Suicidio ONG
Un lugar de encuentro para personas afectadas por el drama del Suicidio
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- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Abandono
Una de los sentimientos más hirientes con los que solemos lidiar los sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio es el abandono. Nos preguntamos: ¿por qué nos dejó?, ¿no éramos motivo suficiente para que al menos siguiera viviendo por nosotros?, ¿tan poco nos quería?, ¿tan poco valemos? Y así, el sentimiento de abandono se conecta con la baja autoestima e incluso puede llevar a pensamientos suicidas a los sobrevivientes. Las respuestas a todas esas preguntas no se pueden comprender desde el pensamiento reflexivo. Hay que ubicarse en la tormentosa mente de una persona al borde del suicidio para entender su modo de pensar. Seguramente él o ella no sabía que su ausencia nos causaría tanto dolor. Las entrevistas con personas con fuertes pensamientos suicidas revelan esta realidad: incluso dicen que sus seres queridos van a estar mejor sin ellos. El suicida, definitivamente, no se da cuenta ni del dolor ni del sentimiento de abandono y baja autoestima que genera en sus seres queridos. Si pudiera verlo, posiblemente no atentaría contra su vida. Por eso no deberíamos tomar el acto suicida de nuestro familiar o amigo como un abandono. Nada tiene que ver con el aprecio y el amor que sentía por nosotros y sólo habla del estado de sufrimiento y confusión que siempre acompaña a un suicidio. Poder entender esto, poder comprender a nuestro ser querido desde una mirada compasiva, también servirá para liberarnos nosotros mismos de ese sentimiento de abandono y autodesprecio. Si logramos esto, podremos reconciliarnos con el recuerdo de quien quisimos en vida y llevarlo por siempre en nuestro corazón. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Miedo
Casi nadie piensa que una de las personas a las que quiere mucho podría llegar a morir a causa de suicidio, a menos que haya señales muy claras. Muchas veces, incluso con señales claras, la familiaridad y la negación hacen que no podamos percibir el peligro. Por eso, cuando un ser querido muere a causa de suicidio nos sorprende, no podemos asimilarlo, no podemos creerlo. Pero esta falsa sensación de seguridad cambia completamente respecto al resto de nuestros seres queridos. El razonamiento básico detrás de este cambio de perspectiva es el siguiente: Si él o ella lo hicieron sin que pudiéramos advertir nada, por qué no podría hacerlo alguien más. Este temor al suicidio de otro de nuestros seres queridos puede incluso incluirnos a nosotros mismos. La aflicción que produce la pérdida de una persona querida a causa de suicidio es tan profunda que en muchos casos produce fantasías de muerte entre los sobrevivientes. Además, debemos decir que estos temores nunca son del todo infundados. Las estadísticas muestran que, efectivamente, la tasa de suicidios es mayor para familiares y amigos de personas fallecidas a causa de suicidio. El problema básico en todo esto es que el miedo, por sí solo, no ayuda a reducir este riesgo. El suicidio de un ser querido, inevitablemente, nos cambia. Quienes pasamos por esa experiencia sentimos que nos volvemos más atentos a las emociones de otros, más sensibles y más contenedores. Aprovechar todos estos cambios en el cuidado de los seres queridos que nos quedan es lo que realmente sirve como prevención. Ocuparse, no preocuparse. Y en este “ocuparse” de los sentimientos del otro muchos descubrimos que se disipan nuestros miedos al tiempo que mejoran nuestras relaciones. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- 9/6 día de la Prevención Comunitaria del Suicidio en Argentina
