Suicidio ONG
Un lugar de encuentro para personas afectadas por el drama del Suicidio
Buscar en el sitio
Se encontraron 161 resultados sin ingresar un término de búsqueda
- Prevención del Suicidio: ¿Salvar vidas o evitar muertes?
Lejos quedó la discusión sobre si la prevención comunitaria del suicidio es o no realmente efectiva. Está ampliamente documentado que en donde las asociaciones civiles o las personas se ocupan de realizar tareas de asistencia y difusión en favor de la prevención del suicidio la cantidad de suicidios disminuye. La pregunta del título se refiere a otra cuestión que hace al objetivo mismo de la prevención comunitaria del suicidio. Expliquemos primero el significado que le damos aquí a cada expresión ya que literalmente podrían parecer equivalentes. Evitar muertes es, por ejemplo, lo que hace un cirujano en el quirófano cuando logra desviar el curso de una patología que sin intervención hubiera resultado fatal; también lo que logra un bombero cuando rescata un cuerpo inconsciente pero aún con vida de un edificio en llamas. Podríamos citar muchos más ejemplos, pero lo central es que en todos ellos lo que se preserva es la biología. El objetivo es que el cuerpo siga vivo. Los que conocimos la depresión severa y el pensamiento suicida sabemos que el cuerpo puede estar biológicamente vivo y, aún así, sentir que no estamos realmente viviendo. Desde el voluntariado en prevención del suicidio sabemos, además, que muchas personas pasan sus vidas hundiéndose en el sinsentido y los pensamientos negativos. Muchos hemos desperdiciado años de nuestras propias vidas en esas condiciones. Los que conocemos ese lugar sentimos que allí uno no está realmente vivo. Salvar una vida sería sacarla de esa condición, conectarla con el mundo, los deseos y los proyectos. Pero los que conocemos el fondo de ese pozo sabemos también que nadie más que nosotros mismos tiene el poder de sacarnos de allí, y que solos no podemos. Desde este punto de vista, el objetivo de la prevención comunitaria del suicidio no sería evitar muertes, aunque estadísticamente las evita. Tampoco es salvar vidas porque, como dijimos, no tenemos ese poder. El objetivo de la prevención del suicidio debería ser acompañar, brindar contención y comprensión, estar con el otro, para que más personas puedan salir del pozo de sus pensamientos suicidas y sentirse realmente vivas. Ver también: Prevención Comunitaria del Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- El poder del “Nosotros” frente al pensamiento suicida
Si bien cada persona con pensamientos suicidas es única y diferente, como también lo son sus historias, sus situaciones y sus sentimientos al respecto, después de haber escuchado cientos de testimonios podríamos decir que siempre, o casi siempre, hay al menos dos elementos comunes: el sufrimiento y la soledad. O, mejor dicho, la soledad frente al sufrimiento, ya que el sufrimiento por sí solo es propio de la vida humana y, de hecho, hay personas que han padecido cuotas muy altas de sufrimiento sin pensar nunca en el suicidio. Es necesario explicar mejor a qué nos referimos con soledad frente al sufrimiento. No hablamos de estar solo o sola, hablamos de un sentimiento de soledad que pueden transitar también personas que viven en familia, incluso en el seno de familias muy presentes y contenedoras. La cuestión, y esto lo sabemos muy bien quienes lo hemos pasado, es que hay sentimientos que son difíciles de compartir. Sentimos que los demás no podrán comprender lo que nos está pasando y el dolor que nos produce; hasta llegamos a pensar que no les importa. Si estos sentimientos y pensamientos son reales o no, pasa a ser irrelevante. Poco a poco nos vamos aislando y terminamos en completa soledad frente a un sufrimiento que nos sobrepasa. Llegando a este punto, es poco lo que la familia o los amigos pueden hacer, y con mucha frecuencia ni siquiera se enteran. Nos sentimos solos en nuestra soledad: fingiendo que estamos bien, a veces mostrándonos alegres o divertidos. Nuestra soledad interior nos pesa y nos avergüenza. Lo que necesita una persona con pensamientos suicidas que se está enfrentando en soledad a su sufrimiento es un “nosotros” en el que refugiarse. Un espacio dónde su sufrimiento sea comprendido, dónde no sea juzgado, dónde sea aceptado como un par, dónde nadie le diga “no pienses esas cosas” dónde encontrarse con personas que lo entienden porque atravesaron situaciones similares. Ese es el objetivo de los Grupos de Ayuda Mutua para Personas Afectadas por el Drama del Suicidio que organiza Hablemos de Suicidio ONG. La familia, los amigos y los profesionales de la salud mental tendrán su rol en la recuperación, de eso no hay duda, pero primero es necesario que el afectado se reconecte con la vida y con el mundo. Para eso es necesario que se encienda una chispa en su interior, una rendija de luz, una pequeña esperanza que despierte esas ganas de vivir adormecidas. Y, muchas veces, ese milagro ocurre cuando una mano amiga nos palmea la espalda y nos dice: "Te entiendo, yo estuve ahí" Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- ¿Cómo se ve un suicida?
