Suicidio ONG
Un lugar de encuentro para personas afectadas por el drama del Suicidio
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- Tabaquismo y suicidio
El 31 de mayo se conmemora el día Mundial sin Tabaco con el objeto de generar conciencia sobre los efectos negativos del hábito de fumar sobre la salud y la esperanza de vida de fumadores activos y pasivos. De hecho, el tabaco es responsable de 8 millones de muertes anuales en todo el mundo (48.000 sólo en Argentina). Sin embargo, podríamos preguntarnos por qué la prevención de los efectos negativos del cigarrillo es de interés en un blog de prevención del suicidio. Tabaquismo y suicidio se relacionan de varias formas. Por empezar, varios estudios indican que existe una correlación directa entre la conducta suicida y el hábito de fumar. Es decir, los fumadores, además de los riesgos de enfermedades potencialmente mortales a las que se exponen, también están sujetos a un mayor riesgo de cometer suicidio... o tal vez, las personas con tendencias suicidas tienen mayor riesgo de incurrir en el hábito de fumar. La relación causal entre ambas circunstancias aún no está suficientemente estudiada, pero es posible que sea una interacción de ida y vuelta. Mas allá de esto, el vínculo entre el suicidio y el tabaco podría ser aún más directo. Después de décadas de concientización sobre los peligros del cigarrillo para la salud y la vida, podría inferirse que todos los fumadores, o al menos una gran parte de ellos, son conscientes de que su esperanza de vida se verá reducida debido a su hábito de fumar. En función de esto, el acto de fumar cumpliría con el criterio para ser considerado un parasuicidio. Es decir, una conducta auto-lesiva con independencia de su intencionalidad o letalidad. Pero además, el hábito de fumar sería el parasuicidio más letal que existe, ya que ninguna otra conducta humana voluntaria lleva a la muerte a 8 millones de personas cada año. Sin embargo, la relación entre el consumo de tabaco y el suicidio no termina ahí. Al igual que el pensamiento suicida, el hábito de fumar suele iniciarse y sostenerse en una profunda insatisfacción emocional. Sabemos que el cigarrillo genera con el tiempo una dependencia de tipo químico, por eso mismo hace falta una gran fortaleza emocional para dejarlo. Los problemas son similares, no hay duda. Tampoco hay duda de que ambos problemas llevan potencialmente a la muerte. Pero las soluciones también pueden ser similares. Desde muchas asociaciones para la prevención del suicidio, entre ellas Hablemos de Suicidio ONG, pudimos comprobar que la fortaleza emocional necesaria para luchar contra el pensamiento suicida persistente se consigue construyendo redes de apoyo. De ahí la efectividad de los grupos de ayuda mutua que también resultaron efectivos frente a adicciones. Por eso, para este 31 de Mayo, todos, pero especialmente los fumadores, tomemos conciencia de que fumar es una forma de suicidarse lentamente y de la importancia de buscar ayuda y formar redes para dejar ese hábito tan dañino. Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Día mundial sin Tabaco en Infobae Tabaco y suicidio en psiquiatría.com
- Escribir para no morir a causa de suicidio
Es difícil aceptar que uno convive con una enfermedad mental. Con un enemigo susurrando al oído cosas que un cerebro sano no podría entender. No es esquizofrenia. No existe alucinación, solo el deseo de terminar con algo tan valioso como tu vida misma. No importa cuán feliz deberías estar, no importa si eres rico, pobre, bello o feo, chico o grande, desafortunado o con toda la suerte del mundo...He estado al borde de la muerte tantas veces que ya lo tomo con naturalidad. ¿Qué me detiene?: mis hijos, mí familia y la escritura. Al día de hoy llevo casi 15 años viviendo en un lugar al que no pertenezco, al menos así lo siente mi cabeza. Ignoro cuál fue el detonante (porque entiendo que siempre existe uno) que me arrastró a sentirme vacío incluso cuando se supone estoy lleno del amor de mi familia, de un trabajo estable y una salud buena. No he sufrido mal de amores, digamos que quien hizo sufrir quizás haya sido yo. He tenido una infancia feliz dentro de lo que considero cómo felicidad. Sin tirar manteca al techo he tenido lo suficiente, lo necesario. En algún momento dejé de sentir, claramente. Vi pasar la vida, las relaciones, los triunfos y los fracasos en blanco y negro, la vida se torno insípida. No recuerdo las veces que he sonreído sinceramente ni las que he llorado con el alma compungida. Me sentí muerto miles de veces con la diferencia de que aún respiraba y eso me hacía sentir extraño, confundido. He intentado saltar cientos de veces pero siempre hay algo que me detiene, la voz de mi hijo de tres años, las inseguridades de mi otro hijo de 15 en plena adolescencia y la falta de autogestión de mi esposa para manejar las cosas de la casa. También la escritura me detuvo. Le he contado a mis hojas todas las sensaciones mustias de mi alma, le he confiado mi dolor por vivir, mi anhelo por aquello del otro lado. He muerto allí tantas veces siendo yo tantos personajes. He escrito sobre aquellos que me lloran, los imagino. He escrito sobre ese dolor que no es mío sino de ellos. Mí madre llorando al lado de un féretro sin saber por qué morí, mis hijos desbastados sin saber qué sucedió...por suerte esa tristeza termina apenas dejo de leer y sigo del otro lado vivo. Acepto que esto no se va, pero escribir me hizo morir sin morir y vivir con esa sensación de eterna inmortalidad. Soy casi un vampiro escribiendo sus crónicas, un muerto contando sus aventuras. Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Homenaje a Luisa, fallecida a causa de suicidio en 1991