Homenaje a Alfredo Gazzano: Pionero de la Prevención Comunitaria del Suicidio en Argentina Hoy hay decenas de asociaciones que se dedican a la prevención comunitaria en el país. Quienes nos sumamos a ellas como voluntarios vemos con naturalidad que miembros de la comunidad, no profesionales, se involucren en el tema. Sin embargo, no siempre fue así. A pesar del trabajo de difusión que realizan las asociaciones civiles para la prevención del suicidio, éste sigue siendo un tema tabú para la gran mayoría de la población, uno de esos temas de los que la gente prefiere no hablar, por vergüenza, por miedo o por superstición. Demás está decir que, como pasó también con otros temas tabú, la situación hace unas décadas era mucho peor. Hasta los años 60’ el suicidio era un tema reservado a pocos profesionales de la salud mental. Esto no quiere decir que no ocurrieran suicidios. Sabemos que ocurrían y muchos. Por entonces, el doctor Alfredo Gazzano trabajaba en la unidad de psiquiatría del Hospital de Clínicas. Allí notó que muchos de los que ingresaban en el servicio lo hacían después de un intento de suicidio. Como profesional empleaba los conocimientos disponibles de su época para ayudar a esas personas, pero siempre tuvo la impresión de que su ayuda llegaba tarde. Muchos de sus pacientes quedaban con lesiones permanentes ocasionadas por sus intentos de suicidio; otros con las inevitables secuelas psicológicas de haber llegado tan lejos; y, por supuesto, algunos ni siquiera llegaban a la guardia porque morían antes como consecuencia de su intento de suicidio. La psiquiatría, como Alfredo Gazzano la conocía, estaba haciendo muy poco por esas personas que después de un sufrimiento emocional inimaginable llegaban a atentar contra su propia vida. En el mundo la situación no era mejor. Europa se estaba reconstruyendo luego del desastre que representó la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos se consolidaba como potencia iniciando la carrera espacial. Pero, detrás de esa fachada pujante y progresista, una pandemia silenciosa iba matando masivamente a causa de suicidio a los sobrevivientes de la guerra. El problema de la salud mental que antes estaba restringido a los hospitales y los consultorios se transformó en un problema social. Se hacía necesario tomar medidas que llegaran a toda la población. ¿Pero cómo? No había suficiente cantidad de profesionales para semejante tarea. Surge entonces la idea de la psiquiatría comunitaria: un grupo de profesionales podría formar a voluntarios no profesionales para que actúen como agentes de prevención en salud mental dentro de sus comunidades. Hubo varias experiencias de este tipo en Europa y Estados Unidos, algunas organizadas por hospitales públicos o privados, pero mayoritariamente impulsadas por asociaciones comunitarias. Paralelamente, el teléfono se volvió una tecnología de comunicación accesible y masiva por lo que algunas asociaciones organizaron servicios de asistencia telefónica para personas en crisis o con pensamientos suicidas atendidos por voluntarios no profesionales. Alfredo Gazzano estaba informado de todas estas iniciativas, pero además viajó para verlas funcionar en directo. A partir de estas experiencias fundó la primera asociación civil para la prevención del suicidio del país en la ciudad de Buenos Aires en 1967. El Centro de Asistencia al Suicida no solo administraba una línea telefónica para personas en crisis o con riesgo de suicidio, también formó a muchas personas dentro y fuera de la institución que multiplicaron su acción comunitaria con modalidades similares o, en ocasiones, muy diferentes. Desde Hablemos de Suicidio ONG tomamos la antorcha para continuar este legado. Así como los pioneros en la prevención comunitaria del suicidio usaron las tecnologías disponibles en su época (como lo fue el teléfono en su momento) nosotros nos valemos de la videoconferencia y los contenidos digitales. Sin embargo el objetivo sigue siendo el mismo: que todo aquel que se sienta agobiado por un sufrimiento emocional que parece insoportable, tenga al menos la oportunidad de encontrar la escucha, la contención y el acompañamiento que necesita. Ver también: Prevención Comunitaria del Suicidio Ayuda por Crisis Emocional o Emergencia Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Enojo
