sentía que todo eso que estaba ocurriendo no era, que no podía ser verdad. Todo era urgente, los minutos corrían cómo lo hacía la ambulancia en esa madrugada, mientras mi hijo, atrás se nos iba. Por un lado, yo acompañé a mi hijo al hospital, y mi esposo quedó con la policía en casa buscando detalles de un posible agresor y encontró la carta donde se despedía. Cuando me dijeron en el hospital que las pruebas de pólvora en sus manos dieron positivo, realmente no lo traduje a la palabra "suicidio", y no lo aceptaría hasta varios días después. Cómo dije, todo a mi alrededor era como un túnel o una burbuja, dónde escuchaba mis pensamientos: ¿qué es esto?, ¿qué pasa?, ¿qué pasó?... Mientras tanto firmaba los papeles de autorización para una neurocirugía de urgencia, rogando a Dios que no sea verdad, que no podía ser verdad. Los resultados de la cirugía fueron peores. Encontraron un segundo disparo. Y esa noticia no daba lugar a la esperanza. Sólo restaba mantenerlo con vida, lo que aguantara a sus jóvenes 23 años. Mi Fe chocaba con ese dictamen médico, no había forma de apuntalar un pronóstico positivo. Era construir una esperanza raquítica segundo a segundo. Y había que estar en pie, ahí, día tras día, rogando un imposible, una posibilidad de vida como sea a cualquier precio. Día tras día… Cada día era una jornada más que se ganaba, y siempre estaban las complicaciones. Había fiebre y eso significaba infección, posiblemente de esos dos proyectiles que permanecían y permanecerán por siempre en el cerebro de mi hijo. En total fueron 14 días de terapia intensiva. Días dónde la esperanza brillaba, y de los otros que nos dejaban en el medio de la nada. Avanzado el tiempo, los médicos nos advirtieron de las secuelas que eran esperables: falta de movimientos en el lado izquierdo del cuerpo, problemas en el habla, memoria, y tantos etcéteras, todos igualmente horribles. Un domingo, exactamente dos semanas después, bajaron la sedación y despertó. Antes de eso la psiquiatra (mi esposo y yo solicitamos asistencia del equipo de psiquiatría para que nos ayude) me preparó antes de entrar a verlo despierto. Me dijo que no debería llorar, ni hacer reproches, ni preguntar sobre su decisión. Debería responder las preguntas que él me haga, estar con buena predisposición, acercarle su música favorita si él lo pidiera. Y todo fue así. Días después le dieron el alta, con innumerables precauciones. La psiquiatra nos dijo que quien intenta suicidarse, cuando no lo consigue, tiene dos actitudes posibles: o de ira por no haberlo conseguido o de arrepentimiento. No supimos cual era la suya hasta unos días después cuando, espontáneamente, mi hijo me miró y me expresó su total arrepentimiento. Dijo que hubiese querido que jamás sucediera. Fue un alivio enorme. Era como si recién ahí hubiera amanecido y mi burbuja o túnel desaparecieran. Fueron cuatro años de sinsabores con tres cirugías más porque hubo que colocar una prótesis que protegería la cuarta parte de su cabeza dónde ya no estaba el hueso. Hubo una infección y otra cirugía para extraer la prótesis, y otra más para colocar otra prótesis. Más un tratamiento prolongado de dosis intravenosas de antibióticos y luego más antibióticos. De todas las secuelas posibles no quedó NINGUNA, absolutamente nada. Retomó sus estudios universitarios, trabaja y tiene una vida social muy activa. Estuvo bajo tratamiento psiquiátrico y con psicólogo más de un año. Fue un proceso muy lento para todos. Después del período más crítico de sus cuidados, asistí yo también a terapia psicológica durante un tiempo. En verdad me fortalecí, pero lo que necesitaba en ese momento era conectarme con gente que atravesará circunstancias similares a las mías. Hace cinco años de lo ocurrido. Mi vida nunca volvió a ser la misma del mismo modo. Cambió, obviamente, pero no para peor. Es otra. Los miedos fueron disminuyendo, no se fueron, pero cuando vienen veo su ropaje, los conozco y me veo frente a ellos con más fuerza. Yo era de las que asociaba la palabra “suicidio” a otros, ni siquiera lo pensaba y mucho menos que pudiera entrar a mi casa. Me costó aceptarlo. Ver también: Asistencia Primaria en caso de Emergencia por Riesgo de Suicidio Grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio
- Integración de acciones públicas y comunitarias para prevenir el suicidio
En el marco del Segundo Congreso de Salud Mental que se realizó en Colombia, la procuradora de la Nación, Margarita Cabello, mencionó un dato al menos llamativo: Un aumento del 23% en los intentos de suicidio registrados por el sistema de salud. Y decimos que este dato es llamativo porque los índices de suicidio en ambos sexos vienen bajando desde el año 2001 al menos hasta el año 2019. Este repentino aumento de los intentos registrados puede deberse a un aumento de casos como efecto colateral de la pandemia o simplemente a que se registra más debido a intervenciones más efectivas de los sistemas de salud. Sabemos que los casos de suicidio en todo el mundo están subestimados, en algunos caso por la imposibilidad de establecer claramente la intencionalidad del acto, pero en muchos otros por el ocultamiento que resulta del estigma social que pesa sobre el suicidio. Sin embargo, los intentos de suicidio están mucho más subestimados ya que en la mayoría de los casos ni siquiera llegan al sistema de salud. De esto también habló la procuradora: de las personas que sufren en forma silenciosa problemas emocionales, pensamientos suicidas e incluso intentos de suicidio; y de la necesidad de integrar acciones con la sociedad civil para poder detectar y atender estas situaciones. Es necesario incluir un enfoque integral para atender los trastornos de salud mental, pensando siempre en las víctimas que sufren de manera silenciosa a lo largo de su vida, por lo cual se debe trabajar conjuntamente con todos los sectores de la sociedad en acciones preventivas para lograr una verdadera mejora en la salud mental. Traemos a colación estos comentarios respecto al enfoque del gobierno colombiano sobre la problemática del suicidio porque las situaciones en toda Latinoamérica son parecidas: sistemas de salud mental precarios y un tabú social muy bien instalado que oculta los pensamientos suicidas e incluso los intentos de suicidio. Celebramos que las autoridades de Colombia al menos tomen conciencia del problema y, desde nuestro lugar, como organización de la sociedad civil, seguiremos trabajando para que el tema del suicidio deje de ser un tabú, que podamos hablar de todo lo que nos pasa, incluso de los pensamientos suicidas y que más personas tengan la oportunidad de acceder a los sistemas de salud mental. Estamos convencidos que solo así, desde la cooperación entre el Estado y la sociedad civil, podremos lograr una prevención del suicidio más efectiva. Fuentes Nota en Infobae Our World in Data Ver también: Ayuda por pensamientos suicidas o intentos de suicidio Formación comunitaria en prevención del suicidio