Mi madre, como yo la conocí, era una persona triste y solitaria, que no ocultaba sus pensamientos suicidas en el entorno familiar, aunque cuidaba las apariencias para el afuera. Sin embargo, no siempre fue así. Sus hermanas, que vivieron con ella hasta sus 18 años, cuentan que era una chica alegre, optimista y decidida, la más aventurera de la familia, la única que se animó a dejar su pequeño pueblo en España y cruzar el océano en busca de una vida mejor. ¿Qué pasó con ella? ¿Cómo esa joven emprendedora se transformó en poco tiempo en una mujer taciturna y desesperanzada? En las fotos más viejas que tengo, que son las de su casamiento, ya tiene ese gesto adusto que la acompañaría el resto de su vida. Tal vez extrañaba su tierra o a sus seres queridos. Tal vez su matrimonio con un hombre apuesto, galante y seductor no resultó como ella esperaba, en especial desde que ese hombre, mi padre, comenzó a mostrarse mujeriego, autoritario y violento. Tal vez los mandatos rígidos de su crianza pueblerina en España no le permitieron imaginar alternativas. Un poco de todo eso repetía en sus largas letanías matutinas. Mi abuelo le enseñó el “valor del sacrificio”, eso lo repetía a diario y lo mostraba con el ejemplo, pero nadie le enseñó a disfrutar. Solo trabajaba, rezaba y lloraba. Esa era su vida. Aprendí de ella rectitud y honestidad, también a reconocer que el esfuerzo rinde frutos. Pero tuve que aprender por mi cuenta el equilibrio, que la vida no puede ser todo esfuerzo y sacrificio, que escuchar nuestros anhelos profundos es importante para mantenernos con vida. Ella no pudo aprenderlo. Mi infancia fue difícil, no por la depresión de mi madre sino por la violencia de mi padre. Pero me puedo llamar afortunado porque conocí esa sensación tan reconfortante de sentirse amado. Mi mamá fue la única persona que me amó en forma incondicional. Vivió, literalmente, para mí y para mis hermanos. Éramos su única razón para existir. Estoy seguro de que cuando se fue no imaginó el daño que nos estaba causando; pensó que estaríamos mejor sin ella, a menudo lo decía. Pero no resultó así: perderla fue como perder una parte de mí mismo. Desde su ausencia conocí el sinsentido y la ideación suicida. Por fortuna pude aprender por mi cuenta otro recurso que ella tampoco supo enseñarme: que el sentido de la vida se construye en relación con otras personas, que no sirve aislarnos y disimular nuestra angustia, que hablar en un ambiente contenedor sana. Es por ella y también en agradecimiento a quienes me brindaron escucha y contención cuando las necesité, que desde hace más de 10 años me dedico activamente a la prevención del suicidio desde la escucha activa. Durante mucho tiempo estuve enojado con mi madre por haberme abandonado. Conocer el infierno en el que ella vivió me sirvió para entender, aunque no a justificar su decisión. Con el tiempo comprendí que no me abandonó, que la llevo adentro mío, que camino a su lado y que me guía. Somos como dos personas viviendo en un mismo cuerpo. Vivo por mí, vivo por ella y amo la vida. Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Hablemos de Suicidio cumple sus primeros seis meses
Parece que hubiera pasado mucho más tiempo por tantas acciones comunitarias realizadas y tantas experiencias compartidas, pero fue hace solo seis meses. El 26 de octubre de 2022 nos reunimos los primeros socios activos de Hablemos de Suicidio ONG en una escribanía de la ciudad de Buenos Aires para firmar nuestra acta constitutiva que, formalmente, dio inicio a una nueva Asociación para la Prevención del Suicidio. A esta iniciativa se sumaron nuevos socios, voluntarios y participantes. Entre todos hemos dado forma, consolidado y extendido la propuesta de que el tema del suicidio deje de ser un tabú. En estos seis meses transcurridos pudimos inscribir la asociación civil en la Inspección General de Justicia, cómo así también en la Afip, cerrar nuestro primer balance, incorporar 8 nuevos socios activos, algunos socios adherentes, y celebrar nuestra primera asamblea ordinaria. Nuestro sitio web tuvo un crecimiento vertiginoso: recibe en la actualidad a más de 1.000 nuevos visitantes cada mes y tiene más de 5.000 vistas de páginas mensuales, lo que lo convierte en el tercer sitio web de prevención del suicidio más visitado en el país. Establecimos así un canal de comunicación con la comunidad desde donde respondimos miles de consultas. Todo este crecimiento en la difusión, que también se verifica en nuestras redes sociales, nos permitió convocar a un grupo de voluntarios que donan generosamente al menos tres horas semanales de su tiempo para formarse en la ayuda mutua y la escucha