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  • Historias de héroes derrotados: “El arte de resistir”

    Hace unos días leí en infobae una reseña del libro de Andrea Marcolongo, El arte de resistir: Lo que la Eneida nos enseña sobre cómo superar una crisis. https://www.infobae.com/leamos/2023/10/05/el-arte-de-resistir-lo-que-la-eneida-de-virgilio-nos-ensena-sobre-superar-la-adversidad-segun-andrea-marcolongo/ Traer la historia de Eneas al siglo XXI no es descabellado, por el contrario, el poema de Virgilio esconde enseñanzas muy actuales, seguramente atemporales, como todo lo que refiere a la naturaleza humana. Eneas fue un héroe derrotado, humillado y obligado a huir después del incendio de Troya, la historia que sigue a ese incidente tampoco es un camino allanado, más parece una interminable sucesión de desventuras. Tal vez el más notable mérito de Eneas, según rescata la autora de esta revisión, es haber sabido resistir frente a la adversidad hasta que sus esfuerzos se vieron recompensados y así, de esa tragedia inicial, surgió el imperio más poderoso que vio el occidente antiguo. El esquema narrativo de la Eneida no es nuevo, ni siquiera fue original en su tiempo. En narrativa, a este tipo de complicaciones se las suele llamar conflictos. Muchos narradores dicen que sin conflicto no hay historia. Si intentamos recordar las últimas novelas que leímos o las últimas series o películas que vimos podremos identificar en cada una de esas historias uno o varios conflictos, sin ellos la narración sería aburrida. Sin embargo, para nuestras propias vidas, no queremos conflictos, buscamos una felicidad y tranquilidad permanentes. Eso no sirve en la ficción y no existe en la realidad. Las vidas de los seres humanos, como las narraciones literarias, se componen de matices. Todos pasamos por momentos felices pero también por momentos de crisis, derrotas más o menos profundas, más o menos prolongadas. La pregunta es si cada uno de nosotros está preparado para resistir épocas de adversidad profunda y prolongada. Es ahí donde la historia de Eneas cobra vigencia en el siglo XXI. Una vigencia universal pero también personal para cada uno de nosotros. Los que conocimos el pensamiento suicida sabemos que la adversidad y el sufrimiento a veces nos seducen, nos muestran atajos y nos invitan a rendirnos. No tenemos ganas de vivir, no le encontramos sentido a la vida, y sin ese mínimo propósito la vida se transforma en una carga cada vez más difícil de llevar. Nos convertimos en héroes derrotados, como Eneas, y no vemos salida ni esperanza. Solo nos queda resistir hasta que algo aparezca en el horizonte, pero a veces sentimos que ya no tenemos fuerzas. En medio de ese naufragio emocional es necesario encontrar algo a que aferrarse, y cuando la propia vida está en juego cualquier hilo que nos conecte con el mundo puede servir. Una palabra de aliento, una luz de esperanza, el amor a un ser querido y hasta la culpa anticipada por el sufrimiento que nuestras decisiones seguramente traerán a quienes nos aman. La cuestión es resistir, hasta que un día, tal vez después de mucho tiempo, tal vez al costo de mucho esfuerzo y muchas pérdidas, vuelva a salir el sol, surja ese proyecto, esa idea que nos entusiasme y otra vez sintamos esas ganas de vivir. Recién entonces, mirando para atrás cómo quien recuerda las páginas ya leídas de la propia historia, sentiremos que todo ese esfuerzo y esa perseverancia valió la pena. Ver también: Dejanos tu Testimonio en relación al Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Prevención Comunitaria del Suicidio