Existe una creencia muy extendida según la cual las personas con pensamientos suicidas deberían verse deprimidas, es decir, tristes, abatidas, desganadas, y con una postura corporal que por sí sola delataría su hartazgo por la vida. Nos gusta pensar que esto es así porque, si así fuera, en caso de que uno de nuestros seres queridos estuviera pensando en el suicidio sería fácil para nosotros darnos cuenta. Incluso los profesionales nos hablan de “señales de advertencia del pensamiento suicida” que, supuestamente, cualquier persona atenta podría notar para actuar en consecuencia. Lamentablemente esto no es así, o al menos no siempre es así. La asociación civil para la prevención del suicidio Empesares realizó una campaña para mostrar la falsedad de esta creencia publicando en su cuenta de Instagram cientos de fotografías de personas que murieron a causa de suicidio tomadas poco antes del hecho trágico. El diario La Nación se hizo eco de esta campaña. Allí podemos ver chicos y chicas sonrientes y relajados que, sin embargo, poco tiempo después murieron a causa de suicidio. A todos nos cuesta creer que un ser querido pudiera estar pensando en el suicidio. Ya sea por familiaridad o por negación incluso las señales más evidentes suelen pasar desapercibidas para los convivientes. Y, por supuesto, una sonrisa o una postura relajada nos tranquiliza. Queremos creer que todo está bien. Pero esta falsa tranquilidad es peligrosa. Para cuidar a nuestros seres queridos no deberíamos esperar a que las señales sean evidentes. Tal vez nunca lo sean. Es necesario establecer canales de diálogo y confianza mutua siempre, incluso cuando una sonrisa tranquilizadora nos está diciendo que no pasa nada. Deberíamos generar espacios de escucha segura donde hablar de temas difíciles sea posible. Deberíamos animarnos también a hablar sobre pensamientos suicidas, para que este tema deje de ser un tabú y los afectados se sientan en libertad de contar lo que les pasa. La campaña de Empesares es también una reivindicación para quienes transitan un duelo por el suicidio de un ser querido que, además del dolor que esto implica, muchas veces son señalados con miradas acusadoras que parecieran decir “seguro que no lo cuidaste lo suficiente”. El suicidio es siempre una decisión de otro. Hablar puede ayudar cuando se logran generar estos espacios de diálogo y cuando el otro acepta la ayuda. Pero el pensamiento suicida muchas veces transcurre en silencio y bajo una fachada de aparente normalidad. Es muy difícil detectarlo y, a veces, imposible detenerlo. Agradecemos a la Asociación Civil Empesares por este trabajo que ayuda a desmitificar una creencia tan peligrosa. Ver también: La escucha activa en la Prevención del Suicidio Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas
- Hay preguntas que salvan vidas
El suicidio sigue siendo un tema tabú. Uno de esos temas del que nos dicen: “de eso no se habla”. Además existe una creencia generalizada según la cual “hablar del suicidio es peligroso porque puede inducir al acto”. Quienes sostienen esta idea pueden respaldarse en estudios científicos que midieron la incidencia negativa de la prensa amarillista al tratar el tema del suicidio (efecto Werther). Debemos admitir que en parte tienen razón: Hablar irresponsablemente del suicidio podría ser contraproducente. Sin embargo, hoy tenemos suficiente evidencia, y así lo reconocen todas las organizaciones para la prevención del suicidio, de que hablar del suicidio responsablemente no sólo no induce al acto sino que ayuda a prevenirlo (efecto Papageno). En base a toda esta evidencia. la Asociación Colombiana de Psiquiatría y el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia lanzaron una original campaña de prevención del suicidio bajo el lema: “Prevenir es preguntar” Ver detalles en Infobae. La campaña consiste en hacer, y proponer a las personas que hagan a sus contactos cercanos, una pregunta que aún nos resulta incómoda: ¿Pensaste en suicidarte? Para formular esa pregunta hace falta recorrer un camino previo que comienza con mostrar interés por lo que al otro le pasa y por lo que siente, además de generar un vínculo de confianza mutua para que el otro no se ponga a la defensiva. Sin embargo, todo ese camino vale la