activa. Nueve de ellos ya recibieron formación y participan como coordinadores en nuestros Grupos de Ayuda Mutua, en los que ya hay más de 250 participantes inscriptos. Algunos concurren asiduamente a alguna de nuestras reuniones por zoom y otros sólo cuando lo necesitan, pero todos saben que tienen un lugar donde serán escuchados desde una actitud empática y libre de prejuicios. En este tiempo también conformamos un Equipo Transdisciplinario de voluntarios con experiencia y trayectoria en coordinación de grupos o asistencia a personas que se ocupan de la formación continua de los voluntarios y de la mejora de todos nuestros servicios comunitarios. Paralelamente gestionamos un Blog en el que semanalmente publicamos novedades, testimonios, conmemoraciones y reflexiones que ya cuenta con más de 600 suscriptores; un Foro donde todos los visitantes pueden escribir libremente sus propias reflexiones o compartir material que consideren útil para la prevención del suicidio que ya tiene más de 100 miembros. Asimismo, recientemente estamos organizando Charlas Abiertas a la Comunidad sobre temas relacionados con la Prevención del Suicidio. Hicimos mucho en muy poco tiempo, pero sabemos que aún no alcanza para llevar contención a tantas personas angustiadas, preocupadas o dolidas por el drama del suicidio. Por ello, seguiremos apostando al crecimiento, con más difusión, incorporando más voluntarios, formándonos cada vez mejor para crear más y mejores grupos de ayuda mutua, realizar más y mejores acciones comunitarias y así llegar a más gente que pudiera necesitar nuestra escucha, nuestra contención y nuestro acompañamiento. Ver también: Suscribite a Nuestro Blog sobre Prevención del Suicidio Sumate al Voluntariado en Prevención del Suicidio Informate sobre nuestros Grupos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Acompañarse en el dolor para transitar duelos por suicidio
Un sábado de diciembre de 2019 por la tarde, recibí una llamada diciendo "Ignacio se suicidó" Ese día había escuchado su voz, hicimos planes para cenar juntos más tarde, y esta noticia paralizó mi mundo. Mi hijo puso fin a su vida. ¿Qué faltó? ¿Qué sobró? La culpa me hundió en un duelo doloroso que creía imposible de superar. No digo que ya lo haya logrado, pero dos años después mi llanto ya no me sepulta, puedo respirar. Los primeros meses fueron los más terribles y angustiosos: no quería ayuda, me negaba a cualquier tipo de tratamiento o atención, solo quería a mi hijo a mi lado. Me llené de rabia, impotencia, egoísmo, soledad y aislamiento. Mis hijas y esposo me cubrían con amor, ellos también sufrían pero a mi no me importaba. No quería morir, tampoco vivir, estaba muy mal. Ignacio tenía 28 años, estaba casado y era padre de un hijo. Había quedado sin trabajo formal, pero iniciamos un emprendimiento familiar con el que nos iba muy bien. Recuerdo haber tenido ideas de venganza porque mi hijo había descubierto la infidelidad de su esposa. De ahí en más todos los esfuerzos que hicimos no alcanzaron. Jamás imaginamos que cometería tal acto, y fue eso justamente lo que me hizo sentir tan culpable. Soy pastora evangélica. Un día una mamá me pidió ayuda. Su hijo había fallecido también por suicidio. ¿Ayudar? ¿Cómo podría? Hablé con ella. Estaba tan enojada con su hijo que comenzamos a hablar mucho y llorar, sentíamos que podíamos tratar el tema mil veces sin cansarnos. Nos pusimos de acuerdo en aceptar ayuda. Así se inició el camino de la recuperación. Empezamos a escribirnos, o a hablar a diario, buscamos ayuda profesional y, sobre todo, pude volver a la fuente de mi vida, a Dios. A raíz de la muerte de mi hijo estudié suicidología y actualmente trabajo con diferentes grupos asistiendo a familias que atraviesan esta dolorosa problemática. Conocer más sobre el tema del suicidio y servir a otros me ayudó a salir de la cápsula del egocentrismo y dar sentido a lo que no lo tiene. Trabajo con otras familias, y esas familias trabajan conmigo. La escucha activa fue determinante. Mi esposo y mis hijas me han rodeado de cuidados, silencio y paciencia, ellos son la razón de mi alegría en medio del dolor. Sin embargo, muchas veces nos pasa que a nuestro alrededor se cansan de vernos llorar, o hablar de nuestra persona amada. Cuando la escucha es con interés, no importa si no tienen nada para decirnos, sabemos que oyen lo que decimos, que toman el peso de nuestro dolor, que el silencio no es un cumplido sino una gran consideración. Vivir es la opción. Y sobrevivir a una muerte por suicidio es mi elección, hoy comprendo que se puede morir de muchas maneras y mi modo era una. Sobrevivir es elegir estar vivos en medio de tanto dolor, es llorar sin hundirse, es avanzar cuando no se tiene claro a donde ir. Sobrevivir es sonreír y reír sin olvidar. Sobrevivir es saber que no se deja atrás a quien ya ha llegado a su destino, el cielo. No puedo justificar la decisión de nuestro hijo, pero puedo comprender que yo no debo ir por ese camino, que hay recursos para enfrentar las agobiantes situaciones que nos rodean, solo debemos tomarnos de ellas. Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- ¿Qué artículos sobre suicidio estamos replicando?