  • Recuperar el orgullo por ser Superviviente

    Cuando era chico no entendía del todo las quejas y el llanto de mi mamá, pero sí me daba cuenta de que algo estaba mal. No sabía cómo ayudar, ni pensaba que pudiera hacerlo. Mi principal preocupación era que no se supiera. Que nadie supiera que mi madre lloraba por las mañanas y decía sin tapujos que se quería suicidar. Tampoco pensé que hubiera un peligro real en ello, no tenía miedo, más bien tenía vergüenza. Nunca invitaba amigos a mi casa ni hablaba de mi madre en público. Así crecí. Cuando ya era un joven profesional ocurrió lo impensado. Mi mamá se suicidó. Ese fue el dolor más profundo en toda mi vida, pero por encima del dolor seguía estando la vergüenza. Mi mamá se había suicidado: eso no podía ser normal. Además, descubrí que la vergüenza no era solo mía. Mis familiares hablaban de la muerte de mi madre omitiendo la palabra suicidio. Hasta escuché decir que en realidad no se suicidó, que murió porque se le detuvo el corazón (como si hubiera otra forma de morir). Años después, torturado por la culpa que me dejó el suicidio de mi madre comencé a tener yo mismo pensamientos suicidas. Fue una etapa muy larga de miedo, desesperanza y, otra vez, vergüenza. Seguía pensando que algo estaba mal en mi madre y que eso mismo estaba mal en mi. Los demás no se tenían que enterar. Hice tratamientos psicológicos y psiquiátricos para intentar salir de lo que parecía una depresión interminable. Pocas veces hablé de mis pensamientos suicidas, incluso en terapia. Aún recuerdo la mirada del primer psicólogo al que le confesé mis ideas. En medio de un largo silencio, se puso pálido y con su expresión parecía decirme: “vos sí que estás jodido”. Recuerdo haber salido de la consulta más avergonzado que nunca y convencido de que había algo muy malo en mí con lo que debería luchar en soledad. Toda esta espiral descendente se detuvo cuando ingresé en un grupo barrial sobre pensamiento suicida que ya no existe. Allí me encontré con otras personas que contaban historias similares a las mías. Descubrí que lo que le pasó a mi mamá y lo que me pasaba a mi no eran cosas tan extrañas o infrecuentes. Por primera vez pude sentir que no era un bicho raro y hablar de lo que sentía sin sentirme juzgado y sin avergonzarme por ello. Ese fue el primer paso importante en mi recuperación. Luego de eso participé en varias asociaciones para la prevención del suicidio y me puse a estudiar sobre el tema para hacer difusión. Descubrí que el suicidio y el pensamiento suicida no son para nada raros: De hecho, el suicidio es una de las principales causas de muerte y el pensamiento suicida afecta en algún momento de sus vidas a la mitad de la población. El verdadero problema es el tabú social que pesa sobre el suicidio haciendo que los afectados, ya sea por pensamientos suicidas propios o de un ser querido, tengamos que vivir nuestro drama en soledad. No somos responsables de los desafíos que la vida nos propone. Sí de lo que hacemos con ellos. Por eso hoy me siento orgulloso de haber tenido una madre con pensamientos suicidas, de haber transitado el duelo por su muerte a causa de suicidio, de haber transitado mi propio infierno con pensamientos suicidas, y de que, a pesar de todo eso, estoy vivo. Soy un superviviente. Mis cicatrices me llenan de orgullo porque son la prueba fehaciente de que le dí lucha a mis fantasmas. Hasta ahora vengo ganando esa pelea y eso me enorgullece a tal punto que quisiera contagiar este sentimiento a todos los que están luchando contra sus propios pensamientos suicidas, acompañando a un ser querido en su lucha o transitando el duelo por una muerte a causa de suicidio. Esa es la razón de ser de Hablamos de Suicidio ONG. Que los que resultamos afectados por el drama del suicidio dejemos de sentir vergüenza por lo que nos tocó en la vida y comencemos a sentirnos orgullosos por la lucha que dimos o que estamos dando. Ver también: Dejanos tu testimonio de superación en relación al Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Día del Superviviente de un Suicidio

    El tercer sábado de cada mes de noviembre conmemoramos el día del superviviente con el objeto de darle voz a tantas personas que lloran la pérdida de sus seres queridos a causa de suicidio en completo silencio y concientizar a la población sobre la necesidad de brindar escucha a estas personas que además del dolor que implica perder a un ser querido a causa de suicidio y no pueden compartir lo que les pasa o lo que sienten al respecto. El suicidio es un tema tabú. Hemos crecido con un mandato social que nos dice “de eso no se habla”. Y mucho menos cuando quien ha muerto a causa de suicidio es un familiar o un amigo cercano. Al natural dolor que implica toda pérdida se le suma el desconcierto por una muerte percibida como contraria a la lógica; el desamparo, porque sabemos que fue él o ella quien tomó la decisión; la pérdida de la autoestima, por no haber sido suficientes para justificar su vida; y la culpa, que nos persigue implacable en los pensamientos de “y si hubiera…” o bien, “y si no hubiera…”. Como si todas estas emociones propias del duelo por suicidio no fueran ya bastante, aún queda la mirada de los otros, y a veces también sus comentarios, que nos juzgan, o a nosotros nos parece que nos juzgan. Sea como fuera, sentimos que algo allá afuera nos dice: “no lo supiste cuidar”. Entonces nos replegamos, callamos, preferimos no hablar, seguimos adelante llevando nuestro sufrimiento a cuestas en absoluta soledad. Solo alguien que haya pasado por lo mismo podría entendernos, podría ser capaz de poner a nuestro alcance su escucha y su corazón para compartir esos sentimientos que de tan atragantados nos intoxican. Y así, compartiendo experiencias, descubrimos que el suicidio de un ser querido no es tan raro, que es mucho más frecuente de lo que creíamos. Que, por más reñido con la lógica que parezca, es coherente a la vista de quien no encuentra alternativas. Que no nos abandonó, simplemente estaba tan sumido en su dolor que no pudo ver ni imaginar el nuestro. Que aún así somos valiosos. Que cuidarnos a nosotros y cuidar nuestra vida vale la pena. Solo ante esta escucha empática y contenedora podríamos llegar a confesar que en ocasiones también nosotros fuimos tentados por el suicidio. Y solo desde este acompañamiento podemos juntar fuerzas para seguir adelante. Por todo esto, las personas que hemos perdido a un ser querido a causa de suicidio o nos vimos afectados de otro modo por el drama del suicidio tenemos que juntarnos. Si nosotros mismos no podemos comprendernos quien lo hará? Si no podemos brindarnos escucha, contención y acompañamiento unos a otros quién más podría hacerlo? Es solo cuestión de dar el paso, de dejar el miedo o la vergüenza a un lado, de romper el silencio y contar con orgullo que pese a todo estamos vivos. No estamos solos en esto. Somos muchos, muchísimos, y todos necesitamos ayudarnos mutuamente. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio

  • 19/11 Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual Infantil

    Soy un superviviente del abuso sexual infantil y vengo a contar mi historia: Teniendo la edad de 5 años fui abusado repetidamente de forma sexual por un allegado de la familia y obligado a ver como también abusaban de mi hermano menor. Un sentimiento, primero de incomprensión y luego de asco, me persiguió al punto tal que pensé en reiteradas ocasiones en quitarme la vida. Durante años seguí frecuentando a esa persona por mi ciudad, al punto de tener ataques de pánico ya en edad adulta. Esto, por decirlo así, me persiguió toda la vida, sin ayuda de mis familiares o allegados, lo que creó en mí un sentimiento de desprecio por mi mismo. Luego de grande, me casé y sufrí violencia física por parte de mi esposa, lo que me hizo caer en una profunda depresión, a un punto tal que los sentimientos de frustración y rechazo volvieron a acrecentar mis deseos de acabar con todo. Gracias al grupo de “Hablemos de Suicidio” pude descargar todos esos sentimientos y deseos. Y comencé a ayudar a personas que de una u otra manera se sintieron igual o peor que yo. Existe una salida, con el apoyo de todo el grupo pude salir adelante y, poco a poco, volver a tener deseos de vivir y ayudar a los demás. Ver también: Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • 13/1 Día Mundial de lucha contra la Depresión

    La depresión es la afección del ánimo más frecuente. Alcanza a más de 300 millones de personas en el mundo, es la primera causa de discapacidad y uno de los principales factores de riesgo de la conducta suicida. También es uno de los trastornos mentales más estudiados y para el que existen más recursos farmacológicos y terapéuticos. Sin embargo, eso no resuelve el problema de la depresión cuya incidencia no para de aumentar. Tal vez estamos equivocando la pregunta: en vez de pensar en cómo curar la depresión deberíamos preguntarnos en principio por qué la depresión aparece. Debemos estar haciendo algo mal para que, a pesar de los adelantos científicos y de los recursos disponibles, cada vez más personas sufran depresión. En este sentido, varios autores, pero especialmente Zygmunt Bauman, pusieron la atención en los cambios sociales de la modernidad que debilitaron los lazos sociales y promovieron el individualismo. El síntoma más notorio de la depresión es el desgano, que a veces se muestra como un notorio déficit en las actividades cotidianas, pero otras como una sobrecarga que lleva a los afectados a cumplir con sus “obligaciones” pero con un gran esfuerzo y una completa pérdida del disfrute. En ambos casos, los afectados manifiestan que detrás de ese desgano hay una pérdida total de sentido o de propósito. No se le encuentra sentido a las actividades cotidianas y ni siquiera a la propia vida. No es extraño que en muchas ocasiones la depresión vaya acompañada por pensamientos suicidas. La pregunta entonces es: ¿Cómo se recupera o cómo se evita que lo que hacemos y la vida misma pierdan sentido? O, mejor aún: ¿Qué es lo que hace que lo que hacemos o la vida misma cobre sentido? Desde ya, no tenemos esa respuesta, pero muchos piensan que el sentido de la vida y de cada uno de nuestros actos tiene mucho que ver con las relaciones humanas profundas y significativas. Volviendo a Bauman, esto explicaría que los cambios sociales ocurridos en la posmodernidad, donde los vínculos entre las personas se volvieron más débiles, transitorios y fluidos, sean acompañados por una verdadera epidemia de depresión. No se trata de tener más relaciones o una vida social más activa, nada de eso nos protegerá de la depresión; sino de cultivar vínculos afectivos profundos, auténticos y significativos. Esto implica replantearnos por completo nuestra forma de vivir. Hayamos o no tenido depresión, deberíamos repensar nuestra escala de valores, qué cosas en la vida son más importantes, a qué le dedicamos nuestra atención y nuestro tiempo. En Hablamos de Suicidio trabajamos para operar ese cambio cultural tan necesario; para aprender a comunicarnos, a contar lo que nos pasa y lo que sentimos, a escuchar. Tendremos que re-entrenar estas habilidades sociales olvidadas por el individualismo y la frivolidad. Solo así podremos contar con vínculos sociales más sólidos, reducir la prevalencia de la depresión y otros trastornos afectivos de nuestro tiempo, y prevenir el suicidio. Ver también: Escucha Activa en temas relacionados con el Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Día del Superviviente a la pérdida de un ser querido a causa de Suicidio