pena. Si todos nos preocupáramos por el otro, al menos por nuestros seres queridos o contactos más cercanos, si nos animáramos a hablar sobre estos temas, entre todos estaríamos construyendo una red de contención mutua que actuaría como un verdadero antídoto contra el pensamiento suicida. Como dice la original campaña colombiana para la prevención del suicidio: Hay preguntas que salvan vidas, y vos podés hacerlas. ¿Cómo te sentís? ¿Te está pasando algo? Te noto raro/a, ¿querés contarme? ¿Te sentís mal? ¿Pensaste en suicidarte? Tomar por costumbre hacer estas y otras preguntas de este tipo, no solo ayudará a que nosotros y nuestros seres queridos estemos más seguros frente al riesgo de suicidio, también mejorará nuestros vínculos. Ver también: Prevención Comunitaria del Suicidio Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 8
Justificación: Otro motivo muy frecuente por el que muchas personas y familias ocultan el suicidio de un ser querido es la vergüenza. Como el suicidio es un tema tabú del que no se suele hablar, la desinformación es muy profunda. Muchos creen que se trata de un fenómeno que rara vez ocurre y suponen que solo podría pasar en familias muy disfuncionales o en personas con serios problemas mentales. Por eso, cuando nos toca a nosotros la muerte de un ser querido a causa de suicidio, quedamos desorientados, nos preguntamos por qué nos pasó justo a nosotros, por qué ocurrió en nuestra casa. Ni siquiera imaginamos que es una de las causas de muerte más frecuentes y que le puede pasar a cualquiera. Todos nuestros prejuicios se nos vuelven en contra. Imaginamos a nuestros vecinos comentando, “qué clase de locos viven en esa casa?” O bien: “seguro que no lo supieron cuidar”. En momentos de dolor preferimos ahorrarnos esas acusaciones, para lo cual decidimos ocultar las verdaderas causas de la muerte. Consecuencia: El ocultamiento no solo impide a familiares y amigos canalizar su dolor de la forma más natural que es hablar de lo que nos pasa, sino que, además, refuerza el tabú que pesa sobre el tema del suicidio bloqueando la posibilidad de que otras personas, que podrían estar transitando situaciones difíciles en sus vidas, puedan pedir ayuda hablando de sus fantasías de muerte o pensamientos suicidas. Ambos efectos solo aumentan el riesgo de suicidio para familiares y allegados supervivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. Realidad: Si bien es cierto que, a pesar de todo el trabajo de difusión y concientización que realizaron las asociaciones civiles para la prevención del suicidio y los grupos de supervivientes, el tabú sobre el tema del suicidio aún persiste, por lo que algunas personas, por ignorancia o falta de empatía, podrían responsabilizar o culpar a los supervivientes por el suicidio de su ser querido. De a poco esta realidad está cambiando. Cada vez son más las personas que comprenden la situación de los supervivientes y están dispuestas a brindar escucha, contención y acompañamiento sin juzgar a los familiares o allegados. Aún así, si creemos que en nuestro entorno cercano podrían no entendernos o incluso lastimarnos con sus comentarios, hablar de lo que nos pasa y lo que sentimos al respecto sigue siendo necesario. Por eso, en estos casos, recomendamos acudir a un terapeuta, un religioso u otra persona que pueda escucharnos sin prejuicios; o bien participar de un grupo de duelo o grupo de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 4 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 5 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 6 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 7
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 7
