Suicidio ONG
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- La vergüenza frente al pensamiento suicida
Algo que muchas personas no entienden sobre el pensamiento suicida, especialmente aquellos que te dicen: “No tenés que pensar en esas cosas”, es que es involuntario. Como doblarse un tobillo o resfriarse. Nadie lo busca, pero a veces nos pasa. Sin embargo, nadie se avergüenza de un resfriado o de un esguince de tobillo, pero sí de pensar en el suicidio. En realidad nos avergonzamos por mucho menos: Cuando alguien nos pregunta cómo estamos respondemos sin pensar: “Bien, gracias”. Hasta los más mínimos problemas emocionales nos dan vergüenza. En particular, pensar en el suicidio es muy vergonzante. Tanto es así que la mayoría de las líneas de asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas en el mundo ofrecen un servicio anónimo para que las personas se animen a hablar de lo que les está pasando. Prácticamente como si de confesar crímenes se tratara. Aunque sabemos que es algo bien distinto, que no somos culpables de lo que sentimos, que simplemente es algo que nos viene, que nos pasa. Además de la vergüenza, el pensamiento suicida genera otras emociones, casi siempre desagradables: preocupación, miedo, pérdida de la autoestima, etc. Pero la vergüenza ante el pensamiento suicida, en particular, es una emoción muy peligrosa, porque nos silencia, nos aísla, nos hace pensar que nadie puede entendernos o que a nadie le importa lo que nos está pasando y, en definitiva, nos impide pedir ayuda. Algunas veces la vergüenza es tan intensa que ni siquiera frente a un espejo podemos confesar lo que sentimos. Yo en particular pasé casi una década negando y negándome mis pensamientos suicidas, tapándolos con trabajo y otras formas de evasión. Incluso cuando la presión fue insoportable y el miedo a cometer un acto suicida fue mayor que la vergüenza, busqué ayuda tímidamente, tratando de que nadie se entere. Recién hoy, tres décadas después de mis primeros pensamientos suicidas y razonablemente recuperado, me doy cuenta de que el silencio es peligroso, no solo para mí mismo, también para otras personas que en estos momentos podrían estar pensando, como yo lo pensaba, que sólo a ellos les vienen estos pensamientos. Algunas estimaciones señalan que la mitad de los seres humanos tienen, tuvieron o tendrán pensamientos suicidas serios en algún momento de sus vidas. Sin embargo, de eso no se habla. Y no hablarlo no es gratuito: condena a todas esas personas a una situación de aislamiento amparada en la falsa creencia de que sólo a cada uno de ellos les pasa. Para que esto no siga ocurriendo debemos animarnos a hablar. De eso se trata Hablemos de Suicidio, de dejar la vergüenza a un lado, de empoderarnos y enorgullecernos de nuestras propias experiencias para ayudarnos y a su vez ayudar a otros, de reconocernos y reconocer a otros como sobrevivientes de nuestros propios pensamientos suicidas y, desde la fortaleza que nos genera esta nueva visión, comenzar a derribar el tabú que pesa sobre el tema del suicidio y que nos mantuvo aislados y en silencio por tanto tiempo. Ver también Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- El largo camino de la recuperación desde el pensamiento suicida
Prácticamente toda mi vida tuve pensamientos suicidas. La primera vez que lo pensé tenía once años. Estaba muy decidida a morir, no a esa edad, sino más adelante. Tenía asumido que no iba a pasar de los veinticinco años o, al menos, que no llegaría a los treinta. Allí mismo mi mamá me mandó a terapia con una psicóloga que me hizo descubrir esa profesión y me hizo decidir estudiarla yo también. Salí renovada de ese tratamiento, con otra perspectiva... No duró mucho. Cinco años después me veía inmersa en una relación abusiva con una pareja que me trajo ganas de atentar contra mi vida otra vez. Dejarlo no era opción porque le tenía terror, así que, prefería acabar con mi vida. Mis papás lo superarían algún día y él también. Ahí volví a terapia, volví a descubrirla y volví a tener esperanzas que tampoco fueron para siempre. A mis veinte años la dinámica de mi familia cambió muchísimo, tanto que no la pude soportar. Retomé terapia aunque estaba decidida a morir. Me faltaba descubrir cómo, porque la idea ya la tenía. Me daría pena por mi gato y en última instancia por mis papás, pero tenía fe de que lo superarían algún día. Toqué fondo un domingo a la noche cuando llamé a mi psicóloga para despedirme. Tuvimos una charla larga, muy larga, en la que me derivó con una psiquiatra. Debo decir que estas