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  • 10 de Septiembre de 2023 - Día Mundial para la Prevención del Suicidio

    Como todos los años, la Organización Panamericana de la Salud, la Organización Mundial de la Salud y todas las asociaciones e instituciones dedicadas a la prevención del suicidio alrededor del mundo, este 10 de septiembre, conmemoramos una vez más el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En esta oportunidad bajo el lema: “Crear esperanza a través de la acción”, y reconociendo la necesidad de promover una acción colectiva [comunitaria] para abordar el urgente problema social del suicidio y de animar a los afectados para que compartan sus historias. Esos son precisamente los objetivos de Hablemos de Suicidio ONG. En nuestra corta trayectoria institucional, este es el primer año en el que vamos a conmemorar el día de la Prevención del Suicidio como asociación civil registrada. Aún así sentimos que hicimos mucho: Desde nuestra página web, nuestro Blog sobre Prevención del Suicidio y nuestras redes sociales realizamos cientos de publicaciones para concientizar a la comunidad sobre el problema del suicidio y brindar esperanza respecto a su prevención. Desde nuestros Grupos de Ayuda Mutua creamos espacios donde los participantes pueden hablar sobre los pensamientos suicidas que padecen, la preocupación por los pensamientos suicidas de un familiar o amigo, o el dolor por la muerte de un ser querido a causa de suicidio, en un ambiente cálido donde no son juzgados ni estigmatizados y donde encuentran la escucha, contención y acompañamiento. A partir de esta experiencia esperamos que la práctica de la Escucha Activa se replique en la comunidad para que el suicidio deje de ser un tema tabú y los afectados se animen cada vez más a pedir la ayuda que necesitan. Desde nuestro Servicio de Ayuda Personal proponemos a quienes aún no se animan a participar en los grupos, o quieren tratar un tema especifico en relación al suicidio, que hablen en forma privada y confidencial con un voluntario entrenado en escucha activa. Desde nuestro Trayecto de Formación de Coordinadores y nuestras Charlas Abiertas a la Comunidad brindamos formación para que más personas dispuestas a ayudar en la prevención del suicidio sepan cómo intervenir y se animen a hacerlo. Otras oportunidades para participar de este proyecto comunitario para la prevención del suicidio son: el Voluntariado en prevención del Suicidio, nuestro Foro para la Prevención del Suicidio, nuestra Página de Homenaje a nuestros seres queridos fallecidos a causa de suicidio o dejándonos su Testimonio de lucha o superación en relación al problema del suicidio. Por eso, nuestro aporte a esta conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio será seguir creando esperanza a través de la acción, cada vez más convencidos de que el suicidio se puede prevenir. Ver también: Página web sobre prevención del suicidio de la OPS Pagina de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio

  • Mito 1: "Quienes dicen que se van a suicidar no lo hacen"