Justificación: Uno de los sentimientos más frecuentes propios del duelo por el suicidio de un ser querido es el miedo a que la tragedia se repita en la familia. Lamentablemente, este miedo no es completamente infundado. Es sabido, y las estadísticas así lo registran, que los familiares cercanos de las personas que mueren a causa de suicidio tienen mayor riesgo de incurrir en conductas suicidas. Ya sea porque conozcamos esta realidad o porque intuitivamente sepamos que la conducta suicida puede ser imitada, tendemos a ocultar las causas del fallecimiento. En muchos casos este ocultamiento se convierte en un verdadero secreto familiar, no se menciona la causa de la muerte, o directamente ya no se habla del difunto. Consecuencias: Si bien es cierto que el riesgo de suicidio es mayor entre los supervivientes al suicidio de un ser querido, no hablar sobre el tema no es la mejor manera para reducirlo, sino todo lo contrario. El silencio impide a los dolientes elaborar su duelo en el seno familiar. Además los priva de la posibilidad de recibir la escucha, contención y acompañamiento que podrían estar necesitando y refuerza la idea de que el suicidio o los pensamientos suicidas son cuestiones de las que deberíamos avergonzarnos, impidiendo también la posibilidad de buscar ayuda fuera de la familia. Como vemos, no hablar del suicidio no solo no nos protege sino que más bien aumenta el riesgo. Realidad: Los familiares y amigos de las personas fallecidas a causa de suicidio necesitan hablar sobre lo sucedido para elaborar su duelo. Si además, el dolor despierta en ellos fantasías de muerte o pensamientos suicidas, un contexto empático donde pudieran hablar de lo que les está pasando siendo realmente escuchados y sin temor a ser juzgados es la mejor manera de manejar la situación a nivel comunitario, además del tratamiento psicológico que siempre es recomendado cuando existen estas fantasías o pensamientos. Hablar del suicidio y del pensamiento suicida con naturalidad, como parte de la realidad humana, sirve además para abrir canales de comunicación en la familia y fuera de ella. Esto llevaría a que cualquier miembro que estuviera atravesando una etapa difícil de su vida y sufriera por pensamientos suicidas o fantasías de muerte, se sienta autorizado a buscar ayuda sin avergonzarse por ello. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 4 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 5 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 6
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 6
Justificación: Muchos de los que perdimos a un ser querido a causa de suicidio sentimos que nuestra vida se terminó con la suya. Podemos recordar momentos felices vividos en el pasado, pero tenemos la sensación de que ni esos momentos ni nada parecido volverá a ocurrir. Todo este dolor y toda esta desesperanza incluso lleva a muchos supervivientes a pensar ellos mismos en el suicido. Aún cuando, pasado un tiempo, aparezcan en nuestras vidas situaciones que podrían generarnos alegría, nos negamos a disfrutar esos momentos. Como si un poco de felicidad en nuestras vidas representara, de algún modo, una traición a la memoria de nuestro ser querido fallecido a causa de suicidio. Como si no nos sintiéramos merecedores de volver a ser felices. Nos aferramos a nuestro sufrimiento, también, como una forma de apaciguar nuestro sentimiento de culpa recibiendo un castigo que creemos merecido. Consecuencias: El dolor por la pérdida de un ser querido es natural en cualquier duelo. Mostrar nuestra aflicción a otros dolientes es una forma elemental pero efectiva de comunicarnos emocionalmente y afianzar vínculos desde un sentimiento compartido con otros dolientes que también necesitan sentirse acompañados. Sin embargo, quedarnos atascados en ese dolor por mucho tiempo no es bueno para nosotros ni para otros supervivientes. Todas las conductas humanas son pasibles de ser imitadas, para bien o para mal. Si elegimos quedarnos en el sufrimiento, otros compartirán al menos una parte de nuestro sentir. Especialmente cuando ese sufrimiento está relacionado con un suicidio, el riesgo de que la conducta suicida se repita por identificación e imitación será mayor para nosotros y para nuestros seres queridos. Realidad: Como dijimos, cuando muere un ser querido a causa de suicidio sentimos un dolor que pareciera ser para siempre, pero los testimonios de sobrevivientes, luego del tiempo necesario, nos dicen otra cosa. Elaborar el duelo por la pérdida de un ser querido a causa de suicidio no es fácil ni rápido, con frecuencia requiere de terapia para trabajar sentimientos muy perturbadores como la duda o la culpa. Sin embargo, y aunque la vida de quienes transitamos ese camino nunca vuelve a ser igual, la recuperación suele ser mucho más amplia de lo que imaginamos en un principio. En