dos mujeres me salvaron la vida y al día de hoy les agradezco mucho seguir acá. ¿Qué hay para aprender de esto? No lo sé, pero yo aprendí que siempre hay gente dispuesta a escucharte, a la que le interesas de verdad (aunque pienses que no), a que uno no quiere dejar de vivir, sino dejar de sufrir... Que el suicidio es una decisión permanente para un problema temporal. Me refugié en mis gatos, el tratamiento psiquiátrico (del qué ya fui dada de alta exitosamente), en la terapia y en mi familia. Todos los días agradezco no haber tomado esa decisión porque por suerte mi vida cambió para bien. Aún falta, como todo, pero ya no estoy dónde estaba antes. ¿Saben lo importante que es eso? Hoy no estamos dónde estábamos antes, significa que seguimos avanzando, que nos seguimos moviendo, y, para hacer eso, hay que ser fuerte. Muy fuerte. Las buenas llegan. Te lo juro Ver también Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- La soledad frente al suicidio
Hace un año exactamente, a esta misma hora, me encontraba en la playa solo, perdido, cansado y roto en mitad de la noche. Había bebido mucho porque llegué a un punto que no soportaba estar conmigo mismo. Con mis pensamientos, con esa vocecita que no paraba en todo el día desde hacía semanas. Esperaba que se calle, y a veces lo hacía y sentía una pequeña victoria, pero al día siguiente hablaba aún más alto. Y me cansé, recuerdo aún ese sentimiento de hartazgo y esa falsa sensación de paz cuando lo decidí. Siempre he sido muy independiente, quizás porque la vida me obligó a serlo, pero aún así intenté pedir ayuda a las dos personas que sentía más cercanas. Nadie vino a salvarme. Y fue muy duro. Estar con el agua hasta la cintura, a punto de perder la consciencia por el alcohol, roto y con dos ríos de lágrimas imparables, y darme cuenta de que no iba a venir nadie. Que solo yo podía salvarme. Y dolió, cada paso hacia la orilla dolió y costó como una vida, porque en ese momento lo fácil habría sido cerrar los ojos y abandonarse. Pero aquí estoy. Un año después. Y aunque ha sido uno de los años más duros de mi vida, porque la vida es lo que tiene, también ha habido momentos buenos y me han hecho ser consciente de lo fuerte que soy. Desde ese día la voz se ha ido. Y si vuelve a aparecer le diré: quizás el año que viene. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Procesar la culpa en un duelo por suicidio
¿Y si le hubiera dicho esto?, ¿o aquello? ¿Y si no le hubiera dicho esto otro? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Por qué no supe interpretar esa señal? ¿Por qué hice esto? ¿Por qué no hice lo otro?... Todas estas preguntas y otras más por el estilo dan vueltas por la cabeza de los que perdimos a un ser querido a causa de suicidio, algunas veces durante años. Detrás de cada una de ellas se esconde la culpa, una culpa profunda, muchas veces inconfesable y que puede llegar a ser desgarradora. De nada sirven las explicaciones, por muy razonables que parezcan: “fue su decisión”, “no podemos hacernos responsables de la vida de otro”, “nadie se puede imaginar una cosa así”, “hiciste lo que pudiste en su momento con las herramientas que tenías”, “no tenemos que juzgar el pasado con los recursos de hoy”, etc. La culpa es un sentimiento visceral, no escucha razones ni explicaciones, simplemente se siente en las entrañas. Y además es un sentimiento muy destructivo y peligroso. A mí me llevó al pensamiento suicida. Procesar la culpa puede ser un proceso largo y tortuoso, puede incluso durar el resto de nuestras vidas. No obstante siempre hay cosas que se pueden hacer. No tengo una receta, solo puedo comentar los recursos que yo usé en mi propio proceso a partir de la muerte de mi madre a causa de suicidio, cuáles me fueron útiles y cuáles no. Negación: La culpa por la muerte de un ser querido a causa de suicidio puede ser una carga imposible de soportar, y la negación puede ser un mecanismo necesario para seguir adelante. He conocido a personas que, pese a la evidencia, niegan directamente los hechos. La palabra “suicidio” es muy intimidante, porque de una forma u otra siempre nos lleva al lugar de la culpa o a la necesidad de dar explicaciones. Es más fácil asumir que nuestro ser querido murió por otra causa. En mi caso nunca negué el suicidio de mi madre pero sí busqué explicaciones que me dejaran afuera de la historia, como su enfermedad mental o las relaciones enfermizas dentro del seno familiar. Simplemente no me hice cargo y me enfoqué en generar un contexto diferente mirando hacia adelante. Todo eso me mantuvo ocupado