    Unos de los obstáculos más importantes para la Prevención Comunitaria del Suicidio son las diversas creencias erróneas que circulan en la comunidad sobre el tema del suicidio, a las que llamamos genéricamente Mitos sobre el Suicidio. Desmentir estas creencias falsas es importante, no sólo porque son falsas sino, principalmente, porque son peligrosas. Todas estas creencias falsas tienen en común que, de algún modo, bloquean la capacidad y la disposición de las personas comunes para actuar en función de la prevención del suicidio, impidiendo que las personas afectadas reciban la ayuda de familiares, amigos o contactos cercanos que podrían estar necesitando en un momento difícil de sus vidas. Por este motivo, en este Mes de la Prevención del Suicidio publicaremos, desde nuestro blog, una serie de artículos, basados en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, con el objeto de concientizar a la población sobre la falsedad de estas creencias. Mito 1: "Quienes dicen que se van a suicidar no lo hacen" FALSO La realidad que los hechos demuestran es que muchas de las personas que murieron a causa de suicidio (aunque no todas) habían hablado antes sobre el tema en forma más o menos clara con algún familiar o allegado, algunas veces con muchas personas y durante años, sin que se le prestara la debida atención a sus dichos. Que una persona hable de sus fantasías, pensamientos o intenciones suicidas es indicativo, al menos, de que la idea del suicidio está en su mente, por ese motivo sus dichos no deberían ser pasados por alto. Tampoco se deben juzgar, criticar o censurar estos dichos. El problema no es lo que se dice sino el pensamiento y el sentimiento que genera ese discurso. Bloquear sus dichos con frases como: "No digas esas cosas", es como ocultar un síntoma para procurarnos una falsa tranquilidad. Por el contrario, la persona que habla de sus fantasías, pensamientos o intenciones suicidas debe ser contenida e invitada a seguir hablando con validaciones de sus sentimientos, valoraciones de sus fortalezas y preguntas abiertas. Ver La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio y Asistencia a Personas en Crisis o con riesgo de Suicidio. Algunas veces, el discurso de la persona con pensamientos suicidas es muy explícito como: "No aguanto más, me quiero matar". Otras, puede ser mucho más sutil y ambiguo, por ejemplo: "Quisiera irme de viaje y no regresar". En ambos casos debemos tener en cuenta que las personas con pensamientos suicidas suelen sentir que están solas en el mundo frente a su sufrimiento, e incluso que a nadie le importa lo que le está pasando. Lo más urgente es brindar contención, es decir, mostrar que a nosotros sí nos importa su persona, lo que le pasa y lo que siente. No es necesario ni conveniente brindar soluciones a los problemas que nos plantea. Lo que necesita una persona con pensamientos suicidas es sentirse contenida, escuchada y acompañada. Desde Hablemos de Suicidio asumimos como principal objetivo luchar contra este mito que nos lleva al silencio y al abandono. Hablar de lo que nos pasa nunca es malo. El riesgo es no hacerlo. Por eso invitamos a que nos animemos a hablar más y que aprendamos a escuchar mejor. Solo así podremos tener una Prevención del Suicidio Comunitaria más eficiente. Ver también: Prevención Comunitaria del Suicidio Mitos sobre el Suicidio Escucha Activa en la Prevención del Suicidio Asistencia a Personas en Crisis o con riesgo de Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Madre... esa mujer...

    Pasaron años hasta que mis manos prendidas al teclado me permitieron escribirle a esa mujer siempre sonriente en sus batones de colores, algunos desgastados por los tiempos, que usaba feliz en su cuerpo medio bajo, de caderas anchas; a esa mujer incansable para sus tareas cotidianas, a esa cocinera excelente, a la referente del pueblo como la mejor repostera de la época, a esa mujer que pelaba duraznos en un fuentón acompañando a su compañero de toda la vida (en silencio) mientras en la radio sonaba el relator de un partido de River, a esa mujer que nada entendía de fútbol pero que mucho sabía del amor y de oficiar de compañía; a esa mujer que dejaba sus ocupaciones por compartir un momento cerca de su nieto, a esa mujer que admiro, a esa mujer que me imprimió recetas que intento poner en práctica pero suelen resultar fallidas; a esa mujer que el tiempo me resultó escaso para conocer, a esa mujer que me bancó las chifladuras de joven malcriada, o mal aprendida, que me amó sin demandas; a esa mujer que me dijo adiós de la forma menos pensada, porque para esa mujer la vida era una fiesta, pero que desde hacía un tiempo se había desencontrado de las risas. A esa mujer que sin pretenderlo estampó unas magulladuras sobre mi cuerpo difíciles de curar o de alivianar porque las “culpas” azotaban, porque todo era borroso, todo había cambiado en una mañana de septiembre justo en el mes de sus flores. Porque les cuento que esa mujer ostentaba uno de los jardines más bellos del pueblo donde sus margaritas competían gallardas entreveradas con las rosas y las madreselvas que con algunas glicinas caían majestuosas de la historia de esa mujer que se perdió entre los laberintos sin encontrar la salida. A esa mujer que me faltó el tiempo para conocer, a esa mujer que amé, a esa mujer que se fue con el beso de la despedida de las buenas noches, a esa mujer que seguro guardó en su bolsillo el papelito que olvidó dejar sobre la mesa, a esa mujer que sigue presente en cada segundo de mi vida, a esa mujer que me fortalece cada día, que me permite escribir la presentación del tema que trataré a continuación, el que calle por años, el que todavía resiste salir a la comunidad, pero entiendo que puedo acompañar para que otros alivianen sus cargas . Pertenezco como tantos otros a familiares de suicidas, de los que mi doctor especialmente cuida porque dice que “los cuidados a las alertas amarillas deben estar más agudizadas en nuestras vidas”, al que agradezco por su compromiso para conmigo ante esta historia de vida que me alcanza. Rosa Luna Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • En menos de un año ya somos el principal blog de prevención del suicidio en el país