algún momento podemos recordar a nuestro ser querido fallecido a causa de suicidio con una evocación dulce y sin esa angustia que nos atormentaba los primeros meses. Podemos valorar al que se fue por toda su vida y no solo por su última decisión. Podemos aceptar que no somos responsables por las decisiones de otro y que, en todo caso, si cometimos errores fue porque somos humanos y porque no disponíamos de la experiencia de vida que tenemos ahora. Podemos perdonar y perdonarnos. En algún sentido nos sentimos más sabios o más sensibles. Y, por supuesto, podemos disfrutar de la vida y vivir momentos de felicidad plena como el resto de las personas. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 4 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 5
- La lucha diaria contra el pensamiento suicida
El suicidio es algo que, sin darme cuenta, empezó de a poco a formar parte de mis pensamientos recurrentes. La primera vez que lo sentí muy fuerte fue un viernes cuando tenía 14 años. En ese entonces ya venía muy golpeado por muchas cuestiones familiares demasiado complejas como el abandono de una madre, la violencia de un padre y varios abusos sexuales. Así y todo seguí estudiando y pude terminar casi en tiempo y forma el secundario. En algún momento recuerdo sentir una gran angustia. No eran los tiempos de ahora. Me acuerdo que, no se como, me llegó la noticia de que había un lugar por Olivos donde uno podía ir a conversar. Tomé el colectivo pero no pude bajar por el miedo ya que esto quedaba dentro de una villa. Ese creo que fue el primer pedido de auxilio. A mis 18 años comencé terapia, tuve suerte porque esta psicóloga fue excelente y me ayudó muchísimo a entender lo que me pasaba. A mis 23 años tuve un amor no correspondido y ahí tuve mi primer intento de suicidio. Lo recuerdo como un momento en donde lo que quería era desaparecer a como dé lugar. Me encontraron y me llevaron a un hospital. Luego, a los 5 años, volví a tener otro episodio amoroso y ahí fue peor. Recuerdo que fue muy premeditado y sentía una gran necesidad de desaparecer por ese gran dolor. Luego de años, volví a caer y nuevamente otro intento, ahí estuve internado en una clínica psiquiátrica. No sentí que me haya ayudado en algo, si me estabilizaron pero luego lo sentí como una pérdida total de tiempo. Hoy hago terapia, la considero necesaria, estoy a la espera de que me llamen de un grupo para personas con estos sentimientos continuos de querer terminar con la vida. Sé que no tuve una vida fácil, y no quiero victimizarme. Así y todo pude hacer cosas con mi vida, estudié, me capacité y soy referente para muchas personas. Sigue habiendo un infierno en mi cabeza que de a poco va aquietándose. Algo que quiero recalcar que me parece importante, es que a veces nos pasan cosas terribles y eso que nos pasa merece ser trabajado. El problema es que es complejo encontrar un profesional de la salud mental que encaje con uno, a mi me costó muchísimo. Hace un tiempo volví a caer y nuevamente mi familia se preocupó, nuevamente esas ganas de desaparecer... de a poco voy saliendo, no es fácil. Lo que siento es que hay un vacío, algo pasa en la sociedad que quizás no está preparada para darse cuenta cuando una persona está mal y llega a ese punto en el que piensa en quitarse la vida. Gracias a este espacio he leído muchas experiencias que son muy enriquecedoras y nos ubican en un lugar en donde encontramos en el otro algo que a uno le pasa y eso da mucha tranquilidad porque uno se siente acompañado. Gracias por leerme. Ver también: Asistencia Primaria en caso de Emergencia por Riesgo de Suicidio Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 5