durante diez años. La culpa estaba pero la negación la mantuvo a raya. Hasta que un día explotó con una fuerza acumulada por diez años. Ahí fue cuando aparecieron mis propios pensamientos suicidas y decidí buscar ayuda. Afrontamiento: La terapia y dos grupos de ayuda mutua me sirvieron para aceptar los hechos y mi responsabilidad en ellos. No es que esto disuelva la culpa, por el contrario, la muestra en carne viva, pero la verdad es el primer paso para el perdón. Y asumir nuestra historia sin maquillaje es un paso necesario para perdonarnos a nosotros mismos. No es un proceso lineal ni sencillo, a mí me llevó otra década llegar a un lugar en el que razonablemente me había perdonado. Reparación: Una de las cosas que descubrí en mi etapa de afrontamiento es que el pasado y la muerte son irreversibles. Por más vueltas que le diera lo que pasó, ya pasó, lo que haya hecho o dejado de hacer quedará así, y mi madre seguirá muerta. Nada de eso lo puedo cambiar. Pero si levanto la mirada puedo ver que hay muchas personas que están sufriendo y tal vez padeciendo pensamientos suicidas ahora mismo. A todas esas personas, o al menos a algunas, puedo brindarle la escucha, la contención y el acompañamiento que no le supe dar a mi madre. Así comencé a trabajar como voluntario en asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas. Ayudar a otros brinda una paz y una satisfacción tan profundas que sólo quien lo experimenta puede entenderlo. Hoy ya hace once años que trabajo como voluntario en prevención del suicidio en varias asociaciones civiles y mi compromiso con la causa es cada vez mayor. Sin embargo, el voluntariado que se ejerce desde la reparación no deja de ser una carga. Si durante todos estos años me hubiesen preguntado porqué trabajé como voluntario, hubiera respondido: “se lo debo a mi madre”. Liberación: La liberación completa de la culpa la logré gracias a los grupos de Ayuda Mutua de Hablemos de Suicidio. No sabría explicar del todo cómo sucedió. Las primeras veces que compartí mi testimonio en el grupo lo hice de la forma más sincera que me salió, y en ese momento, eso significaba hacerme cargo de la muerte de mi madre. La culpa es un sentimiento muy extraño, se siente en soledad pero tiene mucho que ver con los otros. El pensamiento que subyace es “qué pensarán de mí los otros si supieran la verdad? Cuando uno cuenta la verdad, o su verdad tal como la sabe contar en cada momento, no frente a una persona sino frente a varias, y no pasa nada, la culpa se desvanece. Puede ser eso o puede ser este ejercicio que hacemos en cada reunión de mostrarnos vulnerables e imperfectos. Uno aprende a aceptar a los otros en toda su humanidad sin maquillaje y de ese modo aprende a aceptarse a sí mismo. Sea como fuera, hoy puedo decir que estoy orgulloso de mi historia. En primer lugar porque estoy vivo, y eso no todos lo logramos, y además porque supe transformar mi dolor en ayuda. En el futuro seguiré siendo voluntario en prevención del suicidio, pero ya no lo hago porque se lo debo a mi madre. Esa deuda ya está saldada. Lo hago por los otros, los que aún siguen sufriendo, y, fundamentalmente, lo hago por mí. Ver también: Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- El suicidio puede esperar
Tengo 51 años, a los 4 años fui abusada por mi abuelo materno. Desde que nací fui rechazada por mi madre. Me golpeaba hasta dejarme ensangrentada en el piso. A los 16 años ella intentó ahorcarme con sus propias manos. Salí corriendo desnuda hacia la avenida. Ese fue mi primer intento de suicidio. Me casé, con la excusa de salir de la casa de mis padres, con un hombre golpeador y alcohólico. Me dejaba sola tanto tiempo que mis vecinos al verlo en casa pensaban que era mi amante. Con dos hijos de 4 y 5 años, me sentía tan desolada y sin salida que planifiqué mi suicidio y pensé llevarme a mis dos hijos conmigo. Pensaba que el mundo no se merecía a dos seres tan bellos. Necesitaba terminar el sufrimiento para los tres. Con todo preparado me dije a mi misma..... "podría esperar un día más y disfrutar este día como el último y mañana veremos que pasa"... Un día a la vez, fueron pasando los días y los años, después de 10 años de terapia mi lema sigue siendo "Un día a la vez". En esos 10 años de terapia pude sanar a mi mamá. Fue duro todo lo que me paso pero no se puede vivir con tanto dolor en el alma. A los 38 años quedé viuda. También pude sanar lo que pasó con mi esposo, el padre de mis hijos. Mi mamá y mi esposo murieron con dos meses de diferencia entre uno y otro. Ella de leucemia y él de