    Nuestro blog superó recientemente los 1250 suscriptores, lo que lo convierte en el blog de prevención del suicidio con más suscriptores, más visitas y mayor crecimiento de Argentina. Este incremento tan rápido en la audiencia nos indica que estamos en el camino correcto. Desde el comienzo mantuvimos una línea editorial a favor de la vida pero realista. Nunca pretendimos transmitir un mensaje edulcorado o ingenuo porque nosotros mismos somos personas afectadas por el drama del suicidio y sabemos del esfuerzo y el coraje que tiene que poner cada sobreviviente en su camino de recuperación. Les agradecemos a los lectores que nos eligen y comparten nuestros contenidos, pero también, y muy especialmente, a los autores anónimos que nos brindan generosamente sus testimonios de superación o de lucha y nos autorizan a publicarlos, porque se han convertido en la columna vertebral de nuestro blog. Esa fue nuestra idea desde un principio, que el blog de Hablemos de Suicidio fuera un espacio donde las personas afectadas por el drama del suicidio tengan un lugar donde expresarse, pero también donde compartir los recursos que emplearon o siguen empleando en su propio camino de recuperación. A todos nuestros suscriptores y a los visitantes que llegan a nuestros artículos desde nuestras redes sociales o nuestro sitio web les pedimos que sigan acompañándonos, que visiten nuestro blog y que compartan nuestros contenidos, porque así podremos seguir haciendo crecer este espacio, que es el espacio de todos nosotros, y estaremos más cerca de cumplir nuestro objetivo: Que el suicidio deje de ser un tema tabú para que su prevención comunitaria efectiva sea posible. Y a quienes comparten los testimonios que publicamos les pedimos que sigan escribiendo, porque el camino que recorrieron hasta aquí con tanta determinación, seguramente servirá de inspiración para otros que en circunstancias similares aún siguen luchando con sus angustias o sus pensamientos suicidas. Gracias nuevamente a todos, ¡y a seguir creciendo! Ver también Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Suscribite a nuestro Blog de Prevención del Suicidio

  • Exilio y pensamientos suicidas

    Recuerdo esos últimos meses donde todavía sentía aquel chispazo de energía, llamémosle "Felicidad", cosa que actualmente me pasa un día de cada siete que tiene la semana. Es un sentimiento raro de explicar, porque ya estoy acostumbrado a sentirme pésimo. Trataré de describirlo en pocas palabras: siento una leve sensación en la cabeza, yo sé que es raro pero es la mejor forma de explicarlo, voy caminando y siento que ese día será bueno y por alguna razón nada me afecta. Aunque cuando ese breve subidón pasa, se siente pesadísimo, es como la gravedad, literalmente. Hace ocho años aproximadamente inmigré hacia Costa Rica desde El Salvador por cuestiones ajenas a cualquier cosa mala. En realidad inmigré sin razón alguna. Ahí empezó mi calvario. Trataré de resumirlo: cuando logré entender que no iba a ver a ninguna de las personas que estaba acostumbrado a tener en mi vida empecé a tratar de hacer amigos. Por lo general, siempre fui extrovertido, digamos que el más alegre de las fiestas, era popular con las muchachas, pero acá, cuando lo intenté, tuve mucha influencia de mi madre. Tenía veintitrés años, era un país nuevo, y ella empezó a no dejar que saliera a beber y cosas así inventando pretextos vagos. Así fui perdiendo amistades. Luego conocí una señorita con la cual tuve una relación larga, casi de cinco años. En medio de eso, ella me engañó reiteradas veces. Caí en el alcoholismo y usé drogas durante aproximadamente seis meses a un año. Todo esto fue el detonante definitivo para caer en la cuenta de que no era feliz y de que algo se había roto. Siempre tengo cambios de humor pesados y bruscos. En mi cabeza ronda siempre aquella voz que me dicta pensamientos suicidas. De hecho lo menciono mucho y no quiero llamar la atención, en realidad me da vergüenza decirlo cuando hablo con amigos. La gente tiende a alejarse cuando me ven así de triste. En reuniones donde me han invitado soy social o me quedo callado en una esquina. Me desconozco, de hecho estoy escribiendo con un nudo en la garganta. He luchado con este sentimiento durante cuatro años tratando de refugiarme en los videojuegos. A mis treinta y un años sigo jugando como un niño, pero es mi único des-estrés del trabajo y de la frustración de seguir aquí sin un rumbo trazado o algún plan. Trato de no desvelarme, de no usar drogas nunca más, aunque el alcohol todavía me gana, y a veces me hace sentir demasiado mal. En fin, pensar en las personas que diariamente me saludan en mi trabajo y me dicen cosas positivas o buenas me ha quitado mucho de la mente el pensamiento de que nadie me aprecia y de que soy invisible. Todavía no le he ganado a esta situación pero llevo cuatro años en la lucha. Creo que no está mal. Lastimosamente, por ser inmigrante Salvadoreño en Costa Rica y sin documentos (los perdí en un asalto), no he podido tener acceso a un psicólogo pero sí quisiera tenerlo. Muchas gracias. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Discapacidad y Pensamiento Suicida