Justificación: Otro sentimiento, lamentablemente muy frecuente entre los supervivientes de la pérdida de un ser querido a causa de suicidio, es la culpa. Repasamos una y otra vez los últimos momentos compartidos con el difunto. Nos cuestionamos repetidamente: “¿Y si le hubiera dicho esto?”, “¿Y si no le hubiera dicho lo otro?”, “¿Por qué no hice esto?”, “¿Por qué hice lo otro?, “¿Cómo no me di cuenta antes?”. Culparnos por la muerte a causa de suicidio de nuestro ser querido cumple una función de autocastigo: queremos sentirnos mal porque creemos que no merecemos sentirnos bien. Por eso mismo seguimos pensando en el pasado en búsqueda de supuestas alternativas totalmente incomprobables y absolutamente inútiles frente al imperio de los hechos consumados. Consecuencias: Toda esta autoincriminación no solo representa un sufrimiento inútil para quien la padece sino que también lo pone en una situación de bloqueo emocional frente al resto de sus seres queridos que también son supervivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. Tan absorbidos podemos quedar por la culpa, tan obsesionados con lo que ya fue y no podrá cambiar, que podríamos no darnos cuenta de que a nuestro alrededor hay otras personas que también sufren y que eventualmente podrían estar también en riesgo de suicidio. Esa actitud de vivir mirando hacia atrás podría impedirnos ver lo que pasa a nuestro alrededor, prestar atención, escuchar y escucharnos entre los que aún luchamos por la vida. Realidad: Los testimonios de personas que pensaron seriamente en el suicidio o que incluso sobrevivieron a un intento de suicidio nos enseñan que en esa etapa del proceso el sujeto está “desconectado” del mundo, sumido en su propio sufrimiento, poco le importa lo que digan o hagan las personas a su alrededor. Además, en la mayoría de los casos, estas personas se vuelven verdaderos especialistas en ocultar sus síntomas: pueden incluso mostrarse activos y alegres. Incluso para los profesionales es muy difícil darse cuenta cuando una persona piensa seriamente en el suicidio. Para los familiares o allegados, la tarea de detectar las pocas señales que pudieran escapar al ocultamiento e intervenir adecuadamente es mucho más difícil, entre otras cosas por la familiaridad que nos hace ver como naturales ciertos comportamientos que no lo son. No estamos diciendo que el suicidio no se pueda prevenir (ver prevención comunitaria de la conducta suicida). Pero debemos diferenciar aquí entre “prevenir” y “evitar”. La prevención reduce el riesgo de que algo ocurra, pero no puede garantizar que pese a las precauciones tomadas, lo que intentamos prevenir no suceda de todos modos. Por ejemplo, las medidas de seguridad vial previenen accidentes de tránsito (reducen el riesgo), pero pese a todas estas precauciones, los accidentes de tránsito, en menor número, seguirán ocurriendo. Lo mismo es aplicable a la prevención comunitaria del suicidio. Por otra parte, aún admitiendo que tal vez cometimos errores, o que seguramente cometimos errores porque somos humanos y por nuestra inexperiencia, es injusto, e incluso cruel, juzgar nuestros errores del pasado a la luz de nuestros conocimientos actuales. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 4
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 4
Justificación: La pregunta “¿Por qué lo hizo?”, suele dar vuelta en la cabeza de quien sufre por la pérdida de un ser querido a causa de suicidio. La duda puede llegar a carcomer las conciencias de los supervivientes al punto de convertirse en una verdadera tortura. Por algún motivo necesitamos una respuesta, como si poder relacionar el suicidio de nuestro ser querido con una determinada “causa” pudiera aliviar nuestro dolor. Frente a este estado de cosas, y frente al hecho incuestionable de que la persona que queremos hizo algo que, desde nuestra lógica, no tiene sentido. La primera respuesta que nos viene a la mente es que no estaba en sus cabales, que algún tipo de enfermedad mental lo llevó a ese fatídico desenlace. Muchas veces a esta presunción se le suman algunos síntomas previos, como cambios inexplicables de sus conductas habituales, también incomprensibles, el hecho de que ya estuviera visitando a un terapeuta o a un psiquiatra, o algún diagnóstico del que nos hayamos enterado. Todos estos indicios nos llevan a una conclusión simple: “Se suicidó a causa de su enfermedad mental”. Esta respuesta además de simple puede ser tranquilizadora, ya que si otros de nuestros seres queridos no comparten el mismo diagnóstico, podemos concluir que están libres del riesgo de suicidio. Sin embargo, como veremos, esta conclusión apresurada siempre es, al menos en parte, falsa, y además puede ser peligrosa. Consecuencias: Asociar el suicidio de una persona con un determinado trastorno mental, o con la enfermedad mental en