un infarto. El amor por mis hijos fue mi fuerza, y también lo fue el acompañamiento de amigas. La ayuda de profesionales no me dejó hundirme en la depresión. La meditación y la terapia ayudaron mucho. En la actualidad mi vida es justo como la imaginé: rodeada de afectos, tengo todo lo que merezco. Trabajé muy duro en mi persona para eso. Pude alejarme de la violencia en todas sus formas. Mis hijos tienen 25 y 23 años, los dos están muy bien y sanos. Mi relación con ellos es buena, construimos vínculos muy fuertes. Gracias por permitirme compartir mi experiencia, soy personal de salud y trabajo en Salud Mental. Su comunidad me ayuda a entender esta problemática que también fue mía hace algunos años. Participé de un zoom hace un tiempo y me fue de mucha ayuda escucharlos y participar. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Escapar con lo puesto para no morir a causa de suicidio
Tengo 50 años. La primera vez que intenté suicidarme tenía 12. Una vida de mierda. Una madre muy golpeadora. Viví mucha violencia en todos los aspectos por parte de ella. Mi vida tranquila era andar deambulando por las calles. Sufrí una violación, que siempre oculté, por parte de un policía. Hice pareja con un hombre mayor. Se suponía que estaría mejor y que comería a diario. Me llevaba 25 años, yo tenía 16 y él 41. La diferencia se hacía más grande al pasar los años. Y también la violencia de su parte. Tuve, gracias a él, dos intentos de suicidio. Dije basta. Una noche, con toda la violencia que él me hacía, abrí la puerta no miré atrás ni siquiera a mis tres hijos. Salí de ahí y no volví nunca más. Salí con lo puesto. Nunca pedí ni recuperé ni siquiera una ropa interior. Me fui en busca de vivir. Si, de seguir con vida, no en una vida en que moría cada día. Era muy tarde, el silencio de la noche me esperaba. Pisé la calle, respiré hondo y nunca giré a ver mi casa. Sabía que eso no era mío . Lo mío eran solamente mis pies, mi corazón y mi amor propio. Tenía 36 años. Sufrí violencia absoluta desde los 8 hasta los 36 años. Mis dos hijos más grandes se fueron conmigo. El más pequeño lo perdí. Tenía 12 años. Ese violento le dijo que le daría todo para que no lo dejara. Eso me partió el alma. Entré en depresión hasta que pude recuperarme. Tengo un hijo profesional, una hija con su vida, su casa y sus hijos. El niño que le dejé con su padre terminó siendo un delincuente. Estuvo 7 años preso. Este año salió ya hecho un hombre. Lo perdí cuando él tenía 12. A veces en el recuerdo lo busco con 12 años. Es como que en mi mente y mi corazón lo esperan con 12 años; y lagrimean mis ojos al no poderlo tener. Pero más allá de todo, hoy quiero vivir. Tengo tres hijos más y muchas ganas de vivir, abrazar, besar a mis hijos y acompañarlos en su crecer. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Tabaquismo y suicidio
El 31 de mayo se conmemora el día Mundial sin Tabaco con el objeto de generar conciencia sobre los efectos negativos del hábito de fumar sobre la salud y la esperanza de vida de fumadores activos y pasivos. De hecho, el tabaco es responsable de 8 millones de muertes anuales en todo el mundo (48.000 sólo en Argentina). Sin embargo, podríamos preguntarnos por qué la prevención de los efectos negativos del cigarrillo es de interés en un blog de prevención del suicidio. Tabaquismo y suicidio se relacionan de varias formas. Por empezar, varios estudios indican que existe una correlación directa entre la conducta suicida y el hábito de fumar. Es decir, los fumadores, además de los riesgos de enfermedades potencialmente mortales a las que se exponen, también están sujetos a un mayor riesgo de cometer suicidio... o tal vez, las personas con tendencias suicidas tienen mayor riesgo de incurrir en el hábito de fumar. La relación causal entre ambas circunstancias aún no está suficientemente estudiada, pero es posible que sea una interacción de ida y vuelta. Mas allá de esto, el vínculo entre el suicidio y el tabaco podría ser aún más directo. Después de décadas de concientización sobre los peligros del cigarrillo para la salud y la vida, podría inferirse que todos los fumadores, o al menos una gran parte de ellos, son conscientes de que su esperanza de vida se verá reducida debido a su hábito de fumar. En función de esto, el acto de fumar cumpliría con el criterio para ser considerado un parasuicidio. Es decir, una conducta auto-lesiva con independencia de su intencionalidad o letalidad. Pero además, el hábito de fumar sería el parasuicidio más letal que existe, ya que ninguna otra conducta humana