En Hablemos de Suicidio insistimos en la necesidad de que se hable más sobre el tema del suicidio para que deje de ser tabú, para que otros se animen a contar lo que les pasa y de esta manera las personas vulnerables puedan acceder a la escucha, contención y acompañamiento que necesitan. Sin embargo, en esta buena intención de hablar más sobre el suicidio, ¿vale todo? Las investigaciones científicas y las organizaciones internacionales nos dicen que no. Hace tiempo que se conoce el efecto Werther o efecto Copycat según el cual ciertas publicaciones acerca del suicidio no solo no tienen efecto preventivo sino que pueden inducir a algunas personas vulnerables con ideación previa a que lleven sus pensamientos suicidas al acto. Incluso se conocen cuales son los elementos concretos de estas publicaciones que generan este efecto de identificación e imitación. En base a esto, la OMS y las autoridades de salud pública de varios países elaboraron recomendaciones para el tratamiento del tema del suicidio en los medios masivos de comunicación. Ver Cómo Hablar Responsablemente del Suicidio. Sin embargo, y a pesar de estas recomendaciones, con mucha frecuencia nos encontramos con artículos periodísticos (especialmente cuando ocurre la muerte a causa de suicidio de algúna persona famosa) donde no son tenidas en cuenta. Muy a menudo se brindan explicaciones simplistas del suicidio, por ejemplo: “se sabe que hace tiempo estaba deprimido”. Como si el simple hecho de estar deprimido pudiera causar un suicidio. Esto es como decirle a miles de lectores deprimidos: “vieron: la depresión es razón suficiente para suicidarse”, ignorando el hecho de que la gran mayoría de las personas que sufren depresión no se suicidan y ni siquiera piensan en el suicidio. El sólo hecho de resaltar el suicidio de una persona famosa, que la audiencia ve como “exitosa”, puede generar un efecto de imitación. Es como decir: “si él se suicidó con todos los logros que obtuvo en su vida, que te queda a vos?”. Cuando en realidad las imágenes públicas de las personas famosas suelen ser construcciones que tienden a mostrar con más énfasis sus logros que sus fracasos. En realidad son personas comunes que sufren los mismos padecimientos que sufrimos todos. Son frecuentes también los detalles innecesarios que parecieran justificar el suicidio como: “vivía solo”, “tenía conflictos familiares”, “se había alejado de sus amistades”, etc., que también pueden generar identificación en personas vulnerables y que no se hubieran mencionado si no existiera el hecho consumado que pretenden justificar. Por no hablar de la descripción de los métodos utilizados u otros detalles morbosos que podrían generar imitación. Sabemos por qué, a pesar de las recomendaciones, los medios públicos de comunicación incurren en todas estas prácticas: lo morboso vende. Podemos entenderlo aunque no lo justificamos. La pregunta que nos hacemos aquí es otra. ¿Por qué nosotros consumimos y ayudamos a difundir ese material periodístico amarillista? La audiencia siempre tuvo un papel importante en la elección de la línea editorial de los medios masivos de comunicación. A fin de cuentas nosotros somos los que consumimos y de algún modo pagamos sus servicios. Ellos trabajan para nosotros. Desde el advenimiento de las redes sociales el rol de la audiencia se acrecentó. Por un lado resulta más fácil para los medios masivos de comunicación conocer los gustos de su audiencia y, además, la audiencia pasó a ser parte activa en la difusión de las noticias desde sus propias cuentas en redes sociales. Debemos entonces asumir esta responsabilidad y cuidar muy bien qué materiales consumimos y replicamos. Esto no significa que no debamos consumir, replicar o incluso generar materiales que hablen del suicidio. Por el contrario. Así como existe el efecto Werther de identificación o imitación de la conducta suicida, también existe en efecto Papageno que señala la identificación e imitación de conductas de superación frente al pensamiento suicida. Por eso, especialmente para las personas vulnerables o que están sufriendo pensamientos suicidas, es importante que se hable de los recursos y experiencias de aquellos que habiendo pasado por lo mismo o estando actualmente en lucha con sus pensamientos suicidas logran algún progreso o mantienen la esperanza de lograrlo. Ver también Cómo Hablar Responsablemente del Suicidio Blog sobre Prevención del Suicidio Tu Testimonio de Superación en relación al Suicidio
- 2 de Abril - Día Internacional para la concientización sobre el autismo
