Cómo Internet y la IA se convirtieron en Factores de Riesgo Suicida
- Hablemos de Suicidio ONG

- hace 1 día
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Desde sus humildes inicios como un proyecto militar en la década de 1960, internet ha evolucionado drásticamente. No solo ha transformado la tecnología, sino también nuestra forma de comunicarnos, relacionarnos.
1983 sentó las bases para lo que hoy conocemos como la red mundial. En esa época, enviar un correo electrónico era un avance considerable. Podías comunicarte con alguien en otro país en cuestión de segundos, algo impensable en aquellos tiempos.
A mediados de los años 90, se produjo una revolución con el lanzamiento de buscadores. Estos motores de búsqueda comenzaron a organizar la información en la web y a facilitar su acceso. Con estos avances, la forma en que nos relacionamos con la información cambió por completo. Ya no dependíamos de bibliotecas o enciclopedias. Podías obtener respuestas a tus preguntas casi instantáneamente. Sin embargo, también surgieron desafíos como la proliferación de información errónea y la dificultad de discernir fuentes confiables.
Sin embargo, el cambio más significativo en la forma en que nos relacionamos llegó con el surgimiento de las redes sociales. Plataformas como Facebook, Twitter e Instagram transformaron la comunicación. Ya no era necesario buscar amigos, ahora podías conectarte con personas de todo el mundo con solo un clic.
Las redes sociales han facilitado la creación de comunidades en línea, donde las personas pueden compartir intereses comunes, desde deportes hasta arte, también incentivó la conexión con familiares en el extranjero. Sin embargo, con este tipo de comunicación también han surgido problemas como el ciberacoso, la desinformación y la adicción a las redes. La privacidad se ha vuelto un tema crítico, muchas veces gravemente vulnerado. Además, las interacciones cara a cara han disminuido. En muchos casos, las personas prefieren enviar un mensaje de texto en lugar de hacer una llamada telefónica o reunirse en persona. Las habilidades sociales se ejercitan mucho menos y en algunas personas llegan a mermar notoriamente. Con llegada de plataformas de comercio electrónico y el home office, ni siquiera el contacto humano mínimo de saludar a un vendedor o los compañeros de trabajo es necesario.
Más recientemente, la inteligencia artificial (IA) ha comenzado a jugar un papel crucial en la relación entre los seres humanos. Cuando contratamos o hacemos un reclamo a un servicio contratado, ya no hay un humano al otro lado de la línea sino un chatbots. La aparición del Chat GPT en 2022 y luego de sus competidores marca una nueva escalada en la deshumanización de la comunicación humana. Cuando tenemos un problema, y me refiero prácticamente a cualquier problema, ya no necesitamos consultar a un especialista o un amigo, la IA nos da casi todas las respuestas. Incluso muchas personas dejaron de asistir a sus sesiones de terapia y las reemplazan por alguna aplicación de IA, una opción ciertamente más económica y disponible las 24 horas.
El uso masivo y creciente de las aplicaciones en línea y especialmente los asistentes de IA nos plantea preguntas sobre el futuro de las relaciones humanas. ¿Podremos todavía formar conexiones significativas entre seres humanos si dependemos de máquinas para comunicarnos?
Las consecuencias de esta creciente despersonalización de las relaciones humanas ya resulta evidente. Todas las aplicaciones que mencionamos surgieron con la promesa de mejorar nuestra comunicación y nuestras vidas, pero el resultado que observamos es otro. Las nuevas generaciones reportan sentimientos de ansiedad, soledad, frustración y depresión como nunca antes, las relaciones humanas se volvieron más superficiales y efímeras, la angustia existencial, la pérdida de sentido y los pensamientos suicidas van en aumento.
¿Qué podemos hacer para remediarlo? Volver el tiempo atrás no es una opción. Las aplicaciones en línea incluyendo los asistentes de IA llegaron para quedarse, y, para ser justos, debemos admitir que en algunos aspectos realmente mejoraron nuestras vidas. La salida debe ser otra. Como seres humanos no deberíamos dejar que herramientas que nosotros mismos creamos nos priven de una necesidad tan básica como la comunicación entre pares. Es cuestión de tomar el control y buscar oportunidades reales para comunicarnos con otro ser humano. Si es posible desde la palabra hablada, si es posible mirándonos mutuamente, cara a cara y si es posible desde un relato auténtico sobre lo que nos pasa y lo que sentimos. En esto la tecnología también puede ayudarnos, jugar a favor y no en contra de la comunicación persona a persona. Desde la masificación de las plataformas de teleconferencia durante la pandemia de COVID 19 contamos con un nuevo recurso. En Hablemos de Suicidio nos proponemos revalorizar esta comunicación empática, contenedora y profunda entre seres humanos para que recuperemos nuestra esencia: ser humanos. Ese es nuestro aporte para mitigar el creciente sufrimiento emocional en nuestra comunidad y nuestra mejor herramienta para prevenir el suicidio.
Ver también:
Brindar Asistencia Primaria a Personas en Crisis con Riesgo Suicida



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