    No me gusta hablar de este tema, pero sé que muchos pasan por esto. Soy una persona con discapacidad. No nací con ella, la adquirí a mis 23 años. A esa edad uno se cree inmortal, un ataque de asma no atendido me hizo ver lo contrario. Los hospitales argentinos son muy precarios en cuanto a la atención de urgencias. Ahora creo que tienen más tecnología, pero no cambió mucho. Habitualmente tengo que utilizar estos servicios. A las personas indigentes nos dan Incluir Salud que solo atienden en hospitales. Ya tengo 49 años, esto pasó hace tiempo. Estuve siete horas en la guardia rogando que me atendieran. Solo me pusieron un suero y una nebulización. Yo no podía sostener la mascarilla, una enfermera lo hacía por mí y trataba de que no me sentara en la cama para no apretar el diafragma. Tenía hiperventilación. Le faltó oxígeno a mi cerebro y quedé en coma 6 meses. Cuando reaccioné no veía, escuchaba poco y no podía moverme. A los tres días mi ex pareja me informó que estaba de novio con la única amiga que tenía. Mi hijo tenía 2 años. Alquilábamos y él devolvió el departamento. Vivía con sus padres y mi bebé. Fue muy difícil. Sobreviví. El nene era muy chico y no me reconocía. Me propuse vivir para enseñarle a no rendirse nunca. Además, creía que me recuperaría. No te cae la ficha rápido. Aunque sea obvio lo negás. Pasó el tiempo y no mejoraba. Mis padres vivían en un hotel. Me dieron el alta pero no podía volver con el padre de mi hijo porque ya vivía con su actual esposa. No podía volver con mis padres porque no tenían donde tenerme. Así terminé en un geriátrico. Estaba cerca de mi hijo y aguanté. Todas las noches hacía ejercicios empujando la silla para atrás. Movía mí único brazo. Mi cabeza decía que ya iba a ir a buscar a mi hijo. Entonces me enteré de que después de tres años las neuronas no se copian. Quedaría así. Ya no soportaba más e intenté matarme. ¿Cómo lo haría? No lo sabía. Pensé y pensé hasta que se me ocurrió... Preparé todo y cuando estaba por hacerlo me puse a pensar cómo vivir. No fue fácil mí vida , pero estudié psicología, soy escritora, publiqué dos libros de cuentos, hice hidro terapia, equino terapia, danza integradora, participé de varios concursos y antologías, estudié braille, realicé talleres de audio lectura hacia la expresión oral y escrita, y tecnología adaptada (se deben preguntar cómo manejo una PC para escribir esto). En definitiva, tuve oportunidades dentro del hoyo. Me gustaría que se conozca mí testimonio.