voluntaria lleva a la muerte a 8 millones de personas cada año. Sin embargo, la relación entre el consumo de tabaco y el suicidio no termina ahí. Al igual que el pensamiento suicida, el hábito de fumar suele iniciarse y sostenerse en una profunda insatisfacción emocional. Sabemos que el cigarrillo genera con el tiempo una dependencia de tipo químico, por eso mismo hace falta una gran fortaleza emocional para dejarlo. Los problemas son similares, no hay duda. Tampoco hay duda de que ambos problemas llevan potencialmente a la muerte. Pero las soluciones también pueden ser similares. Desde muchas asociaciones para la prevención del suicidio, entre ellas Hablemos de Suicidio ONG, pudimos comprobar que la fortaleza emocional necesaria para luchar contra el pensamiento suicida persistente se consigue construyendo redes de apoyo. De ahí la efectividad de los grupos de ayuda mutua que también resultaron efectivos frente a adicciones. Por eso, para este 31 de Mayo, todos, pero especialmente los fumadores, tomemos conciencia de que fumar es una forma de suicidarse lentamente y de la importancia de buscar ayuda y formar redes para dejar ese hábito tan dañino. Ver también: Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Día mundial sin Tabaco en Infobae Tabaco y suicidio en psiquiatría.com
- Escribir para no morir a causa de suicidio
Es difícil aceptar que uno convive con una enfermedad mental. Con un enemigo susurrando al oído cosas que un cerebro sano no podría entender. No es esquizofrenia. No existe alucinación, solo el deseo de terminar con algo tan valioso como tu vida misma. No importa cuán feliz deberías estar, no importa si eres rico, pobre, bello o feo, chico o grande, desafortunado o con toda la suerte del mundo...He estado al borde de la muerte tantas veces que ya lo tomo con naturalidad. ¿Qué me detiene?: mis hijos, mí familia y la escritura. Al día de hoy llevo casi 15 años viviendo en un lugar al que no pertenezco, al menos así lo siente mi cabeza. Ignoro cuál fue el detonante (porque entiendo que siempre existe uno) que me arrastró a sentirme vacío incluso cuando se supone estoy lleno del amor de mi familia, de un trabajo estable y una salud buena. No he sufrido mal de amores, digamos que quien hizo sufrir quizás haya sido yo. He tenido una infancia feliz dentro de lo que considero cómo felicidad. Sin tirar manteca al techo he tenido lo suficiente, lo necesario. En algún momento dejé de sentir, claramente. Vi pasar la vida, las relaciones, los triunfos y los fracasos en blanco y negro, la vida se torno insípida. No recuerdo las veces que he sonreído sinceramente ni las que he llorado con el alma compungida. Me sentí muerto miles de veces con la diferencia de que aún respiraba y eso me hacía sentir extraño, confundido. He intentado saltar cientos de veces pero siempre hay algo que me detiene, la voz de mi hijo de tres años, las inseguridades de mi otro hijo de 15 en plena adolescencia y la falta de autogestión de mi esposa para manejar las cosas de la casa. También la escritura me detuvo. Le he contado a mis hojas todas las sensaciones mustias de mi alma, le he confiado mi dolor por vivir, mi anhelo por aquello del otro lado. He muerto allí tantas veces siendo yo tantos personajes. He escrito sobre aquellos que me lloran, los imagino. He escrito sobre ese dolor que no es mío sino de ellos. Mí madre llorando al lado de un féretro sin saber por qué morí, mis hijos desbastados sin saber qué sucedió...por suerte esa tristeza termina apenas dejo de leer y sigo del otro lado vivo. Acepto que esto no se va, pero escribir me hizo morir sin morir y vivir con esa sensación de eterna inmortalidad. Soy casi un vampiro escribiendo sus crónicas, un muerto contando sus aventuras. Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Homenaje a Luisa, fallecida a causa de suicidio en 1991
Mi madre, como yo la conocí, era una persona triste y solitaria, que no ocultaba sus pensamientos suicidas en el entorno familiar, aunque cuidaba las apariencias para el afuera. Sin embargo, no siempre fue así. Sus hermanas, que vivieron con ella hasta sus 18 años, cuentan que era una chica alegre, optimista y decidida, la más aventurera de la familia, la única que se animó a dejar su pequeño pueblo en España y cruzar el océano en busca de una vida mejor. ¿Qué pasó con ella? ¿Cómo esa joven emprendedora se transformó en poco tiempo en una mujer taciturna y desesperanzada? En las fotos más viejas que tengo, que son las de su casamiento, ya tiene ese gesto adusto que la acompañaría el resto de su vida. Tal vez