El autismo es uno de los desórdenes del neurodesarrollo más frecuentes, afectando a aproximadamente el 2% de la población. Además, diversos estudios asocian el autismo a un mayor riesgo de entrar en depresión, tener pensamientos suicidas e incluso intentar o cometer suicidio. Se estima que el riesgo de suicidio en personas con autismo es al menos tres veces superior a la media de la población, por lo que el autismo es considerado como un factor de riesgo de la conducta suicida. Sin embargo, esta es solo una forma de ver las cosas. Los autistas son vistos como “personas raras” por la población no autista a causa de sus rasgos particulares de carácter o comportamiento. En base a esto y al prejuicio que nos lleva a despreciar o al menos a alejarnos de todo lo que es diferente a lo conocido, con demasiada frecuencia, las personas con autismo son discriminadas, aisladas o incluso hostigadas en sus interacciones sociales. Si bien es cierto que a los autistas les resulta más difícil que a otras personas desarrollar habilidades sociales, desde la otra parte, es decir desde la comunidad, la respuesta que reciben a sus intentos de socializar suele ser la indiferencia o la agresión. Visto de este modo, el origen del aislamiento, la depresión y los pensamientos suicidas de los autistas no es el autismo en sí, sino un medio social poco inclusivo o a veces hostil. Vivimos en una época signada por la reivindicación de los derechos de las minorías a ser incluidas y a recibir un trato igualitario. Los autistas también están dando esa batalla, tal vez con menos herramientas que otros grupos minoritarios pero no con menos anhelo de justicia. El objetivo debería ser una sociedad donde nadie sea discriminado y donde, por el contrario, las diferencias sean valoradas. En el caso particular del autismo no resulta fácil reconocerlos. Entre los adultos con autismo, muy pocos están diagnosticados, por lo que ni siquiera ellos mismos se reconocen como autistas, sin embargo, la actitud de no discriminar se puede aplicar de cualquier modo. La próxima vez que interactuemos con una persona "rara”, no pensemos en los diagnósticos, simplemente, brindémosle un trato igualitario y apreciemos sus “rarezas”. Lo que nos hace diferentes unos a otros es también lo que nos hace únicos, por lo que siempre debe ser valorado. Si construimos un medio social más inclusivo, no solo las personas con autismo se verán beneficiadas con mayor integración social y un menor riesgo de suicidio. Incluir la diversidad nos enriquece a todos de muchas maneras diferentes. Ver también: Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- 30 de Marzo - Día Mundial del Trastorno Bipolar
El trastorno afectivo bipolar (TAB) es una de las afecciones mentales más frecuentes. Lo sufre entre el 2 y 3% de la población. Además, es la sexta causa de discapacidad y uno de los principales factores de riesgo de la conducta suicida. Se estima que el riesgo de muerte a causa de suicidio para estos pacientes supera el 15% (entre diez y veinticinco veces mayor que el promedio de la población). Sin embargo, el trastorno afectivo bipolar es también una de las afecciones mentales para las que existen más y mejores recursos terapéuticos. Una persona que sufre este trastorno, correctamente medicada, puede por lo general, llevar una vida tranquila, feliz, productiva y sin riesgo de suicidio. ¿Qué sucede entonces? ¿Por qué el trastorno afectivo bipolar, en el siglo XXI, sigue causando discapacidad, pérdidas económicas, problemas en las relaciones, aislamiento y pensamientos suicidas? El primer problema es el diagnóstico. Más de la mitad de las personas que sufren TAB no están diagnosticadas. Al no contar aún con marcadores biológicos el diagnóstico se basa en la entrevista clínica que debe hacerse con una mirada longitudinal. El principal síntoma del TAB es el cambio en el estado de ánimo, eso difícilmente se vea en una entrevista corta en la que el paciente solo habla de lo que le preocupa, que suele ser la depresión. Las fases maníacas, o no son registradas o no son consideradas como un problema por los pacientes. Por este motivo muchos pacientes con TAB son diagnosticados erróneamente con depresión unipolar. Aún en los casos en que el médico llega al diagnóstico correcto, el siguiente paso es que el paciente lo acepte. Todas las enfermedades mentales están estigmatizadas en nuestro medio social, pero en particular el TAB suele ser asociado con la locura por lo que el diagnóstico es con frecuencia resistido por los pacientes que pueden cambiar de profesional en búsqueda de un diagnóstico más benigno o que sea más fácil de aceptar para sus propios prejuicios. El problema es que un diagnóstico equivocado lleva a un tratamiento equivocado. El tercero y tal vez más grave de los problemas para que los pacientes con TAB dispongan de los recursos que necesitan y así puedan llevar una vida plena es el apego al tratamiento. El TAB no siempre es desagradable para quienes lo padecen. Es más, muchas personas con TAB manifiestan que por momentos se sienten más que bien, muy bien. Los estabilizadores de ánimo reducen la intensidad de los picos depresivos pero también la vivacidad de esos momentos de euforia. Muchos pacientes pueden “extrañar” esos episodios o al menos sentirse lo suficientemente bien como para pensar que ya no necesitan medicamentos. Lamentablemente, el