  • La vergüenza frente al pensamiento suicida

    Algo que muchas personas no entienden sobre el pensamiento suicida, especialmente aquellos que te dicen: “No tenés que pensar en esas cosas”, es que es involuntario. Como doblarse un tobillo o resfriarse. Nadie lo busca, pero a veces nos pasa. Sin embargo, nadie se avergüenza de un resfriado o de un esguince de tobillo, pero sí de pensar en el suicidio. En realidad nos avergonzamos por mucho menos: Cuando alguien nos pregunta cómo estamos respondemos sin pensar: “Bien, gracias”. Hasta los más mínimos problemas emocionales nos dan vergüenza. En particular, pensar en el suicidio es muy vergonzante. Tanto es así que la mayoría de las líneas de asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas en el mundo ofrecen un servicio anónimo para que las personas se animen a hablar de lo que les está pasando. Prácticamente como si de confesar crímenes se tratara. Aunque sabemos que es algo bien distinto, que no somos culpables de lo que sentimos, que simplemente es algo que nos viene, que nos pasa. Además de la vergüenza, el pensamiento suicida genera otras emociones, casi siempre desagradables: preocupación, miedo, pérdida de la autoestima, etc. Pero la vergüenza ante el pensamiento suicida, en particular, es una emoción muy peligrosa, porque nos silencia, nos aísla, nos hace pensar que nadie puede entendernos o que a nadie le importa lo que nos está pasando y, en definitiva, nos impide pedir ayuda. Algunas veces la vergüenza es tan intensa que ni siquiera frente a un espejo podemos confesar lo que sentimos. Yo en particular pasé casi una década negando y negándome mis pensamientos suicidas, tapándolos con trabajo y otras formas de evasión. Incluso cuando la presión fue insoportable y el miedo a cometer un acto suicida fue mayor que la vergüenza, busqué ayuda tímidamente, tratando de que nadie se entere. Recién hoy, tres décadas después de mis primeros pensamientos suicidas y razonablemente recuperado, me doy cuenta de que el silencio es peligroso, no solo para mí mismo, también para otras personas que en estos momentos podrían estar pensando, como yo lo pensaba, que sólo a ellos les vienen estos pensamientos. Algunas estimaciones señalan que la mitad de los seres humanos tienen, tuvieron o tendrán pensamientos suicidas serios en algún momento de sus vidas. Sin embargo, de eso no se habla. Y no hablarlo no es gratuito: condena a todas esas personas a una situación de aislamiento amparada en la falsa creencia de que sólo a cada uno de ellos les pasa. Para que esto no siga ocurriendo debemos animarnos a hablar. De eso se trata Hablemos de Suicidio, de dejar la vergüenza a un lado, de empoderarnos y enorgullecernos de nuestras propias experiencias para ayudarnos y a su vez ayudar a otros, de reconocernos y reconocer a otros como sobrevivientes de nuestros propios pensamientos suicidas y, desde la fortaleza que nos genera esta nueva visión, comenzar a derribar el tabú que pesa sobre el tema del suicidio y que nos mantuvo aislados y en silencio por tanto tiempo. Ver también Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • El largo camino de la recuperación desde el pensamiento suicida