La muerte de un ser querido a causa de suicidio es una tragedia inesperada e injusta. Sentimos la pérdida como algo terrible e inmerecido. Es natural que sintamos enojo. Aún antes de poder dirigir ese enojo a alguien o a algo. Pero el objeto de nuestro enojo no suele tardar en aparecer. En muchos casos nuestro enojo se dirige a nuestro ser querido fallecido a causa de suicidio. Sentimos que él o ella es responsable, que tomó una decisión terrible e inconsulta, que no nos dio la oportunidad de intervenir. El enojo con el difunto a causa de suicidio puede durar mucho tiempo. Algunos llegamos a comprender que se sintió acorralado por su propio sufrimiento, que desde su perspectiva no encontraba alternativa, que no tuvo la capacidad de evaluar las consecuencias de sus actos ni de pensar en los que quedamos, que el dolor lo embargaba, que en su confusión incluso podría haber llegado a pensar que sería mejor para los demás. Y desde este lugar de comprensión, tal vez podamos dejar a un lado el enojo y perdonar. El enojo también puede dirigirse hacia otros familiares, profesionales tratantes o instituciones. El peor de los enojos es el que se dirige hacia nosotros mismos y toma la forma de culpa. En todos los casos, nuestro enojo nos perjudica, fundamentalmente a nosotros mismos, por eso adoptar una actitud comprensiva y compasiva desde el conocimiento de que cada uno hizo lo que creyó mejor en cada momento es realmente sanador. En esta tarea de perdonar para poder sanar y evitar que el enojo cristalice como resentimiento, es importante comenzar por uno mismo. Cada uno de los supervivientes hizo en cada momento lo que considero mejor, y si se equivocó, eso también está dentro de lo posible porque somos humanos. El enojo puede sentirse como una emoción liberadora, pero si se prolonga en el tiempo puede transformarse en una nueva prisión. Por eso es tan importante el ejercicio de dejar atrás, perdonar y perdonarnos. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Culpa
La culpa es, tal vez, el sentimiento más devastador al que solemos enfrentarnos los sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. No paramos de preguntarnos: “¿Y si le hubiera dicho esto o aquello?”, “¿Y si no le hubiera dicho esto o aquello?”, “¿Y si hubiera hecho esto o aquello?”, “¿Y si no hubiera hecho lo otro?”. Todas preguntas contra fácticas que, por supuesto, no tienen respuesta, porque la escena que imaginamos simplemente no ocurrió. Sabemos que el suicidio es un fenómeno multicausal, es decir: un solo hecho no determina que una persona tome la desesperada decisión de quitarse la vida, por lo que, en realidad, no hay culpables. Además, es muy injusto con nosotros mismos juzgar las decisiones del pasado con el conocimiento y la experiencia de hoy. Sin embargo, la culpa es un sentimiento visceral que no escucha razones. Cuando sentimos culpa la sentimos por más que nos expliquen que hicimos lo mejor que pudimos o supimos en cada momento. Si bien la culpa como sentimiento íntimo no necesita de la mirada del otro, siempre hay una parte real o imaginada en que el otro participa. En algunos casos, personas que no logran empatizar con la situación podrían acusar directa o solapadamente a algún sobreviviente. Aunque esto no suceda, nosotros mismos imaginamos sus pensamientos acusatorios y esta fantasía incrementa nuestro sentimiento de culpa. En ambos casos el antídoto es hablar con personas que sí pueden entendernos por haber transitado situaciones similares. Para esto son muy útiles los grupos de duelo o grupos de sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. En nuestros Grupos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio muchos sobrevivientes encuentran ese espacio de escucha contenedora y libre de juicios tan necesario para procesar los sentimientos de culpa asociados a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Vergüenza
