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Solo se trata de mantenerse a flote

Solo se trata de mantenerse a flote

Había llevado a mi familia de vacaciones a Brasil. Sé que suena raro, pero en ese momento no sentía que había "ido con mi familia" sino que "los había llevado". Aunque yo, es verdad, también estaba ahí, mi cabeza ya hacía tiempo que estaba en otro lugar, en ese lugar desolado a donde me llevaban mis pensamientos más oscuros. Estaban las palmeras, el sol, la playa, comida deliciosa, tragos y risas, pero yo no podía disfrutar de todo eso, no podía disfrutar de nada en absoluto porque me invadía esa urgencia inexplicable de que todo se termine, de estar siempre en otro lugar. 


En este estado emocional fue que un día tomé un kayak de los que nos prestaban en el hotel y con la excusa de que hacía calor omití ponerme el chaleco salvavidas. Lo que siguió, para algunos fue un intento de suicidio, pero yo solo quería dejar de estar allí, que alguna emoción fuerte me transporte a otro lugar donde el run-run de mi cabeza no me atormente. Es cierto que en los últimos meses había pensado en el suicidio casi a diario, pero nunca lo intenté, al menos no conscientemente. 


El hotel estaba en el extremo de una amplia bahía de aguas tranquilas. Mi idea era cruzar en línea recta hasta el otro extremo, para lo que me tendría que alejar de la costa cientos de metros. Como no llevaba chaleco salvavidas, por seguridad probé tirarme del kayak para comprobar que, si llegara a caerme, podía volver a subir, y en esas aguas tan tranquilas pude hacerlo, con dificultad, pero pude. Continué con mi travesía y en menos de una hora llegué a mi objetivo. Al regresar, el mar se sentía diferente. La marea había subido, había olas bastante grandes y se había levantado mucho viento. Cuando estaba en el punto más alejado de la costa sentí miedo, en vez de seguir en línea recta puse proa hacia la costa, las olas y el viento se hacían más intensos y resultaba difícil mantener el equilibrio. Finalmente una ola muy grande me hizo volcar. Quedé en el agua muy cerca del kayak pero veía que los remos se alejaban, nadé para recuperar los remos pero cuando llegué a ellos y di vuelta vi como el kayak se alejaba empujado por el viento a una velocidad que lo hacía inalcanzable. Solté los remos y así quedé solo, a cientos de metros de la costa en medio de un vendaval. Yo sabía nadar en forma básica, pero nunca había nadado semejante distancia en mar abierto, ni creía que pudiera lograrlo.


Lo que siguió fue una larguísima agonía. Por momentos nadaba tratando de acercarme a la costa que se veía cada vez más lejana. Cuando el cansancio me vencía me conformaba con mantenerme a flote, aunque no avanzara nada. Al poco tiempo mis brazos y mis piernas se empezaron a acalambrar y moverlos representaba un dolor insoportable. Fui perdiendo las esperanzas de sobrevivir. Y además, pensé que lo poco que me quedaba de vida sería ese sufrimiento agónico tratando de que mis brazos y piernas se movieran un poco más en medio de dolores punzantes. Pensé también que me desmayaría del dolor, pero en medio de tanta desesperanza, me pareció que la costa se veía más cerca, incluso vi personas que me estaban viendo, pero que no se animaron a rescatarme. Comprobar que me estaba acercando a la costa me dio renovadas energías, hasta que por fin pude hacer pie en la arena y salir caminando.


Ya en la playa entendí mejor la situación. El mismo viento que me había tirado del kayak fue el que me llevó a la playa, de hecho, al poco de andar en dirección al hotel encontré el kayak, el remo y hasta mi gorra. Solo tenía que flotar, la naturaleza hizo el resto. Pero lo más sorprendente que entendí fue que no quería morir. Pese a todo el dolor que soporté en el mar, en ningún momento pensé en rendirme. Y aún cuando pensaba que a mi vida solo le quedaban unos minutos de dolor intenso, acepté el dolor con tal de seguir vivo. 


Este ultimo descubrimiento fue sorprendente, considerando que en los últimos meses había pensado en el suicidio casi a diario. Y fue una enseñanza muy importante para el resto de mi vida. Desde entonces supe que aunque la vida traiga solo dolor y desesperanza, todo lo que necesito hacer es mantenerme a flote, avanzar solo si puedo y cuando puedo. Ya que algo nuevo siempre nos espera.


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