    Prácticamente toda mi vida tuve pensamientos suicidas. La primera vez que lo pensé tenía once años. Estaba muy decidida a morir, no a esa edad, sino más adelante. Tenía asumido que no iba a pasar de los veinticinco años o, al menos, que no llegaría a los treinta. Allí mismo mi mamá me mandó a terapia con una psicóloga que me hizo descubrir esa profesión y me hizo decidir estudiarla yo también. Salí renovada de ese tratamiento, con otra perspectiva... No duró mucho. Cinco años después me veía inmersa en una relación abusiva con una pareja que me trajo ganas de atentar contra mi vida otra vez. Dejarlo no era opción porque le tenía terror, así que, prefería acabar con mi vida. Mis papás lo superarían algún día y él también. Ahí volví a terapia, volví a descubrirla y volví a tener esperanzas que tampoco fueron para siempre. A mis veinte años la dinámica de mi familia cambió muchísimo, tanto que no la pude soportar. Retomé terapia aunque estaba decidida a morir. Me faltaba descubrir cómo, porque la idea ya la tenía. Me daría pena por mi gato y en última instancia por mis papás, pero tenía fe de que lo superarían algún día. Toqué fondo un domingo a la noche cuando llamé a mi psicóloga para despedirme. Tuvimos una charla larga, muy larga, en la que me derivó con una psiquiatra. Debo decir que estas dos mujeres me salvaron la vida y al día de hoy les agradezco mucho seguir acá. ¿Qué hay para aprender de esto? No lo sé, pero yo aprendí que siempre hay gente dispuesta a escucharte, a la que le interesas de verdad (aunque pienses que no), a que uno no quiere dejar de vivir, sino dejar de sufrir... Que el suicidio es una decisión permanente para un problema temporal. Me refugié en mis gatos, el tratamiento psiquiátrico (del qué ya fui dada de alta exitosamente), en la terapia y en mi familia. Todos los días agradezco no haber tomado esa decisión porque por suerte mi vida cambió para bien. Aún falta, como todo, pero ya no estoy dónde estaba antes. ¿Saben lo importante que es eso? Hoy no estamos dónde estábamos antes, significa que seguimos avanzando, que nos seguimos moviendo, y, para hacer eso, hay que ser fuerte. Muy fuerte. Las buenas llegan. Te lo juro Ver también Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • La soledad frente al suicidio

    Hace un año exactamente, a esta misma hora, me encontraba en la playa solo, perdido, cansado y roto en mitad de la noche. Había bebido mucho porque llegué a un punto que no soportaba estar conmigo mismo. Con mis pensamientos, con esa vocecita que no paraba en todo el día desde hacía semanas. Esperaba que se calle, y a veces lo hacía y sentía una pequeña victoria, pero al día siguiente hablaba aún más alto. Y me cansé, recuerdo aún ese sentimiento de hartazgo y esa falsa sensación de paz cuando lo decidí. Siempre he sido muy independiente, quizás porque la vida me obligó a serlo, pero aún así intenté pedir ayuda a las dos personas que sentía más cercanas. Nadie vino a salvarme. Y fue muy duro. Estar con el agua hasta la cintura, a punto de perder la consciencia por el alcohol, roto y con dos ríos de lágrimas imparables, y darme cuenta de que no iba a venir nadie. Que solo yo podía salvarme. Y dolió, cada paso hacia la orilla dolió y costó como una vida, porque en ese momento lo fácil habría sido cerrar los ojos y abandonarse. Pero aquí estoy. Un año después. Y aunque ha sido uno de los años más duros de mi vida, porque la vida es lo que tiene, también ha habido momentos buenos y me han hecho ser consciente de lo fuerte que soy. Desde ese día la voz se ha ido. Y si vuelve a aparecer le diré: quizás el año que viene. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Procesar la culpa en un duelo por suicidio