Es muy frecuente que los sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio no hablemos del hecho u ocultemos de algún modo la verdadera causa de la muerte. En parte esto puede deberse a que no queremos perturbar a otros con una historia tan terrible, pero, en la mayoría de los casos, es por temor a recibir acusaciones, a la mirada del otro, es decir, vergüenza. Si bien el suicidio es uno de las principales causas de muerte, el ocultamiento hace que no se hable del tema por lo que muchos creen erróneamente que la muerte por suicidio es muy poco frecuente. Cuando estas personas pierden a un ser querido a causa de suicidio sienten que lo que les pasó no solo es terrible sino muy extraño e inexplicable. Además, los sobrevivientes solemos culparnos nosotros mismos de lo sucedido, de ahí a pensar que otros nos acusarán hay solo un paso. Muchas veces preferimos evitar explicaciones difíciles o momentos ingratos, es más fácil ocultar la causa de muerte. No nos damos cuenta de que con nuestra acción fortalecemos el tabú que pesa sobre el suicidio y hacemos que para otros también sea más difícil hablar. Realimentamos así un círculo vicioso que se instala socialmente como un pacto de silencio. No hablo porque los demás tomarán lo sucedido como algo extraño y los demás lo tomarán como algo extraño porque en realidad son muy pocos los que hablan. Además de este efecto comunitario, el silencio también nos afecta a nosotros. En realidad vernos forzados por la presión social a mantener silencio nos priva de la mejor herramienta que podríamos tener para procesar nuestras angustias que es la posibilidad de hablar y de ser escuchados. Por otra parte, es cierto que no en todos los ámbitos hablar genera alivio. Muchos no saben escuchar, o bien evitan el tema o hacen comentarios inoportunos, y con frecuencia hirientes. Por eso debemos buscar los espacios adecuados para hablar, pero no privarnos de hacerlo. Ayudaría mucho si al hablar pudiéramos tener en claro que, haya pasado lo que haya pasado, nunca podemos ser culpables de un suicidio, nadie puede hacerse responsable de la vida de otro; y que no hay una forma única de transitar un duelo por lo que todos nuestros sentimientos son válidos. No deberíamos avergonzarnos por la muerte de nuestro ser querido a causa de suicidio. Por el contrario, hace falta mucho coraje para transitar un duelo así, por lo que nuestra condición de supervivientes debería llenarnos de orgullo. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Duda
¿Por qué lo hizo? Esa pregunta nos tortura a casi todos los supervivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio. No es solo una curiosidad, lo vivimos como si de ello dependiera nuestra propia vida. Como si entender las razones del acto suicida pudiera librarnos del dolor. Algunos hasta nos apegamos a alguna respuesta para poder completar el relato que nos contamos a nosotros mismos y así continuar con nuestras vidas. Aunque en el fondo sabemos que todas las respuestas que pudiéramos encontrar a esta pregunta son infundadas e incompletas. El suicidio es un fenómeno multicausal. La prueba está en que para cada “causa” que pretendemos ensayar aparecen muchísimos ejemplos de personas que habiendo pasado por lo mismo no murieron a causa de suicidio o ni siquiera llegaron a tener pensamientos suicidas. Entonces: ¿Por qué lo hizo? La pregunta no tiene respuesta porque quién podría responder ya no está, y además, aunque pudiéramos de algún modo hablar con él o ella, tampoco obtendríamos una respuesta fiable. Los sobrevivientes a intentos de suicidio son prueba de ello, muestran un estado de confusión en el que ninguna respuesta es certera. Cuando una persona llega a atentar contra su vida, en muchos casos puede explicar la última situación que le generó un dolor o angustia insoportable, la gota que rebalsó el vaso, pero difícilmente pueda dar un testimonio objetivo que explique cómo llegó a esa situación de vulnerabilidad. Por eso la pregunta ¿Por qué lo hizo? es mucho más compleja de lo que parece a simple vista. Lo sensato sería aceptar que hay preguntas que no tienen