    El próximo sábado 18/11, como todos los años en el tercer sábado de Noviembre, vamos a conmemorar el Día Internacional del Superviviente a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. Es un día en el que intentamos visibilizar la magnitud de este drama y el dolor que seguimos sufriendo los que quedamos vivos. Las personas que piensan seriamente en el suicidio no llegan entender la dimensión del daño que podrían producir a sus seres queridos, muchos ni siquiera la imaginan. En sus testimonios escuchamos frases como: “De todos modos estamos alejados”, “A ellos no les importa nada de mí”, “Sé que van a sufrir pero lo van a superar”, o incluso “Solo soy una carga” o “Van a estar mejor sin mí” Deben saber que no es así. Que aunque la vida nos separe circunstancialmente los vínculos afectivos son permanentes . Que sin importar lo que digamos en un momento de enojo, el amor siempre está. Que aunque no nos veamos a diario, los necesitamos. Que la pérdida de un ser querido a causa de suicidio sumerge a quienes quedamos vivos en un dolor inmenso de por vida. Que muchos de nosotros padecemos sentimientos de culpa que nos carcomen las entrañas. Que nos sentimos abandonados. Que desde nuestra impotencia a veces nos enojamos con los que se fueron por una decisión en la que no nos dejaron participar. Que la ausencia duele, mucho y para siempre. Que muchos de nosotros, frente a tal sufrimiento, llegamos a pensar también en el suicido, que algunos lo han intentado o han muerto continuando un ciclo de tragedia difícil de parar. Que siempre los vamos a querer. En los Grupos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio que organizamos en Hablemos de Suicidio ONG, con frecuencia se dan encuentros muy enriquecedores entre personas que padecen pensamientos suicidas y los que sufren por la muerte de un ser querido a causa de suicidio. Estos encuentros permiten a cada uno conocer la parte de la historia que por su particular circunstancia no pudieron dimensionar. Los que perdimos seres queridos a causa de suicidio tenemos la oportunidad de conocer las circunstancias que llevan a una persona a pensar en el suicidio y decirle esas palabras que no pudimos decirle en vida a nuestro ser querido. Y, a quienes están sufriendo por su particular circunstancia de vida un dolor tan intenso que los lleva a pensar en el suicidio, les permite ver las posibles consecuencias de sus actos en el sufrimiento de los que quedamos. Como supervivientes siempre estaremos a favor de la vida. De una vida plena que merezca ser vivida. No de un sufrimiento sostenido para no dañar al otro. Pero si, en el mientras tanto, vivir para el otro sirve de salvavidas, bienvenido sea. Sabemos que las circunstancias de la vida son cambiantes y que en algún momento volverá a aparecer esa ilusión, ese proyecto, ese entusiasmo que hace que vivir valga la pena. Pero para darnos esa oportunidad debemos mantenernos con vida. Por eso, les pedimos a todos los supervivientes a seres queridos fallecidos a causa de suicidio que rompamos el silencio. Que no nos escondamos más. Que mostremos nuestro dolor para que, quien esté pensando en el suicidio pueda volver a pensarlo. Desde Hablemos de suicidio los invitamos a expresar libremente lo que les pasa o lo que sienten desde: Nuestros Grupos de Ayuda mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio. Enviándonos tu testimonio para publicarlo en forma anónima en nuestro blog. Participando de nuestro Foro para la Prevención del Suicidio. Y también a rendir homenaje a su ser querido fallecido a causa de suicidio en Homenaje a nuestros seres queridos fallecidos a causa de suicidio.

