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Suicidio asistido: Si o no

Actualizado: 29 ene 2023


La eutanasia, el suicidio asistido y otras regulaciones para la “muerte digna” han sido aprobadas en algunos países en las últimas décadas. Los criterios son diferentes bajo distintas legislaciones. Algunos países permiten ayudar a morir solo a enfermos terminales, en otros el derecho a terminar con la propia vida (incluso en ausencia de enfermedad) está consagrado por la ley y la jurisprudencia; y en algunos, como el nuestro, las expresiones “eutanasia” o “suicidio asistido” siguen resultando demasiado incómodas, pero se aprobaron leyes de “muerte digna” que permiten a los pacientes o a sus familiares renunciar a los tratamientos o a los sistemas de apoyo vital en determinadas circunstancias. No es intención de esta nota fijar una posición respecto a estas legislaciones u otras que seguramente se aprobarán en el futuro, sino mostrar que el debate está instalado a nivel mundial y reflexionar sobre la postura que deberíamos adoptar quienes nos dedicamos a la prevención del suicidio; si es que deberíamos adoptar alguna.


Como vemos, el asunto es mucho más complejo que estar a favor o en contra. Hay muchos detalles importantes: en qué circunstancias, cómo, cuándo, etc. Cada persona tendrá su propia opinión sobre cada uno de estos puntos. Y para quienes ya pasamos por la experiencia de acompañar a un ser querido que nos dejó después de un largo sufrimiento, seguramente, esa historia personal incidirá fuertemente en nuestra postura.


La cuestión que importa para nosotros es si una postura favorable, en cualquier grado, es compatible con las acciones comunitarias para la prevención del suicidio.


A primera vista pareciera que no. ¿Cómo se podría estar a favor del suicidio asistido y al mismo tiempo trabajar para la prevención del suicidio? Sin embargo, en un tema tan complejo, lo uno no es necesariamente contrario a lo otro.:


Por empezar, la mayoría de las acciones para prevenir el suicidio, tanto profesionales como comunitarias, no están destinadas a impedir coercitivamente que las personas que quieren suicidarse lo hagan, sino que buscan que esas mismas personas nunca lleguen a querer suicidarse o, si lo hacen, recuperen sus sentido de la vida y sus ganas de vivir (ver Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida). Todas estas acciones siguen siendo válidas, sea el suicidio legal o no.


Además, aún en los pocos casos en que la acción para prevenir el suicidio implique el bloqueo de un plan suicida. Esto solo puede hacerse por un tiempo limitado. En la mayoría de los casos el afectado por pensamientos suicidas volverá a tomar el control de su vida y lo único que podrá detenerlo es que él mismo le haya podido encontrar sentido a su propia vida. Nuevamente, estas acciones son las mismas tanto en países con suicidio asistido legalizado como en aquellos en los que no lo está.


En realidad, como vemos, el hecho de que el suicidio asistido esté legalizado no cambia en mucho la naturaleza de las acciones para la prevención del suicidio. En realidad, al tratarse de un trámite legal, incluso podría generar la oportunidad para que se hable del tema y actúen las personas o profesionales que podrían revertir la decisión. Oportunidad que muchas veces no se presenta cuando el suicida actúa impulsivamente.


En resumen. No queremos emitir mi opinión sobre la eutanasia, el suicidio asistido o la muerte digna porque es un tema legal sobre el cual cada uno puede tener la suya propia y, cómo ocurre en otras cuestiones legales, los legisladores en representación de los ciudadanos tomarán las decisiones que crean apropiadas. Pero, además, porque esa discusión en nada afecta la otra discusión más amplia que nos ocupa: ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que tantas personas que no le encuentran sentido ni propósito a sus vidas puedan hacerlo? O para que tanto sufrimiento escondido bajo un mandato social que nos prohíbe hablar de los pensamientos suicidas o de los padecimientos emocionales finalmente salga a la luz y así nos podamos ocupar de quienes necesitan nuestra escucha y nuestra contención.


La cuestión de la eutanasia y el suicido asistido es un debate que deberá darse, pero no servir de distractor para quienes estamos ocupados en la prevención del suicidio. Es mucho lo que aún se puede hacer para que las personas elijan seguir viviendo, independientemente de que el suicidio sea legal o no.


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