respuesta, pero muchos sobrevivientes necesitamos esa respuesta para seguir con nuestras vidas. Por eso cuento la respuesta que yo mismo encontré por si a algún otro sobreviviente a la muerte de un ser querido a causa de suicidio le sirve: Todos enfrentamos en la vida innumerables pérdidas que nos duelen, fracasos que nos frustran, abandonos que nos angustian y otros problemas. Todas estas vicisitudes normales de la vida se van acumulando y generan un estado de malestar o sufrimiento de fondo que en algún momento de nuestras vidas podría parecer insoportable. Por suerte, en la vida también vamos cosechando vínculos afectivos, enseñanzas, perspectivas desde donde mirar el pasado y proyectos para encarar el futuro. A todo esto le llamamos recursos y nos sirven para hacer frente a las vicisitudes de la vida. El suicidio puede ocurrir cuando las vicisitudes superan por mucho a los recursos con los que contamos para hacerles frente. El suicida es una persona que en el juego de la vida no supo o no pudo encontrar estos recursos por lo que en un momento se vio superado por sus vicisitudes, sintió que su dolor era insoportable y vio a la muerte como única salida. Esta es la explicación que yo encontré, solo puedo decir que a mi me sirvió, pero no pretendo que le sirva a todos. Lo cierto es que muchos necesitamos encontrar una explicación que nos sirva al menos a cada uno para dejar de sufrir el tormento de la duda. Y sería deseable que esa explicación no incluya culpables, para no caer en el resentimiento, que acepte que todos hicimos en su momento lo que sentimos que era lo mejor. Especialmente que no nos incluya a nosotros mismos como culpables para no caer en el peor de los resentimientos que es la culpa. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Sentimientos propios del duelo por suicidio: Negación
La negación es una etapa normal en cualquier duelo. Cuando una persona a quien queremos mucho fallece por cualquier causa, especialmente cuando el deceso es repentino, nos cuesta adaptarnos a la idea de que ya no está. Despertamos imaginándola en su habitación, pensamos que es él o ella cuando escuchamos ruidos en la cocina y esperamos irracionalmente que en cualquier momento entre por la puerta. Esta fantasía de que quien murió sigue estando entre nosotros puede llegar a durar mucho tiempo y, como dijimos, se da en forma independiente de la causa que haya ocasionado la muerte. Sin embargo, cuando una persona cercana y querida fallece a causa de suicidio suele aparecer una segunda negación: ¿Realmente se suicidó? Nos cuesta aceptar que la persona a quien queremos y admiramos haya tomado esa decisión. Las adaptaciones del relato necesarias para sostener la negación pueden ser muy simples cuando los hechos mismos dan lugar a dudas. A veces basta con cambiar un verbo para eludir la intencionalidad: por ejemplo decir “se cayó” en lugar de “se tiró”. Otras veces se requieren cambios mayores. Por ejemplo: si sufría una enfermedad, atribuir la muerte a esa enfermedad. O decir que nuestro ser querido murió de un paro cardíaco sin mencionar los hechos previos que lo provocaron. En muchos casos estos relatos son creados para los otros ,la vergüenza es otro sentimiento frecuente del que hablaremos luego, pero, cuando la negación se impone, terminamos creyéndolos. El relato alternativo se convierte en una estrategia para sostener la negación del suicidio. La negación de la propia muerte suele ir perdiendo fuerza bajo la evidencia incontrastable de que nuestro ser querido ya no está. En cambio, la negación del suicidio como causa de muerte puede incluso fortalecerse al pasar los meses y los años. El relato alternativo que armamos podría ir cobrando fuerza hasta tomar el valor de “verdad”. Puede suceder que al hablar de la muerte de un ser querido a causa de suicidio con familiares o amigos en común cuenten los hechos de una forma diferente, en algunos casos sin mencionar al suicidio como causa de muerte. La muerte de un ser querido a causa de suicidio suele ser un evento tan traumático que activa todo tipo de mecanismos de defensa. Por ese motivo debemos ser condescendientes con las interpretaciones alternativas de los hechos. Estos relatos podrían ser la única manera que pudo encontrar el doliente para procesar lo sucedido. Ver también: Brindar Asistencia Primaria en caso de Duelo por Suicidio Grupos de Sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de Suicidio Homenaje a Nuestros Seres Queridos fallecidos a causa de Suicidio