  • Maltrato en la vejez y suicidio

    Cuando hablamos de prevención del suicidio solemos referirnos con especial énfasis al suicidio adolescente o juvenil. Esto no es casual, la adolescencia y la primera juventud suelen ser etapas muy conflictivas por lo que el riesgo de suicidio a estas edades se ve incrementado. Además, como adultos, nos sentimos responsables del cuidado de nuestros menores. Estos dos criterios, prevalencia y responsabilidad de cuidado, se podrían aplicar también a la tercera edad. Sin embargo, se habla mucho menos del suicidio en la vejez. Las tasas de suicidio a partir de los 65 años superan incluso a las tasas de suicidio de adolescentes y jóvenes, si a esto le sumamos una población de adultos mayores en crecimiento, la cantidad de muertes a causa de suicidio en la tercera edad pronto podría superar en número a las ocurridas en la adolescencia y la primera juventud. La otra cuestión es nuestra responsabilidad de cuidado. Insistimos en que el suicidio es un fenómeno más social y comunitario que individual. Esto es especialmente cierto para la tercera edad. Podríamos preguntarnos por qué esos adultos mayores, que supieron sobrevivir a todas las vicisitudes que seguramente tuvieron que transitar durante sus vidas, en un momento en el que deberían disfrutar del cuidado de la sociedad y de sus seres queridos, en vez de hacerlo, realizan un intento de suicidio muchas veces fatal. Los achaques y las enfermedades propias de la edad podrían explicar en parte que así sea, pero la variación en las tasas de suicidios de adultos mayores registradas en diferentes países nos hacen pensar que hay factores de riesgo más importantes que tienen que ver con las relaciones sociales. En particular, en nuestro país mueren cada año a causa de suicidio más de 11 adultos de entre 65 y 75 años por cada 100.000 habitantes, una cifra similar a la registrada en jóvenes de entre 15 y 24 años. Las cifras siguen creciendo con la edad llegando a casi 16 muertes anuales a causa de suicidio para adultos mayores de 85 años. Sabemos también que nuestros adultos mayores son víctimas de maltrato a diversos niveles. Muchos son obligados a vivir en condiciones de pobreza o indigencia, sin el adecuado acceso a los sistemas de salud pública que necesitan y en muchos casos mal alimentados o viviendo en condiciones insalubres. Las ayudas a las que deberían tener fácil acceso se alejan debido a trabas burocráticas y a las largas esperas a las que son sometidos. Además de este maltrato institucional, muchos reciben maltratos cotidianos también por parte de sus familiares, o directamente son abandonados y condenados a vidas solitarias. No podemos dejar de relacionar todo este maltrato institucional y familiar con las elevadas tasas de suicidio en la tercera edad. Es necesario tomar consciencia de este problema y asumir nuestra responsabilidad también en el cuidado de nuestros adultos mayores. Un gesto amable, una palabra afectuosa o tan sólo una mirada, pueden cambiar el día de un adulto mayor. Necesitan, como todos nosotros, sentirse acompañados, escuchados, tenidos en cuenta. Sentir que aún son parte de esta sociedad que parece querer excluirlos. Hacer un lugar para los adultos mayores en nuestras vidas nos enriquece a todos y nos aporta el contacto social que todos necesitamos para encontrarle sentido a nuestras vidas. Hacia una Sociedad más Altruista para Prevenir el Suicidio https://www.un.org/es/observances/elder-abuse-awareness-day https://ourworldindata.org/suicide

  • 17 de Mayo Día Internacional contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género

    Las personas con orientaciones sexuales o identidades de género no hegemónicas, como gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, etc., han conseguido, al menos en las sociedades occidentales, después de décadas de lucha, un reconocimiento a su derecho a ser tratados en forma igualitaria que no hubiera resultado imaginable décadas atrás. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Sabemos que las reformas legales son sólo un primer paso, tal vez el más fácil. La inclusión y la igualdad plenas sólo serán posibles cuando todos logremos erradicar nuestros propios prejuicios. Lejos quedaron los tiempos en que la homosexualidad era considerada un delito, o una enfermedad, consignada como tal en los códigos penales y los manuales de diagnóstico. También se logró que las manifestaciones explícitas de discriminación ya no resulten “políticamente correctas”, volcando la censura social en función de la inclusión. Mucho más difícil será eliminar esa discriminación sutil o disimulada, pero igualmente dolorosa para quien la padece. Seguramente lograr esto llevará muchos años más. Mientras tanto, no deberíamos hablar de la homosexualidad o la identidad de genero minoritaria como factores de riesgo de la conducta suicida. Cómo podemos decir que estas personas están sujetas a un mayor riesgo de cometer suicidio debido a su condición al tiempo que son hostigadas o al menos presionadas socialmente de tal forma que a muchos les cuesta mostrarse como son o incluso asumir su verdadera identidad. Debemos reconocerlo: el verdadero factor de riesgo de la conducta suicida no es la homosexualidad ni una identidad de género minoritaria. Es, nuevamente, la discriminación. Por eso insistimos en que, también aquí, el suicidio es más un problema social que un problema individual. Por lo mismo, las soluciones tienen que ser comunitarias. Si logramos mirar y tratar a nuestros pares con respeto, aceptando e incluyendo las condiciones minoritarias, . Si podemos, todos y cada uno de nosotros, ver las diferencias como factores que enriquecen a una sociedad y no como anomalías no deseadas, respetando así las diversas formas de sentir, desde ese lugar, y sólo desde ese lugar, podremos construir comunidades más seguras frente al riesgo de suicidio para nosotros y para nuestros seres queridos. Conocer y Promover los Factores Protectores de la Conducta Suicida Como hablar sobre el suicidio a las poblaciones lgbt en lgbtmap.org Día Internacional contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género en argentina.gob.ar