precio que suele pagarse por esta decisión suele ser muy alto. Para que más personas afectadas por el TAB puedan acceder a los tratamientos adecuados y sostenerlos, es necesaria una mejor formación del personal médico en los métodos específicos de diagnóstico, una toma de conciencia a nivel comunitario para erradicar los tabúes sobre las enfermedades mentales y sobre el TAB en particular y un apoyo familiar y comunitario que ayude a los pacientes con TAB a sostener su tratamiento. Para esto último existen grupos de ayuda mutua específicos que organiza FUBIPA. En Hablemos de Suicidio tenemos nuestros propios grupos de ayuda mutua que, si bien no son específicos para TAB, pueden brindar escucha, contención y acompañamiento a pacientes bipolares con pensamientos suicidas. Entre todos podemos lograr que estos cambios ocurran y así conseguir un mejor pronóstico de vida para los pacientes bipolares y además, reducir el riesgo de suicidio para estas personas. Fuentes: FUBIPA https://www.elsevier.es/es https://www.clinicbarcelona.org Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas
- Acción comunitaria para visibilizar a las víctimas de suicidio
Un mural…700 nombres…700 personas… Tiempo después del fallecimiento de mi hijo Facundo a causa de suicidio, una amiga me comentó de Jess Browne, mamá de Nacho y creadora de Empesares. Ella, junto a su prima Cintya Castañeda, licenciada en Psicología, decidieron, con mucho amor, reunir a un grupo de Psicólogas voluntarias con el fin de contener y visualizar a familiares de víctimas de suicidio. Y así fue que armaron grupos para padres, hermanos e hijos que habían perdido a su ser querido por esta causa. Hace ya casi un año que nos reunimos virtualmente todos los lunes a las 20 hs con nuestra querida psicóloga Carolina, donde nos escucha y asiste amorosamente. Entre nosotras nos entendemos, nos acompañamos, nos cuidamos. Con sólo vernos en la pantalla y charlar de nuestras emociones, nos alivia el alma. Nos necesitamos, quien mejor que alguien que haya pasado por lo mismo para entendernos? El pasado viernes 10 de marzo y el sábado 11, la artista Silvia Kuhn y un grupo de colaboradores, estuvieron trabajando en la realización de un mural sobre la visualiza- ción de la salud mental. El mismo fue luego trasladado a una pared gentilmente donada por una óptica de la localidad de Pilar, provincia de Buenos Aires. Allí nos invitaron a colocar el nombre de nuestro ser querido en un mosaico que forma parte del mural. Este será el primero de muchos que se realizarán en el país. Ver también Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- El largo camino para procesar un suicidio
Un día de 1995, pasado el mediodía, el sol enorme de ese otoño se oscureció, y el frío me cubrió hasta el alma por muchos años. En casa mirábamos a Nico por TELEFE mientras mi madre en la otra habitación tendía las camas. Un hombre que fue compañero de mi padre en la comisaría cuando él trabajaba en el pueblo se acercó a decirle a mi madre que mi padre estaba en el hospital y que la hacía llamar. No supe qué pensar. Nunca antes había visto que mi padre ,que ya no vivía con nosotras, haya requerido atención médica. Lo más que lo había visto requerir eran algunas pastillas para mejorar algún resfrío o una crema por haberse quemado con el sol. Mi madre se cambió de ropa y fue al hospital. No había pasado media hora cuando llegó una de las hermanas de mi madre llorando a gritos, diciendo que mi padre había muerto. Me dijo que armara el bolso, que nos íbamos. Yo buscaba sin saber que buscaba entre las ropas, mientras pensaba "no es cierto, seguro se equivocó, por qué viene a decir semejante cosa". Escuchaba y no podía entender qué sucedía. Mi cabeza era un caos, temblaba y una mano invisible aprisionaba mi corazón tanto que me costaba respirar...Más tarde viajé con otras de mis tías. Cuando llegamos a la sala velatoria, salió a recibirme uno de mis tíos, hermano de mi papá. Me abrazó, temblaba como una hoja, lloraba como un niño perdido. Llegué a verlo en el cajón. No era mi padre, no podía reconocer a ese hombre, a ese cuerpo tieso y pálido que tenía vendada la cabeza. Mi padre, el que yo recordaba, tenía tanta vida, siempre con una enorme sonrisa, una mirada dulce y luminosa. Todo el tiempo espere que ingresara por alguna puerta a aclarar esa farsa. No llegó. Mi padre vivía con una pareja, cuentan que discutieron y que él decidió quitarse la vida con su arma reglamentaria ya que era policía. Sobre su muerte solo se hablaba despacio, murmurando entre dientes. Nosotros, sus hijos, no sabíamos y no podíamos hablar del tema. De alguna manera estaba prohibido pronunciar la palabra suicidio en voz alta o preguntar sobre el tema. Yo era la mayor de sus hijas cuando se suicidó. Tenía tan solo 14 años de edad y me llevó 14 años más tramitar su muerte. En ese lapso pensé que estaba loca por mi recurrencia a la tristeza profunda o mis pensamientos de