- Mayores tasas de suicidio en el país más feliz de latino-américa
Uruguay cambió mucho en las últimas décadas, su economía se modernizó y los jóvenes encuentran trabajos mejor remunerados en las ciudades. Pero no todas son buenas noticias. A pesar de todo ese progreso, que sin duda mejoró la calidad de vida de su población hasta convertirlo en el país de latino-américa con mayor índice de felicidad, las tasas de suicidio se dispararon duplicando las de sus vecinos. En una nota de infobae se analiza este fenómeno relacionándolo con la migración de jóvenes de las áreas rurales a las ciudades dejando solos a sus mayores. Ver nota en Infobae: https://www.infobae.com/economist/2023/11/26/por-que-hay-tantos-suicidios-en-uruguay/ Sin embargo, la paradoja de países felices con tasas de suicidio altas ya se estudió en otros países, y hasta se le dio un nombre: "dark contrast" o contraste oscuro, haciendo referencia a que cuando una población progresa en términos económicos o de calidad de vida, por lo general, este progreso no es uniforme. Algunos se benefician mucho con los frutos del crecimiento económico mientras que otros quedan estancados o incluso se ven perjudicados por no adaptarse a los cambios con suficiente rapidez. Las redes sociales, que son un fenómeno relativamente nuevo, no hacen más que enfatizar este contraste. Los nuevos ricos, e incluso quienes aspiran a serlo, se encargan de mostrar vacaciones, fiestas, moda, cenas y todo lo que pueden comprar desde su nuevo estatus. Los menos favorecidos no suelen ver las diferencias entre estas imágenes y su propia realidad como una injusticia del sistema sino como un fracaso personal, se sienten frustrados por su propia incapacidad para subirse al tren del éxito, se sienten avergonzados y se aíslan socialmente. El aislamiento y la frustración, sumados a otros factores de riesgo de la conducta suicida, son campo propicio para que los pensamientos suicidas aparezcan. Hasta aquí es solo una descripción de lo que sucede en países que progresan rápidamente, y también, aunque en menor medida, en todos los países. La pregunta es: ¿qué hacemos con esto? Frenar, o incluso cuestionar el progreso social y en la calidad de vida de algunos para que otros no se sientan frustrados no parece posible y ni siquiera justo. Pero debemos saber que las situaciones de contraste económico y social aumentan el riesgo de cometer suicidio de los más desfavorecidos, y especialmente de aquellos que ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad por otros motivos. Lo ideal sería que el progreso económico de la comunidad se vea acompañado de un mayor progreso en las habilidades sociales, especialmente en empatía, y en dispositivos comunitarios de escucha y contención. Esa es la misión de Hablemos de Suicidio ONG: Promover espacios de escucha, contención y acompañamiento donde las personas afectadas por pensamientos suicidas puedan contar lo que les pasa y descubrir que no están solas. Descubrimos además que para acercarnos al otro no siempre es necesario compartir momentos felices, también, y especialmente, desde lo que nos aflige podemos construir vínculos muy sólidos. Una sociedad diferente donde las personas puedan disfrutar de la calidad de vida que se puede comprar desde el progreso económico sin renunciar a la calidad de vida que nos aporta en forma gratuita la cercanía emocional de un otro, es posible. Ver también Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Prevención Comunitaria del Suicidio Escucha Activa en temas relacionados con el Suicidio