extrañaba su tierra o a sus seres queridos. Tal vez su matrimonio con un hombre apuesto, galante y seductor no resultó como ella esperaba, en especial desde que ese hombre, mi padre, comenzó a mostrarse mujeriego, autoritario y violento. Tal vez los mandatos rígidos de su crianza pueblerina en España no le permitieron imaginar alternativas. Un poco de todo eso repetía en sus largas letanías matutinas. Mi abuelo le enseñó el “valor del sacrificio”, eso lo repetía a diario y lo mostraba con el ejemplo, pero nadie le enseñó a disfrutar. Solo trabajaba, rezaba y lloraba. Esa era su vida. Aprendí de ella rectitud y honestidad, también a reconocer que el esfuerzo rinde frutos. Pero tuve que aprender por mi cuenta el equilibrio, que la vida no puede ser todo esfuerzo y sacrificio, que escuchar nuestros anhelos profundos es importante para mantenernos con vida. Ella no pudo aprenderlo. Mi infancia fue difícil, no por la depresión de mi madre sino por la violencia de mi padre. Pero me puedo llamar afortunado porque conocí esa sensación tan reconfortante de sentirse amado. Mi mamá fue la única persona que me amó en forma incondicional. Vivió, literalmente, para mí y para mis hermanos. Éramos su única razón para existir. Estoy seguro de que cuando se fue no imaginó el daño que nos estaba causando; pensó que estaríamos mejor sin ella, a menudo lo decía. Pero no resultó así: perderla fue como perder una parte de mí mismo. Desde su ausencia conocí el sinsentido y la ideación suicida. Por fortuna pude aprender por mi cuenta otro recurso que ella tampoco supo enseñarme: que el sentido de la vida se construye en relación con otras personas, que no sirve aislarnos y disimular nuestra angustia, que hablar en un ambiente contenedor sana. Es por ella y también en agradecimiento a quienes me brindaron escucha y contención cuando las necesité, que desde hace más de 10 años me dedico activamente a la prevención del suicidio desde la escucha activa. Durante mucho tiempo estuve enojado con mi madre por haberme abandonado. Conocer el infierno en el que ella vivió me sirvió para entender, aunque no a justificar su decisión. Con el tiempo comprendí que no me abandonó, que la llevo adentro mío, que camino a su lado y que me guía. Somos como dos personas viviendo en un mismo cuerpo. Vivo por mí, vivo por ella y amo la vida. Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Hablemos de Suicidio cumple sus primeros seis meses
Parece que hubiera pasado mucho más tiempo por tantas acciones comunitarias realizadas y tantas experiencias compartidas, pero fue hace solo seis meses. El 26 de octubre de 2022 nos reunimos los primeros socios activos de Hablemos de Suicidio ONG en una escribanía de la ciudad de Buenos Aires para firmar nuestra acta constitutiva que, formalmente, dio inicio a una nueva Asociación para la Prevención del Suicidio. A esta iniciativa se sumaron nuevos socios, voluntarios y participantes. Entre todos hemos dado forma, consolidado y extendido la propuesta de que el tema del suicidio deje de ser un tabú. En estos seis meses transcurridos pudimos inscribir la asociación civil en la Inspección General de Justicia, cómo así también en la Afip, cerrar nuestro primer balance, incorporar 8 nuevos socios activos, algunos socios adherentes, y celebrar nuestra primera asamblea ordinaria. Nuestro sitio web tuvo un crecimiento vertiginoso: recibe en la actualidad a más de 1.000 nuevos visitantes cada mes y tiene más de 5.000 vistas de páginas mensuales, lo que lo convierte en el tercer sitio web de prevención del suicidio más visitado en el país. Establecimos así un canal de comunicación con la comunidad desde donde respondimos miles de consultas. Todo este crecimiento en la difusión, que también se verifica en nuestras redes sociales, nos permitió convocar a un grupo de voluntarios que donan generosamente al menos tres horas semanales de su tiempo para formarse en la ayuda mutua y la escucha activa. Nueve de ellos ya recibieron formación y participan como coordinadores en nuestros Grupos de Ayuda Mutua, en los que ya hay más de 250 participantes inscriptos. Algunos concurren asiduamente a alguna de nuestras reuniones por zoom y otros sólo cuando lo necesitan, pero todos saben que tienen un lugar donde serán escuchados desde una actitud empática y libre de prejuicios. En este tiempo también conformamos un Equipo Transdisciplinario de voluntarios con experiencia y trayectoria en coordinación de grupos o asistencia a personas que se ocupan de la formación continua de los voluntarios y de la mejora de todos