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Romper el hechizo


Escribo para romper el hechizo.


(Necesito soltar todo lo viejo que hay escrito en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón y en mi alma. Resetear la programación con la que fui criada, reprogramarme para vivir en abundancia y bienestar. Confiar, amar, sentir que la vida tiene un propósito para mí, que hay un plan más grande que el que acatan mis creencias).


Hablar de suicidio es mucho más que contar un hecho dramático, es un entretejido de gente, circunstancias, creencias, mandatos, contexto social, emociones, pensamientos, y consecuencias que hacen que eso ocurra o se intente.


Es un sistema familiar/social en el que todos tienen roles asignados. Algunos tienen más herramientas que otros para trabajar en sus destinos, nada está bien o está mal, todo tiene un sentido y es parte de nuestro paso por este camino que transitamos sin manual de instrucciones.


Aferrarse a la vida no siempre es sencillo, incluso creo que es más difícil que morir. Ninguno de nosotros sabe que hay del otro lado, algunos intentamos morir para no tener que hacer el esfuerzo de seguir con vida. Detrás de esta decisión hay muchísimo dolor y una poderosa frase de la cual nos convencemos con todas nuestras fuerzas: “No hay otra

salida”.


¿Cuál es el origen del suicidio?


Podría ser la necesidad imperiosa de no existir, la enorme angustia de sentirse en un mundo que no escucha, que no ve, que no siente, podría decirlo más precisamente desde la perspectiva de una persona con ideación suicida: un mundo que no “me” escucha, no “me” ve, no “me” siente. Es un goteo de pensamientos continuos, minuto a minuto de: “que alguien me salve”, “que alguien me ayude a salir de aquí”, “no puedo más”, “no aguanto más”, “es demasiado para mí”, “necesito desaparecer”, “quiero irme y no volver nunca más”. Así, minuto a minuto, es un peso que empieza a llevarse en los hombros y un día estás más muerto que vivo y es entonces cuando la muerte se convierte en la única opción.


La mayoría de las personas piensa que es un acto cobarde, desagradecido o incluso egoísta. No hay verdades absolutas, solo puedo decir desde mi experiencia que es como empezar a pintar una hoja con un marcador negro y completarla hasta que ya no queda ni un átomo de blanco en ella. Se va tiñendo de negatividad la vida como una especie de océano contaminado de petróleo que va matando todo lo que vive a su alrededor.


Se preguntarán ¿para qué escribo todo esto?


Quizás para liberarme de la culpa, de la mirada de los otros, de la vergüenza de un pasado sórdido, de aquella sensación de no ser suficiente para nadie, de la crueldad de mi autoestima que de vez en cuando me hace creer que es mejor que me borre del mapa.

Escribo para poder seguir afirmando que no le hago caso a esa vocecita melancólica, atormentada por quién sabe cuántos hechos traumáticos en el desamparo de la infancia, que carga con la desolación y congoja de todos los ancestros que forman mi genoma.


Trabajo todos los días para encontrar la belleza en este mundo, para conectarme con lo que me hace feliz, con lo que me da placer, con lo que me motiva, me apasiona y me llena de vitalidad. Es un atrevimiento continuo que se convirtió en hábito.


Quizás para los que alguna vez intentamos quitarnos la vida, tenerla ahora entre las manos es un acto de ternura, bondad, autocompasión, fuerza de voluntad, nobleza y por qué no de autovaloración y merecimiento.


Tengo la certeza de que es más urgente que me ocupe de vivir, de disfrutar de cada una de las oportunidades que hay en este plano, entregándome a lo incierto, venciendo la ansiedad de tener el control de lo que pasará, dejándome tomar por la espalda por el asombro,

permitiendo que la alegría tenga lugar en mis rutinas. Sabiendo que es posible que mi existencia sea útil para otros, que mi humanidad alivie algún corazón herido como el mío, que en esa ayuda mutua algo se transforme en cada persona con la que mi corazón late sincrónicamente.


He aprendido en todo este tiempo, después de muchos años de búsqueda irrefrenable, que todos y cada uno de los seres que participaron en mi historia fueron necesarios para que yo sea esta que soy hoy.


Quizás la vida me siga presentando dificultades que deberé sobrepasar, quizás haya adversidades y circunstancias absolutamente impenetrables, quizás hechos que no podré cambiar y situaciones que me parecerán injustas. Mi misión es saber disolver el caos, mirar con ojos de aceptación, resolver lo que esté a mi alcance y rendirme a lo inevitable. Dejar de hacer fuerza para que las cosas sean como quiero, como las imagino o como creo que merezco. La soberbia de creer que soy víctima de mi destino es una manera de mirar la vida que se torna un capricho, que lastima tanto a mi propia persona como a los que son

parte de mis días.


Estoy aquí para servir, para comprender, para acompañar, para abrir mi alma a que viva sin rencores, sin deudas pendientes, sin castigos que llevar en mis hombros, ni karma que me apegue al pasado, ni condene mi futuro.


No soy mis circunstancias, ellas son sólo un pasaje en mi camino, son un puente para que decida de otra manera que la aprendida, que no me parezca a nadie, ni que cargue con dolores ajenos. Disolver la neblina de aquello que no me pertenece. Dejar a los muertos en su lugar y no serles leal para irme con ellos.


Estoy viva y así elijo quedarme, cada vez con más vivacidad y fortaleza, con el coraje de alguien que luchó contra los dragones del infierno. Todos tenemos esa fuerza arrolladora que nos rescata del abismo. Esa luz que se enciende para guiarnos en la oscuridad, esa energía

motivadora que nos susurra al oído y nos dice: - ¡Vamos vos podés! Escuchar es uno de los pasos a tomar.


Contemplar este paraíso con los ojos del amor. ¡Que así sea!


Hay amor en tu corazón.


¡El amor es la respuesta!


¡Gracias por leerme!

 

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