- 25 de Abril - Día de lucha contra el Maltrato Infantil
Como voluntario en la asistencia telefónica de personas con pensamientos suicidas pude conocer muchas historias, la que voy a contar no es una más. En la guardia nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar cuando suena el teléfono, pero la tarea no es tan difícil como podría parecer porque fuimos entrenados y tenemos protocolos que comprenden casi todas las situaciones. Solo algunas veces se nos queman los papeles, y ésta fue una. La mujer que llamó sólo dijo “un chico le quiere hablar” y sin esperar respuesta le pasó el teléfono a un niño. Le pregunté por qué lloraba, ya que estaba llorando y me contó que se escapó de su casa. Tenía miedo de que la policía lo vuelva a llevar con su madre y su padrastro, contó escenas de violencia entre ellos y también hacia él , también contó que ambos consumían alcohol, que vivía con miedo pensando la forma de escaparse, y que también pensó en el suicidio. El protocolo del que les hablé indica que en caso de que la vida o la integridad física de alguien estuviera en riesgo debemos intentar conseguir información para llamar a los servicios de emergencia, éste era claramente el caso. Un niño que se escapó de su casa y se encontraba solo en lo que parecía ser una estación de micros al que una desconocida le prestó un teléfono y marcó el número de una línea de asistencia a suicidas. Era evidente que el menor estaba en riesgo, pero pensé , dónde está el mayor peligro, en la estación de micros o en la casa a dónde seguramente lo llevarían los servicios de emergencia. No sabía qué hacer, el protocolo me pedía que intentara convencer al consultante para que acepte la ayuda externa pero internamente sentía que el tipo de ayuda que le darían los servicios de emergencia no sería buena para él. Decidí hacer tiempo practicando lo que más practiqué en mi curso de entrenamiento: escuchar. De a poco el chico se fue tranquilizando y la situación estuvo más clara. Tenía un abuelo en el interior del país con el que tenía una buena relación. La mujer desconocida no sólo le había prestado su teléfono sino que también le había comprado un pasaje para el pueblo en donde vivía su abuelo. Ella volvió a tomar el teléfono para agradecerme y cortar la llamada. Me contó que se asustó al escuchar que el chico hablaba de suicidio y por eso llamó al servicio de asistencia solo para que lo tranquilizaran, pero que el micro ya había entrado en la plataforma por lo que tenía que cortar. En el servicio de asistencia donde ayudaba como voluntario en esa época casi nunca conocemos los finales de las historias, pero esta también fue una excepción en ese sentido. Un hombre mayor llamó a uno de mis compañeros para agradecer las palabras que tranquilizaron a su nieto esa noche. Yo no recuerdo que le dije, pero creo que no fueron mis palabras las que lo calmaron sino el simple hecho de sentirse escuchado. El abuelo también contó que el niño había llegado a su casa, que ya había hablado con los padres y que ellos también aceptaron que se quedara con él hasta que pudieran solucionar sus problemas. Una historia con final feliz, sin duda, pero con un sabor amargo, porque uno no puede dejar de pensar en los miles de niños que sufren maltratos en sus casas por situaciones que ellos no pueden controlar y no tienen o no pueden llegar a ese abuelo que los proteja. ¿Cuántos de ellos nunca encuentran la ayuda que necesitan y caen en el alcohol, las drogas, las autolesiones o el suicidio? No sé cuál es la solución, solo soy un asistente telefónico de personas en crisis. Pero creo que como sociedad estamos en deuda con todos estos chicos y chicas que sufren maltrato infantil. Ver también: Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Grupos de Ayuda Mutua orientados a Sobrevivientes de Abuso Sexual o Maltrato en la Infancia o Adolescencia Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG
- Cuando alguien piensa en el suicidio, ¿ya no hay nada más que hacer?