    ¿Y si le hubiera dicho esto?, ¿o aquello? ¿Y si no le hubiera dicho esto otro? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Por qué no supe interpretar esa señal? ¿Por qué hice esto? ¿Por qué no hice lo otro?... Todas estas preguntas y otras más por el estilo dan vueltas por la cabeza de los que perdimos a un ser querido a causa de suicidio, algunas veces durante años. Detrás de cada una de ellas se esconde la culpa, una culpa profunda, muchas veces inconfesable y que puede llegar a ser desgarradora. De nada sirven las explicaciones, por muy razonables que parezcan: “fue su decisión”, “no podemos hacernos responsables de la vida de otro”, “nadie se puede imaginar una cosa así”, “hiciste lo que pudiste en su momento con las herramientas que tenías”, “no tenemos que juzgar el pasado con los recursos de hoy”, etc. La culpa es un sentimiento visceral, no escucha razones ni explicaciones, simplemente se siente en las entrañas. Y además es un sentimiento muy destructivo y peligroso. A mí me llevó al pensamiento suicida. Procesar la culpa puede ser un proceso largo y tortuoso, puede incluso durar el resto de nuestras vidas. No obstante siempre hay cosas que se pueden hacer. No tengo una receta, solo puedo comentar los recursos que yo usé en mi propio proceso a partir de la muerte de mi madre a causa de suicidio, cuáles me fueron útiles y cuáles no. Negación: La culpa por la muerte de un ser querido a causa de suicidio puede ser una carga imposible de soportar, y la negación puede ser un mecanismo necesario para seguir adelante. He conocido a personas que, pese a la evidencia, niegan directamente los hechos. La palabra “suicidio” es muy intimidante, porque de una forma u otra siempre nos lleva al lugar de la culpa o a la necesidad de dar explicaciones. Es más fácil asumir que nuestro ser querido murió por otra causa. En mi caso nunca negué el suicidio de mi madre pero sí busqué explicaciones que me dejaran afuera de la historia, como su enfermedad mental o las relaciones enfermizas dentro del seno familiar. Simplemente no me hice cargo y me enfoqué en generar un contexto diferente mirando hacia adelante. Todo eso me mantuvo ocupado durante diez años. La culpa estaba pero la negación la mantuvo a raya. Hasta que un día explotó con una fuerza acumulada por diez años. Ahí fue cuando aparecieron mis propios pensamientos suicidas y decidí buscar ayuda. Afrontamiento: La terapia y dos grupos de ayuda mutua me sirvieron para aceptar los hechos y mi responsabilidad en ellos. No es que esto disuelva la culpa, por el contrario, la muestra en carne viva, pero la verdad es el primer paso para el perdón. Y asumir nuestra historia sin maquillaje es un paso necesario para perdonarnos a nosotros mismos. No es un proceso lineal ni sencillo, a mí me llevó otra década llegar a un lugar en el que razonablemente me había perdonado. Reparación: Una de las cosas que descubrí en mi etapa de afrontamiento es que el pasado y la muerte son irreversibles. Por más vueltas que le diera lo que pasó, ya pasó, lo que haya hecho o dejado de hacer quedará así, y mi madre seguirá muerta. Nada de eso lo puedo cambiar. Pero si levanto la mirada puedo ver que hay muchas personas que están sufriendo y tal vez padeciendo pensamientos suicidas ahora mismo. A todas esas personas, o al menos a algunas, puedo brindarle la escucha, la contención y el acompañamiento que no le supe dar a mi madre. Así comencé a trabajar como voluntario en asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas. Ayudar a otros brinda una paz y una satisfacción tan profundas que sólo quien lo experimenta puede entenderlo. Hoy ya hace once años que trabajo como voluntario en prevención del suicidio en varias asociaciones civiles y mi compromiso con la causa es cada vez mayor. Sin embargo, el voluntariado que se ejerce desde la reparación no deja de ser una carga. Si durante todos estos años me hubiesen preguntado porqué trabajé como voluntario, hubiera respondido: “se lo debo a mi madre”. Liberación: La liberación completa de la culpa la logré gracias a los grupos de Ayuda Mutua de Hablemos de Suicidio. No sabría explicar del todo cómo sucedió. Las primeras veces que compartí mi testimonio en el grupo lo hice de la forma más sincera que me salió, y en ese momento, eso significaba hacerme cargo de la muerte de mi madre. La culpa es un sentimiento muy extraño, se siente en soledad pero tiene mucho que ver con los otros. El pensamiento que subyace es “qué pensarán de mí los otros si supieran la verdad? Cuando uno cuenta la verdad, o su verdad tal como la sabe contar en cada momento, no frente a una persona sino frente a varias, y no pasa nada, la culpa se desvanece. Puede ser eso o puede ser este ejercicio que hacemos en cada reunión de mostrarnos vulnerables e imperfectos. Uno aprende a aceptar a los otros en toda su humanidad sin maquillaje y de ese modo aprende a aceptarse a sí mismo. Sea como fuera, hoy puedo decir que estoy orgulloso de mi historia. En primer lugar porque estoy vivo, y eso no todos lo logramos, y además porque supe transformar mi dolor en ayuda. En el futuro seguiré siendo voluntario en prevención del suicidio, pero ya no lo hago porque se lo debo a mi madre. Esa deuda ya está saldada. Lo hago por los otros, los que aún siguen sufriendo, y, fundamentalmente, lo hago por mí. Ver también: Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio

  • El suicidio puede esperar

    Tengo 51 años, a los 4 años fui abusada por mi abuelo materno. Desde que nací fui rechazada por mi madre. Me golpeaba hasta dejarme ensangrentada en el piso. A los 16 años ella intentó ahorcarme con sus propias manos. Salí corriendo desnuda hacia la avenida. Ese fue mi primer intento de suicidio. Me casé, con la excusa de salir de la casa de mis padres, con un hombre golpeador y alcohólico. Me dejaba sola tanto tiempo que mis vecinos al verlo en casa pensaban que era mi amante. Con dos hijos de 4 y 5 años, me sentía tan desolada y sin salida que planifiqué mi suicidio y pensé llevarme a mis dos hijos conmigo. Pensaba que el mundo no se merecía a dos seres tan bellos. Necesitaba terminar el sufrimiento para los tres. Con todo preparado me dije a mi misma..... "podría esperar un día más y disfrutar este día como el último y mañana veremos que pasa"... Un día a la vez, fueron pasando los días y los años, después de 10 años de terapia mi lema sigue siendo "Un día a la vez". En esos 10 años de terapia pude sanar a mi mamá. Fue duro todo lo que me paso pero no se puede vivir con tanto dolor en el alma. A los 38 años quedé viuda. También pude sanar lo que pasó con mi esposo, el padre de mis hijos. Mi mamá y mi esposo murieron con dos meses de diferencia entre uno y otro. Ella de leucemia y él de un infarto. El amor por mis hijos fue mi fuerza, y también lo fue el acompañamiento de amigas. La ayuda de profesionales no me dejó hundirme en la depresión. La meditación y la terapia ayudaron mucho. En la actualidad mi vida es justo como la imaginé: rodeada de afectos, tengo todo lo que merezco. Trabajé muy duro en mi persona para eso. Pude alejarme de la violencia en todas sus formas. Mis hijos tienen 25 y 23 años, los dos están muy bien y sanos. Mi relación con ellos es buena, construimos vínculos muy fuertes. Gracias por permitirme compartir mi experiencia, soy personal de salud y trabajo en Salud Mental. Su comunidad me ayuda a entender esta problemática que también fue mía hace algunos años. Participé de un zoom hace un tiempo y me fue de mucha ayuda escucharlos y participar. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Escapar con lo puesto para no morir a causa de suicidio

    Tengo 50 años. La primera vez que intenté suicidarme tenía 12. Una vida de mierda. Una madre muy golpeadora. Viví mucha violencia en todos los aspectos por parte de ella. Mi vida tranquila era andar deambulando por las calles. Sufrí una violación, que siempre oculté, por parte de un policía. Hice pareja con un hombre mayor. Se suponía que estaría mejor y que comería a diario. Me llevaba 25 años, yo tenía 16 y él 41. La diferencia se hacía más grande al pasar los años. Y también la violencia de su parte. Tuve, gracias a él, dos intentos de suicidio. Dije basta. Una noche, con toda la violencia que él me hacía, abrí la puerta no miré atrás ni siquiera a mis tres hijos. Salí de ahí y no volví nunca más. Salí con lo puesto. Nunca pedí ni recuperé ni siquiera una ropa interior. Me fui en busca de vivir. Si, de seguir con vida, no en una vida en que moría cada día. Era muy tarde, el silencio de la noche me esperaba. Pisé la calle, respiré hondo y nunca giré a ver mi casa. Sabía que eso no era mío . Lo mío eran solamente mis pies, mi corazón y mi amor propio. Tenía 36 años. Sufrí violencia absoluta desde los 8 hasta los 36 años. Mis dos hijos más grandes se fueron conmigo. El más pequeño lo perdí. Tenía 12 años. Ese violento le dijo que le daría todo para que no lo dejara. Eso me partió el alma. Entré en depresión hasta que pude recuperarme. Tengo un hijo profesional, una hija con su vida, su casa y sus hijos. El niño que le dejé con su padre terminó siendo un delincuente. Estuvo 7 años preso. Este año salió ya hecho un hombre. Lo perdí cuando él tenía 12. A veces en el recuerdo lo busco con 12 años. Es como que en mi mente y mi corazón lo esperan con 12 años; y lagrimean mis ojos al no poderlo tener. Pero más allá de todo, hoy quiero vivir. Tengo tres hijos más y muchas ganas de vivir, abrazar, besar a mis hijos y acompañarlos en su crecer. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

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