  • 2 de mayo: Día de lucha contra el Bullying

    El bullying y su relación con el pensamiento suicida El caso de las gemelas argentinas que realizaron un intento de suicidio a principio de año volvió a alertar a la población sobre el peligro real del bullying o acoso escolar. Lamentablemente no es un caso aislado. Los especialistas saben que el bullying aumenta el riesgo de suicidio no solo en la época en que ocurre sino durante toda la vida de las personas. También saben que esto ocurre cada vez con mayor frecuencia y con mayor intensidad. La aparición de las redes sociales no hizo más que incrementar esta forma de violencia aportando un nuevo escenario para el hostigamiento que se extiende puertas afuera de la escuela y más allá del horario escolar. A raíz de esto muchos chicos y chicas sufren un acoso permanente que afecta gravemente su autoestima, sus relaciones y sus esperanzas de superar la situación. No es extraño que en tales condiciones muchos de ellos piensen en el suicidio. Frente a este panorama cada vez más frecuente los adultos no sabemos qué hacer. El problema parece habernos superado. Tenemos una tendencia a pensar en el bullying en términos de víctimas y victimarios y, en función a esto, proponer respuestas desde el castigo de estos últimos. Nos olvidamos de que de un lado y del otro del bullying hay niños y adolescentes. Mirarlos como víctimas y victimarios puede servirnos para señalar culpables eludiendo de este modo nuestra responsabilidad como adultos, pero no para solucionar el problema. Uno de los países que ha tenido éxito en el manejo del bullying es Finlandia, con su programa Kiva. Allí, lo previenen desde la educación emocional, la promoción del diálogo y la escucha activa enseñadas desde temprana edad (preferiblemente antes de que los casos de bullying aparezcan). Debemos entender que los acosadores no son “niños malos” que disfrutan haciendo sufrir a su compañero sino que también sufren todas las angustias y las inseguridades propias de su edad, encuentran seguridad en el grupo y un “enemigo común” les da una oportunidad para asegurar su pertenencia. Ni siquiera se dan cuenta de la magnitud del sufrimiento que le causan al que es acosado. La educación emocional, el diálogo y la escucha activa sirven para resolver estos conflictos en formas satisfactorias para todos y sus enseñanzas siguen siendo útiles durante toda la vida. El cambio de paradigma en la lucha contra el bullying es posible. En Hablemos de Suicidio sabemos de la efectividad de la escucha activa para sanar heridas emocionales y prevenir el suicidio, incluso cuando estas habilidades se entrenan en adultos. Este efecto podría verse multiplicado si se enseñaran desde la infancia y, seguramente, esa sería la acción comunitaria más importante para la prevención del suicidio. Ver también: Conocer y Promover los Factores Protectores de la Conducta Suicida Transmitir Habilidades Sociales para Prevenir el Suicidio El caso de las gemelas argentinas en diario La Nación