Muchas veces leo esta expresión en redes sociales, sin los signos de interrogación. Más allá de que respeto todas las opiniones y el derecho a expresarlas, leer está en particular me genera mucha preocupación. Sé que así, con la repetición de un argumento, aún cuando éste fuera disparatado, es cómo se generan los mitos y las creencias populares en muchos casos falsas. Pero no es solo la cuestión de si la sentencia que se repite es o no verdadera (ésta en particular es falsa) sino que, además, muchas de estas frases son peligrosas (esta lo es, y mucho). Tal vez las personas deberían abstenerse de hablar sobre temas que desconocen, pero así somos, nos gusta opinar. Por eso debemos redoblar el esfuerzo desde la prevención del suicidio para contrarrestar estos argumentos falsos y peligrosos. ¿Por qué decimos que es falso? Hay muchísimas personas, entre quienes me cuento, que, habiendo padecido pensamientos suicidas ya no los tenemos, mejoramos nuestras vidas y llevamos existencias productivas y razonablemente felices. Algo se hizo, algo hicimos los afectados y algo hicieron al menos algunas de nuestras personas cercanas para promover estos cambios, por lo que no es cierto que "no hay nada más que hacer". Por qué decimos que es peligroso. La frase “No hay nada más que hacer” es muy desalentadora. Imaginemos que una persona que lucha con sus propios pensamientos suicidas, escucha y se cree esta frase. Lo que menos necesita una persona con pensamientos suicidas son frases desalentadoras. Pero imaginemos también a las personas cercanas al afectado escuchando y creyendo esta frase. Desde qué lugar podrían ayudar si “no hay nada más que hacer”. La realidad es que el suicidio se puede prevenir. Esto no significa que podamos evitar todos los suicidios. Siempre el suicidio es una decisión de otro, ese es nuestro límite y debemos aceptarlo. Pero, aún sin garantías, siempre podemos intentarlo, y nuestros esfuerzos llevarán a resultados positivos en la gran mayoría de los casos. La otra cuestión es: ¿Qué se puede hacer? Las personas comunes pueden hacer muchísimo para prevenir el suicidio de sus seres queridos o personas cercanas, incluso de desconocidos, desde la escucha, la contención y el acompañamiento. Son pautas muy simples pero vale la pena conocerlas y ponerlas en práctica. Por eso recomendamos la lectura de las páginas de nuestro sitio ubicadas bajo el menú de escucha y bajo el menú de prevención. Ver también: Escucha Activa en temas relacionados con el Suicidio Prevención Comunitaria del Suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio
- Contención familiar para superar pensamientos suicidas
Un día de marzo del 2023 me desperté después de haber dormido tan sólo unas 3 horas, como me pasaba todas las noches desde hacía meses. Ese día tenía una carrera, ya que dos meses antes había entrado al mundo del running. Fui, corrí, sonreí para las fotos, pero en mi cabeza solo tenía un pensamiento: suicidarme, matarme para acabar con el dolor. Tenía una amiga con la que hablaba siempre. Ese día, sabiendo como estaba yo (era la única persona que sabía por lo que estaba pasando) decidió no aparecer desde el mediodía hasta entrada la noche. Estaba mal y no tenía con quien compartirlo, ya tenía las cartas de despedida hechas. Apareció esa amiga y le dije que no podía seguir viviendo. Su respuesta fue que ella no podía continuar con la amistad porque le estaban haciendo mal mis ideas suicidas. Esa fue la gota que rebalsó el vaso para mi. Agarré las cartas que tenía preparadas, las acomodé en la mesada de mi cocina y preparé mi plan. Estaba dispuesta a todo. Entonces golpearon a mi puerta, era mi mamá que venía a contarme algo (tengo mi casa arriba de la casa de mis padres, vivo sola pero a la vez acompañada por ellos). Guardé todo rápido y la atendí. Hablamos de cualquier cosa y me fui a su casa con ella. Ahora entiendo que mi mamá me dio la vida cuando nací y me la devolvió cuando me iba a suicidar. Tenía 36 años, no se porqué entré en ese pozo depresivo, todavía lo estoy tratando con mi psicóloga y mi psiquiatra. Después de esa visita de mi mamá no lo hice por ella. Al otro día se lo conté a mi psicóloga. Ella habló directamente con mi mamá, y mi mamá con el resto de mi familia. Con el apoyo de todos ellos, más la ayuda profesional, pude ir saliendo. Sigo diagnosticada con depresión ansiosa, sigo medicada, pero con estabilidad. Yo le estoy enormemente agradecida a mi familia, a mis amistades, a mi psicóloga y a mi psiquiatra. Sin ese paquete nada hubiera sido posible. Ver también: Dejanos tu Testimonio de superación en relación al suicidio Grupos Gratuitos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio Sumate al Voluntariado de Hablemos de Suicidio ONG Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Posibles Pensamientos Suicidas