nuestros servicios comunitarios. Paralelamente gestionamos un Blog en el que semanalmente publicamos novedades, testimonios, conmemoraciones y reflexiones que ya cuenta con más de 600 suscriptores; un Foro donde todos los visitantes pueden escribir libremente sus propias reflexiones o compartir material que consideren útil para la prevención del suicidio que ya tiene más de 100 miembros. Asimismo, recientemente estamos organizando Charlas Abiertas a la Comunidad sobre temas relacionados con la Prevención del Suicidio. Hicimos mucho en muy poco tiempo, pero sabemos que aún no alcanza para llevar contención a tantas personas angustiadas, preocupadas o dolidas por el drama del suicidio. Por ello, seguiremos apostando al crecimiento, con más difusión, incorporando más voluntarios, formándonos cada vez mejor para crear más y mejores grupos de ayuda mutua, realizar más y mejores acciones comunitarias y así llegar a más gente que pudiera necesitar nuestra escucha, nuestra contención y nuestro acompañamiento. Ver también: Suscribite a Nuestro Blog sobre Prevención del Suicidio Sumate al Voluntariado en Prevención del Suicidio Informate sobre nuestros Grupos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Acompañarse en el dolor para transitar duelos por suicidio
Un sábado de diciembre de 2019 por la tarde, recibí una llamada diciendo "Ignacio se suicidó" Ese día había escuchado su voz, hicimos planes para cenar juntos más tarde, y esta noticia paralizó mi mundo. Mi hijo puso fin a su vida. ¿Qué faltó? ¿Qué sobró? La culpa me hundió en un duelo doloroso que creía imposible de superar. No digo que ya lo haya logrado, pero dos años después mi llanto ya no me sepulta, puedo respirar. Los primeros meses fueron los más terribles y angustiosos: no quería ayuda, me negaba a cualquier tipo de tratamiento o atención, solo quería a mi hijo a mi lado. Me llené de rabia, impotencia, egoísmo, soledad y aislamiento. Mis hijas y esposo me cubrían con amor, ellos también sufrían pero a mi no me importaba. No quería morir, tampoco vivir, estaba muy mal. Ignacio tenía 28 años, estaba casado y era padre de un hijo. Había quedado sin trabajo formal, pero iniciamos un emprendimiento familiar con el que nos iba muy bien. Recuerdo haber tenido ideas de venganza porque mi hijo había descubierto la infidelidad de su esposa. De ahí en más todos los esfuerzos que hicimos no alcanzaron. Jamás imaginamos que cometería tal acto, y fue eso justamente lo que me hizo sentir tan culpable. Soy pastora evangélica. Un día una mamá me pidió ayuda. Su hijo había fallecido también por suicidio. ¿Ayudar? ¿Cómo podría? Hablé con ella. Estaba tan enojada con su hijo que comenzamos a hablar mucho y llorar, sentíamos que podíamos tratar el tema mil veces sin cansarnos. Nos pusimos de acuerdo en aceptar ayuda. Así se inició el camino de la recuperación. Empezamos a escribirnos, o a hablar a diario, buscamos ayuda profesional y, sobre todo, pude volver a la fuente de mi vida, a Dios. A raíz de la muerte de mi hijo estudié suicidología y actualmente trabajo con diferentes grupos asistiendo a familias que atraviesan esta dolorosa problemática. Conocer más sobre el tema del suicidio y servir a otros me ayudó a salir de la cápsula del egocentrismo y dar sentido a lo que no lo tiene. Trabajo con otras familias, y esas familias trabajan conmigo. La escucha activa fue determinante. Mi esposo y mis hijas me han rodeado de cuidados, silencio y paciencia, ellos son la razón de mi alegría en medio del dolor. Sin embargo, muchas veces nos pasa que a nuestro alrededor se cansan de vernos llorar, o hablar de nuestra persona amada. Cuando la escucha es con interés, no importa si no tienen nada para decirnos, sabemos que oyen lo que decimos, que toman el peso de nuestro dolor, que el silencio no es un cumplido sino una gran consideración. Vivir es la opción. Y sobrevivir a una muerte por suicidio es mi elección, hoy comprendo que se puede morir de muchas maneras y mi modo era una. Sobrevivir es elegir estar vivos en medio de tanto dolor, es llorar sin hundirse, es avanzar cuando no se tiene claro a donde ir. Sobrevivir es sonreír y reír sin olvidar. Sobrevivir es saber que no se deja atrás a quien ya ha llegado a su destino, el cielo. No puedo justificar la decisión de nuestro hijo, pero puedo comprender que yo no debo ir por ese camino, que hay recursos para enfrentar las agobiantes situaciones que nos rodean, solo debemos tomarnos de ellas. Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- ¿Qué artículos sobre suicidio estamos replicando?