general, no es diferente a asociarlo con otras supuestas “causas”. Lo único que consigue es favorecer los procesos de identificación e imitación aumentando así el riesgo para otras personas cercanas, que por su particular historia de vida pudieran estar en una situación vulnerable frente al pensamiento suicida, y por su propia enfermedad mental podrían sentirse identificados, se sientan de algún modo justificadas por el difunto para seguir sus pasos y realizar un intento de suicidio. Realidad: Como decimos siempre, el suicidio es multicausal y el resultante de toda una historia de vida que tiene como únicos protagonistas aparentemente necesarios, un sufrimiento que parece insoportable y el auto-convencimiento de que no existe otra salida o alternativa para aliviar ese sufrimiento. La prueba de que la enfermedad mental no es causa suficiente para explicar o justificar un suicidio es la inmensa mayoría de personas que padecen trastornos mentales, incluso graves, y no llegan ni siquiera a pensar en el suicidio; así como también los innumerables casos de intentos de suicidio en personas sin diagnóstico de trastorno mental. La enfermedad mental, especialmente algunos trastornos específicos como la depresión mayor, el trastorno bipolar y la esquizofrenia, debe ser tomada como un factor de riesgo, es decir, una circunstancia que junto con otras podría aumentar el riesgo de que una persona incurra en conductas suicidas, pero nunca como una “causa” que por sí sola pretendiera explicar un fenómeno complejo como el suicidio. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 3
Justificación: Muchos supervivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio necesitamos encontrarle una explicación a su conducta suicida. Esa explicación o justificación nos sirve muchas veces para reconciliarnos con el difunto y “perdonarle” el enorme dolor y sentimiento de abandono que nos provocó con su decisión. Es casi siempre por eso y porque nos angustia la duda de no saber “¿por qué lo hizo?”, que empezamos a buscar explicaciones simples: “porque tuvo una infancia difícil”, “porque estaba enfermo”, “porque el amor de su vida lo abandonó”, “porque sufría penurias económicas”, etc. Más allá de que algunas de estas explicaciones fáciles pudieran haber actuado como factores de riesgo o incluso como disparadores de la conducta suicida, debemos evitar pensarlas o expresarlas como causas únicas o principales, no solo porque simplificar de este modo el proceso suicida es incorrecto sino también porque es peligroso. Consecuencias: Asociar un acto suicida a una causa en particular pretendiendo de ese modo explicarlo o justificarlo solo favorece los procesos de identificación e imitación en personas vulnerables. Es decir, cualquiera que se sienta identificado con la causa o razón mencionada, por ejemplo, haber tenido una infancia difícil. Se sentirá de alguna manera habilitado para el pensamiento o el comportamiento suicida. Después de todo, si otro lo hizo por la misma causa, por qué no podría hacerlo también. Por este motivo, este tipo de justificaciones o explicaciones simples aumenta el riesgo de suicidio entre los supervivientes. Realidad: Hoy en día todos los especialistas y asociaciones para la prevención del suicidio alrededor del mundo aceptan que el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal que acontece precedido de un largo proceso (ver el proceso suicida) y que las supuestas “causas” que a menudo se mencionan suelen ser solo uno más de los múltiples factores de riesgo que intervienen en un proceso suicida en particular. O, a lo sumo, un disparador, es decir, el último pensamiento que atormentó al difunto, la gota de agua que desbordó el vaso, nunca una causa. La prueba viviente de que un solo acontecimiento o circunstancia no sirve para justificar o explicar un suicidio son la gran mayoría de personas que habiendo padecido ese acontecimiento o circunstancia (por ejemplo una infancia difícil), no se suicidan. Otra forma de verlo es imaginar al proceso suicida como una balanza de platillos. En un lado se van sumando las innumerables vicisitudes que inevitablemente nos tocarán transitar durante nuestra vida, del otro los recursos y habilidades que vamos aprendiendo para hacerle frente a estas vicisitudes. El riesgo se incrementa cuando los problemas superan en mucho a los recursos inclinando la balanza hacia el pensamiento suicida, pero aún en estas circunstancias, nos queda la posibilidad de pedir ayuda y de este modo acercar más recursos. Por eso, si necesitamos una explicación para el suicidio de un ser querido, lo más simple que podemos decir, sin alejarnos mucho de la realidad, es que las vicisitudes acumuladas a lo largo de su vida le generaron un sufrimiento que se tornó insoportable porque no supo o no pudo procurarse los recursos necesarios para afrontarlas o pedir ayuda a tiempo. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1 Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2
- Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 2
Justificación: En algún momento del duelo por la muerte de un ser querido a causa de suicidio, la pena y la culpa por no haber sabido o podido evitar ese desenlace pueden ser tan intensos que muchos de los supervivientes pensamos también nosotros en el suicidio como una alternativa válida a tanto sufrimiento. Por suerte, en la gran mayoría de los casos, nuestro natural instinto de supervivencia nos impide llevar al acto esos pensamientos. Sin embargo, desde el dolor no lo vemos así, con mucha frecuencia sentimos que no tenemos el coraje necesario para hacerlo. Por oposición, con frecuencia pensamos que nuestro ser querido si lo tuvo, que fue muy valiente al llevar al acto sus pensamientos suicidas. También suele suceder que los sobrevivientes nos sentimos, además de dolidos, abandonados, y que culpemos al difunto por habernos causado con su decisión tanto sufrimiento. Nos enojamos con nuestro ser querido fallecido a causa de suicidio porque pensamos que, pese a su propio dolor, tendría que haber aguantado, tendría que haber hecho frente a sus problemas, no tendría que habernos dejado con tanto dolor pensando solo en su persona, sentimos que lo que hizo fue un acto cobarde. Ambos calificativos “valiente” o “cobarde” no solo son, como veremos, inapropiados, sino que también pueden ser peligrosos. Consecuencias: Al asociar el calificativo de “valiente” al acto suicida estamos generando una imagen romántica y edulcorada del comportamiento suicida y, como sabemos, esto puede generar procesos de identificación e imitación en nosotros mismos o en otras personas vulnerables. No hay problema en pensar o decir que nuestro ser querido fue valiente en relación a otras acciones de su vida, pero asociar cualquier valoración positiva al acto suicida solo aumenta el riesgo de suicidio para nosotros y para nuestros seres queridos. Asimismo, asociar el calificativo de “cobarde” al pensamiento o al comportamiento suicida solo alimenta el tabú que pesa sobre el tema del suicidio haciendo que quienes sufren por sus pensamientos suicidas sientan vergüenza y eviten hablar sobre lo que les pasa o lo que están sintiendo, bloqueando así toda posibilidad de conseguir la ayuda que necesitan. El análisis de los testimonios de personas que sufrieron pensamientos suicidas muy intensos o incluso llegaron a intentar un suicidio nos muestra que ambos calificativos son inapropiados. Realidad: Como dijimos, lo que nos cuentan quienes estuvieron al límite de pensar seriamente en el suicidio con intenciones claras o incluso llegaron al intento, es que en esos momentos de enajenación emocional no sienten que lo que están por hacer sea una decisión valiente o cobarde, no sienten que estén decidiendo nada, simplemente sienten que no tienen alternativas. En los últimos momentos no pueden medir las consecuencias de sus actos en el dolor que le provocarían a sus seres queridos, están demasiado sumergidos en su propio dolor como para poder evaluarlo. Tampoco imaginan su acción como un acto heroico merecedor de aplausos, simplemente no pueden ver otras opciones. Una acción valiente o cobarde requiere de una premeditación en la que el sujeto asume la responsabilidad de sus actos. Como vemos, esto no existe en el acto suicida, por lo que los calificativos de valiente o de cobarde resultan totalmente inapropiados. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio Mitos frecuentes entre supervivientes a la muerte de un ser querido por Suicidio: Mito 1