muerte, hasta creía verlo en otros uniformados que de lejos se le parecían. En algún momento fui a un psicólogo famoso en mi pueblo porque en aquellos años era el único. Recuerdo que le contaba que no sabía que estudiar porque en casa no había dinero, y que ingresar a la policía era lo más rápido para solucionar lo económico pero tenía miedo de terminar como mi padre, con una bala en la cabeza. Ese profesional no supo escuchar lo que le decía, ni tratar lo que me angustiaba. Me alentaba a ingresar a la policía ya que, según él, yo era una enana que en hombros de esa institución gigante iba a lograr lo que quería. No pudo ayudarme. Pasaron muchos años para que en otra ciudad encontrara a quien fue mi psicóloga por cuatros años. Acudí a ella por pesadillas y miedos nocturnos. Terminamos hablando de mi padre a quien no había enterrado ni llorado como debía. Por fin pude responder cuando me preguntaban sobre cómo había muerto, ya sin un nudo en la garganta, sin decir con voz robótica "ataque cardiaco”, “paro cardiorrespiratorio" u otra cosa similar. Pude, con mi psicóloga, llorar, hablar todo lo que necesitaba, asumir que se suicidó y que ello no era ni condena ni maldición para que sucediera un nuevo suicidio en la familia. Antes de conocer a la psicóloga que pudo ayudarme conocí varios profesionales. En mi familia fue motivo de chiste que haya recorrido tantos. Pero esa psicóloga me escuchó, me acompañó en el proceso de duelo, validó mis emociones, mis tristezas, mi enojo y mi desesperanza, como parte del mismo proceso de duelo, sin patologizar mis vivencias. Tuvo paciencia y me enseñó con ello a respetar mis tiempos, que no era un camino rápido y directo, que estaba bien si un día no podía avanzar o regresaba muchos casilleros atrás. Buscamos juntas estrategias en las temporadas que la angustia no me permitía hablar. Para poder trabajarlos en terapia, recurrió a escribir mis sueños, llevando fragmentos de libros o películas. También me ayudó a identificar lo que me salvaba la vida, como mi gusto por la lectura de libros o los amigos que pude hacer. Actualmente me siento bien, a veces sigo extrañando y deseando estar, aunque sea unos minutos, con mi papá. Se terminaron las pesadillas que tenía con él, los pensamientos intrusivos fueron desapareciendo, no se extinguieron pero son más fáciles de identificar. Elegí estudiar psicología. Me queda rendir los exámenes finales de tres materias para recibirme. En estos momentos no estoy trabajando. Fui mesera, niñera, cuidadora de adultos mayores, vendedora de ropa y ama de casa. No quise ser policía. Sigo temiendo a las armas de fuego. Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- El poder de la Fe para superar traumas y prevenir el suicidio
Tengo 52 años, soy encargada de edificio y madre de 3 hijos. Soy la mayor de 9 hermanos con un padre abusivo que se fue cuando tenía 11 años. Mi responsabilidad como mayor fue hacerme cargo de mis hermanos a esa edad. Sumado al trauma del abuso y la necesidad que vivía en su momento comencé con deseos de no querer vivir y a los 14 años tomé unas pastillas que me hicieron sólo dormir. Luego de un tiempo había ideado para cortarme las venas con una Gillette pero no me animé. Así comencé con mis ideas he intentos suicidas. A los 25 años me casé, un poco huyendo de mi casa y de la situación que ahí vivía. Todo comenzó bien hasta que, con el tiempo, él se volvió agresivo y ahí ya tenía a mis hijos mayores. También entonces tomé pastillas para dormir. Esa vez estuve mal por dos días porque me dormí, pero a su vez me planchó y los pensamientos empezaron a ser más frecuentes; pero estaban mis hijos. Una tía me llevó a una iglesia evangélica y ahí me ayudaron mucho. Tuve mi tercer hijo y mis pensamientos fueron cambiando. Me divorcié hace 10 años, con muchos conflictos, fue muy estresante pero logré salir y no volví a pensar en el suicidio. Ve también Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- La importancia de aceptarse a una misma para prevenir el suicidio
Mi infancia no fue tan fácil. No fui una hija deseada. Nací por accidente, diría mi madre. No supe que vivía con mi padre adoptivo hasta mis trece años cuando mi mamá me contó que había quedado embarazada de una relación casual a sus veinte años. Siempre tuve conflictos con mi madre. Es una persona fría que muchas veces actuó en forma cruel. Todavía a veces lo hace, sólo que ahora su intensidad disminuyó por la edad. Su madre era así también con ella, según sus constantes anécdotas familiares. Mi padre biológico resultó ser un conocido pero nunca nos acercamos como padre e hija. Siempre fui una nena callada y sumisa. Hacía lo que se esperaba de mí y me refugiaba en la lectura. En la adolescencia las cosas empeoraron porque mi mamá descargaba sus problemas conmigo. Creo que ella nunca dejó de ser adolescente, aún actúa buscando aceptación y comportándose de forma infantil. En mi adolescencia descubrí mi homosexualidad, pero me casé