En Hablemos de Suicidio insistimos en la necesidad de que se hable más sobre el tema del suicidio para que deje de ser tabú, para que otros se animen a contar lo que les pasa y de esta manera las personas vulnerables puedan acceder a la escucha, contención y acompañamiento que necesitan. Sin embargo, en esta buena intención de hablar más sobre el suicidio, ¿vale todo? Las investigaciones científicas y las organizaciones internacionales nos dicen que no. Hace tiempo que se conoce el efecto Werther o efecto Copycat según el cual ciertas publicaciones acerca del suicidio no solo no tienen efecto preventivo sino que pueden inducir a algunas personas vulnerables con ideación previa a que lleven sus pensamientos suicidas al acto. Incluso se conocen cuales son los elementos concretos de estas publicaciones que generan este efecto de identificación e imitación. En base a esto, la OMS y las autoridades de salud pública de varios países elaboraron recomendaciones para el tratamiento del tema del suicidio en los medios masivos de comunicación. Ver Cómo Hablar Responsablemente del Suicidio. Sin embargo, y a pesar de estas recomendaciones, con mucha frecuencia nos encontramos con artículos periodísticos (especialmente cuando ocurre la muerte a causa de suicidio de algúna persona famosa) donde no son tenidas en cuenta. Muy a menudo se brindan explicaciones simplistas del suicidio, por ejemplo: “se sabe que hace tiempo estaba deprimido”. Como si el simple hecho de estar deprimido pudiera causar un suicidio. Esto es como decirle a miles de lectores deprimidos: “vieron: la depresión es razón suficiente para suicidarse”, ignorando el hecho de que la gran mayoría de las personas que sufren depresión no se suicidan y ni siquiera piensan en el suicidio. El sólo hecho de resaltar el suicidio de una persona famosa, que la audiencia ve como “exitosa”, puede generar un efecto de imitación. Es como decir: “si él se suicidó con todos los logros que obtuvo en su vida, que te queda a vos?”. Cuando en realidad las imágenes públicas de las personas famosas suelen ser construcciones que tienden a mostrar con más énfasis sus logros que sus fracasos. En realidad son personas comunes que sufren los mismos padecimientos que sufrimos todos. Son frecuentes también los detalles innecesarios que parecieran justificar el suicidio como: “vivía solo”, “tenía conflictos familiares”, “se había alejado de sus amistades”, etc., que también pueden generar identificación en personas vulnerables y que no se hubieran mencionado si no existiera el hecho consumado que pretenden justificar. Por no hablar de la descripción de los métodos utilizados u otros detalles morbosos que podrían generar imitación. Sabemos por qué, a pesar de las recomendaciones, los medios públicos de comunicación incurren en todas estas prácticas: lo morboso vende. Podemos entenderlo aunque no lo justificamos. La pregunta que nos hacemos aquí es otra. ¿Por qué nosotros consumimos y ayudamos a difundir ese material periodístico amarillista? La audiencia siempre tuvo un papel importante en la elección de la línea editorial de los medios masivos de comunicación. A fin de cuentas nosotros somos los que consumimos y de algún modo pagamos sus servicios. Ellos trabajan para nosotros. Desde el advenimiento de las redes sociales el rol de la audiencia se acrecentó. Por un lado resulta más fácil para los medios masivos de comunicación conocer los gustos de su audiencia y, además, la audiencia pasó a ser parte activa en la difusión de las noticias desde sus propias cuentas en redes sociales. Debemos entonces asumir esta responsabilidad y cuidar muy bien qué materiales consumimos y replicamos. Esto no significa que no debamos consumir, replicar o incluso generar materiales que hablen del suicidio. Por el contrario. Así como existe el efecto Werther de identificación o imitación de la conducta suicida, también existe en efecto Papageno que señala la identificación e imitación de conductas de superación frente al pensamiento suicida. Por eso, especialmente para las personas vulnerables o que están sufriendo pensamientos suicidas, es importante que se hable de los recursos y experiencias de aquellos que habiendo pasado por lo mismo o estando actualmente en lucha con sus pensamientos suicidas logran algún progreso o mantienen la esperanza de lograrlo. Ver también Cómo Hablar Responsablemente del Suicidio Blog sobre Prevención del Suicidio Tu Testimonio de Superación en relación al Suicidio