  • Carencias, fantasías y suicidio

    Nací y crecí en un barrio pobre y en una familia muy pobre y conflictiva. Entre mis recuerdos de la infancia aparece mi mamá, siempre sentada frente a una máquina de coser y casi no aparece mi padre. Tal vez, como dice mamá, porque nunca estaba en casa. Sí recuerdo el arma que siempre dejaba sobre la mesa de luz. Mi padre era policía en esa época, y aunque su arma estaba a mi alcance, de algún modo me enseñó muy bien que no debía tocarla. Aún siento repulsión por las armas de fuego. También recuerdo las discusiones con mi mamá, siempre por los mismos temas, celos y dinero. Esta etapa terminó cuando yo tenía cinco años. Mi mamá resumió muy bien lo que pasó: “papá nos abandonó, así que vamos a tener que arreglarnos solos”. No supe más de mi papá hasta mis 19 años. Se contactó conmigo y dijo que quería verme. Ya no era policía, vino al barrio con un auto lujoso y me llevó a un café más lujoso aún. Pensé que se iba a disculpar por tantos años de ausencia y hasta había pensado en aceptar sus disculpas porque ya estaba cansado de no tener padre, pero no fue eso lo que pasó. Mientras miraba mi taza de porcelana con las zapatillas rotas me dijo: “Me preocupa tu futuro, qué pensás hacer de tu vida?”. Todo un rosario de recriminaciones pasó por mi mente, pero realmente quería hacer las paces. “Quiero ser contador”, le respondí, “ya me anoté para el CBC en la UBA”. “Nada de eso”, replicó, “yo puedo pagarte una universidad privada”. Pensé en rechazar su oferta por orgullo pero también sentía que era algo que él me debía. Así que me anoté en una universidad muy cara. En la facultad me fue bien, aunque no hice muchos amigos, siempre me sentí como sapo de otro pozo. Con mi padre me seguí viendo, aunque no muy seguido, conocí a su esposa, que al lado de mi mamá parecía una modelo de la televisión y a mis hermanas, a las que yo les decía princesas, un poco porque siempre estaban bien vestidas y otro poco porque no conocían el mundo real, no sabían lo que era ir a entregar un pedido solo por la propina y volver sin nada, ellas tenían todo a su disposición. También me mostraron fotos de sus viajes alrededor del mundo. Mi padre justificaba esos gastos diciendo que por su profesión tenía que conocer lo que vendía. De hecho era dueño de una agencia de viajes importante. A los dos años me pidió que trabajara en la agencia de viajes para pagar mis estudios. No me gustó que me lo plantee así pero realmente yo quería conocer el negocio familiar y pensé que además podría ser una experiencia útil como contador. Nada de eso sucedió, me pusieron a hacer tareas administrativas menores. De las cuentas se ocupaba un tal Pedro, un señor bajito con anteojos y cara de enojo que cuando llegaba mi papá se encerraba con él en la oficina. Yo no llegaba a entender el motivo de sus discusiones pero era evidente que discutían. Tampoco entendía por qué mi papá no lo echaba y ponía en su lugar a alguien que entendiera su visión para los negocios. De todos modos, la agencia iba viento en popa. Cada vez vendíamos más viajes y cada vez mi padre gastaba más dinero. Hasta me invitó a uno de sus “viajes profesionales” por Europa del Este. Al volver también conocí a mi tío Edgardo y a su novia que habían contratado un viaje al Lejano Oriente para su luna de miel. De a poco fui olvidando los resentimientos con mi padre, era una persona cautivadora que contagiaba optimismo, alegría y seguridad. Por eso a todos nos sorprendió cuando lo encontramos muerto en el baño de la oficina. Se había suicidado, no cabía duda. Sus antiguos compañeros de armas le ofrendaron un velatorio digno de la imagen que había sabido construir en vida. Pero no todo estaba en orden. La viuda y las princesas tenían cara más de enojo que de tristeza, escuché a mi tío Edgardo decir que lo de su viaje era lo de menos y, lo más inesperado, Pedro se acercó y me dijo: “Pibe, buscate un laburo y andate lejos, este castillo de naipes se va a caer y no quiero que te aplaste”. Pese al consejo de Pedro y a que la agencia estaba cerrada por duelo, el lunes fui a trabajar como siempre. Frente al edificio había una multitud de gente enfurecida exigiendo la devolución de su dinero. En un momento entendí todo. El increíble crecimiento de la agencia fue una gran estafa a miles de clientes. Toda la vida de mi padre fue una estafa en la que todos caímos subyugados por sus encantos. Sentí ganas de sumarme a la protesta con una pancarta que dijera “A mí también me estafó”. Pensé que si mi padre no estuviera muerto, yo y muchos más tendríamos ganas de matarlo, me sentí tan estúpido, me reproché no haberle recriminado nunca el abandono, más me reproché haber aceptado sus dádivas y sumarme a su circo. La había hecho bien: cuando el colapso fue inevitable se mató. No le importó su esposa a la que tanto decía amar, no le importaron las princesas mimadas ahora huérfanas y sin dinero para pagar su escuela bilingüe, los clientes estafados que ahora protestaban en la vereda, las decenas de empleados que quedaron en la calle sin tener a quién reclamar. No le importé yo, el hijo que lo esperó y se sumó sumisamente a su juego. Sentí ganas de matarme yo también. De todo esto ya pasaron muchos años. Con el tiempo aprendí a perdonarme y a perdonarlo. Entendí que estaba enfermo, que él también fue víctima de la situación, que sus propias carencias lo agobiaban e intentaba taparlas con lujos que no podía pagar honradamente, que detrás de su sonrisa y su optimismo escondía una angustia que llegó a hacerse insoportable. Por momentos me culpo a mi mismo por no haberme dado cuenta, pero acepto que entonces era joven e inexperto. Si hoy pudiera volver el tiempo atrás le diría: “Papá no sigas, si te equivocaste da la cara y que pase lo que tenga que pasar, pero no sigas avanzando hacia la muerte, porque te necesito vivo, porque te quiero, porque siempre te quise, aún en la época en que sentí que me habías abandonado” Tanto mi padre como mi madre me dejaron enseñanzas muy valiosas. Mi madre me enseñó a vivir en la realidad, y mi padre me enseñó trágicamente los peligros de vivir en un mundo de fantasía. Hoy trato de vivir en la realidad. Luché mucho por salir de la pobreza pero el dinero no me marea. Intento que las personas que me importan me quieran por lo que soy y no por lo que tengo y trato de avanzar paso a paso. Disfruto de las cosas pero más aún disfruto del amor de mis seres queridos. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG

  • Superar el dolor por la pérdida de una hermana a causa de suicidio

    Mi hermana falleció en 2020 a causa de suicidio. Luego de su muerte estuve muy mal. Fueron meses de una agonía interna. Es imposible decirlo, el dolor, el espanto, la vergüenza, lo que dicen los demás. Tuve que aprender a vivir con la pérdida por suicidio, tuve que sobrevivir a eso. Pensé que iba a morirme. Se me había apagado la luz y la alegría por muchos meses. Mi hermana tenía 42 años y yo 39. Pasó un 30 de septiembre. En ese momento la pandemia comenzaba a flexibilizarse. Ese día ella fue a trabajar. Me había dicho el día anterior que la esperara. Nunca llegó. Ella era artista y docente. Teníamos una relación de amigas, compañeras en la vida, nuestras diferencias y nuestros dolores compartidos. Hoy, a tres años, me siento mejor, puedo disfrutar lo que elijo hacer. Todos los días pienso en mi hermana. Todos los días negocio con esa ausencia. Me quedó un trauma de aquel día. Cuando suena el teléfono y es un familiar pienso que me van a avisar de una desgracia así. No salí sola de esa depresión, tuve a alguien que hasta hoy está a mi lado. En ese momento era una relación que recién empezábamos. Cuando pasó todo no se fue, me cuidó, me alentó, respetó las crisis, los rechazos, me acompañó cada día, cada hora negra. Yo no podía levantarme más temprano, no podía pensar, no podía llorar, no podía hacer nada. Sentía que todos los días eran cada vez peores desde ese día, era un dolor abismal. Pensaba que me iba a morir, que era irreversible. Después empecé a odiar todo, odié todo, rompí relaciones, rompí lo que ya no me servía, me quedé con nada. No trabajaba, no estudiaba. A todo esto tenía que acomodarme y pensar en sacar adelante a mi mamá. Me partía el alma verla mal. Hoy mi mamá está con fuerzas y sigue sus estudios de dibujo, pintura y cerámica que había comenzado en la pandemia. Yo empecé a estudiar otras carreras, tengo otro trabajo. Me centré en estudiar y así encontré sentido. Mi sueño es crear un jardín de infantes o un espacio recreativo para niños que lleve su nombre. Algún día lo haré. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio

  • Hablemos de Suicidio cumple su primer año de vida

    Sabemos que existen muchas asociaciones para la prevención del suicidio en el país. Algunas son asociaciones de profesionales comprometidos con la temática, asociaciones de voluntarios que donan su tiempo para ayudar a personas en crisis o con pensamientos suicidas o asociaciones de personas que se formaron en prevención comunitaria del suicidio y generosamente comparten sus saberes en charlas abiertas. Sin embargo, no había, hasta dónde nosotros sabemos, una asociación dónde los afectados por este drama pudieran ayudarse mutuamente, es decir buscar ayuda y a su vez ayudar a sus pares. Esa fue la idea fundacional de Hablemos de Suicidio ONG y, sinceramente, no estábamos seguros de que fuera a funcionar. Nos decían que las personas afectadas por el drama del suicidio están demasiado dolidas, demasiado golpeadas como para poder ayudar a otro. Que los que padecemos o padecimos pensamientos suicidas, los que tuvimos o tenemos que lidiar con las ideas suicidas de un familiar o amigo, o los que transitamos un duelo por la muerte de un ser querido a causa de suicidio ya tenemos bastante con lo que nos pasa o nos pasó cómo para, además, ocuparnos del otro. Sin embargo, muchos de nosotros, por haber realizado tareas de ayuda voluntaria en otras asociaciones, sabíamos que ayudar hace bien, que el dolor compartido duele menos y que el camino de la recuperación siempre es junto al otro. Por eso, no sin dudas, nos embarcamos en la aventura de promover grupos de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio. Tuvimos que aprender casi desde cero, hacer algo que nunca habíamos hecho: Ayudarnos y ayudar desde la escucha activa grupal, una escucha compartida y recíproca. En nuestro país, continuamente se van creando nuevos grupos y asociaciones para la prevención del suicidio. La mayoría de estos proyectos no pasan del año de vida, son muy pocos los que llegan a registrarse legalmente. Por eso, para nosotros, cumplir un año desde la firma de nuestra acta constitutiva realizando permanentemente acciones comunitarias es una señal de que esta idea que parecía alocada está funcionando. Sin embargo, la señal más clara para indicarnos que estamos en el camino correcto es el testimonio de los/as voluntarios/as y participantes que nos cuentan cómo el trabajo grupal ayudó en su propio proceso de recuperación. Esos testimonios nos llenan de orgullo y, por ese motivo, el 25 de Octubre a las 21 hs, en vísperas de nuestro primer cumpleaños oficial, vamos a dar una charla abierta a la comunidad sobre el tema: "Qué significa ser voluntario/a en Hablemos de Suicidio ONG y cómo la tarea del voluntariado y la experiencia grupal cambió nuestras vidas para mejor". ¡Los esperamos! Mas información en: https://www.hablemosdesuicidio.ar/charlas-abiertas-a-la-comunidad Ver también: Nosotros Nuestros comienzos Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio ​

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