a los veinte años porque eso era lo que se esperaba de mí. Nació mi único hijo y me divorcié, ya asumiendo mi sexualidad, pero él intentó quitarme la tenencia por mi condición en un juicio que duró cuatro años. Mi familia siempre miró desde afuera lo que me sucedía. La jueza dictaminó a mi favor porque no había modo de comprobar mi homosexualidad. Obviamente, mi abogada me había aconsejado que lo negara porque los jueces podían tener prejuicios. Estoy hablando de algo que sucedió hace 30 años. Lamentablemente tuve que vivir en el mismo espacio que mi madre por cuestiones económicas. Así que sus constantes agresiones y su forma de tratarme son algo diario. Mi hijo creció y se fue a vivir a su propia casa. Yo tuve que quedarme porque el dinero no me alcanza para alquilar algo siquiera. Tuve una sola pareja después de mi divorcio pero se terminó después de siete años ya hace mucho tiempo. Mi crisis emocional coincidió con la mudanza de mi hijo. El nido vacío. Allá por el año 2014 fui a consultar a un neurólogo por desánimo y cansancio generado, quizás por conflictos laborales y familiares. Después de una breve conversación con el médico me "diagnosticó" depresión. También comenzó a recetarme medicamentos antidepresivos que hacía preparar en una farmacia de la Ciudad de Buenos Aires. En esas cápsulas también incluía Isoflavona, ya que por entonces iniciaba mis síntomas de pre-menopausia, (tengo 56 años) y otro producto que, según decía él, era para retardar el envejecimiento. Mi situación no mejoraba. En realidad empeoró. No podía dormir, así que me recetó algo para conciliar el sueño. Pero como no lograba mantenerme sin cansancio durante el día y yo trabajaba dos turnos, me recetó algo más para mantenerme activa. En 2015 comencé a tener desórdenes del sueño y pesadillas. Era incapaz de tener ánimo para trabajar, así que me dieron tareas livianas en la escuela. Dejé de estar frente a los alumnos. Soy docente a tiempo completo. Debo decir que estar ocho horas con colegas en un espacio reducido sin la alegría de mis alumnos no era lo ideal. Ese año el neurólogo que me atendía tuvo un problema familiar grave, paradójicamente uno de sus hijos se suicidó. Dejó de atenderme y tuve que acudir a una psiquiatra para que siguiera con mi tratamiento. La médica en cuestión no hizo más que transcribir en un recetario la misma medicación que ya tenía pero agregándole además Fluoxetina para nivelar mi ánimo. Fue entonces que comenzaron los pensamientos suicidas, cada vez más seguidos, cada vez peor. No podía levantarme, no comía, no podía ir a trabajar, tenía taquicardia y pesadillas. Quería que todo eso se terminara de una vez. Tengo dos gatitas y pensaba que tenía que "irme" con ellas porque nadie las iba a cuidar cuando yo no estuviera. Son muy asustadizas. Pensé en abrir las llaves de gas ya que en invierno ellas duermen dentro de la casa. Una noche llegué a escribirle una carta a mi hijo, que nunca le entregué, para despedirme. A fines del 2016, un día me di cuenta de que tenía que hacer algo porque a mi alrededor nadie notaba lo que me sucedía. En mi infierno sabía que tenía que hacer algo con la situación. A la mañana siguiente después de tomarme más de un comprimido y viendo que estaba en un estado límite llamé por teléfono para sacar un turno con otro psiquiatra, y me atendió al otro día. El nuevo psiquiatra me sacó la medicación para dormir y para mantenerme activa, me cambió el antidepresivo por Sertralina y me dijo que debía hacer tratamiento psicológico para acompañar la medicación. Hice terapia psicológica, la misma psicóloga se asombró por la cantidad de medicación que había estado tomando. Ese verano me fui de vacaciones con mi hijo, lo peor había pasado. La terapia me ayudó a ver a las personas y las cosas de otra manera; a aceptarme y a aceptar a los demás; a comprender y a poner distancia emocional de quienes sólo lastiman porque fueron lastimados, como mi madre, de la ignorancia, como mi ex esposo, o como el común de la gente que sólo discrimina y creen ser tan sanos; a aceptar que nadie es perfecto; y a elegir atender los conflictos sin desatender mi paz. Nunca más volví a sentirme mal ni a tener esos pensamientos horribles o esas pesadillas cuando lograba dormirme. A veces es necesario aceptarnos a nosotros mismos, amarnos a nosotros mismos. Elegir la luz, la paz. Mi modo es a través del arte, de la música, es otorgarme cada día espacios para la relajación sin dejar de vivir en el mundo real. Hoy por hoy evalúo si los que no nos acomodamos al mundo realmente estamos mal o si quizás solo nos tenemos que darnos a nosotros mismos espacios de liberación emocional, haciendo cosas que nos enciendan, otorgándonos la paz que este mundo parece querer arrebatarnos cada día. Nunca hasta ahora había podido contar toda mi odisea excepto a la psicóloga. Agradezco enormemente la oportunidad de poder contarlo. Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG











