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Mecanismos detrás del pensamiento suicida: Introyección y sesgo de confirmación


Introyección y sesgo de confirmación

La introyección es un concepto psicológico, arraigado en las teorías psicoanalíticas, que se refiere al proceso inconsciente mediante el cual una persona "absorbe" o asimila experiencias, actitudes, valores, normas o rasgos de otras personas (especialmente de figuras significativas como padres o cuidadores) o del entorno, haciéndolos parte de su propia psique. La introyección es un proceso necesario, no solo para el aprendizaje social sino también para la construcción de la personalidad, el autoconcepto y la autoestima. Por ejemplo, aprendimos que somos valiosos y debemos cuidarnos a partir de del valor y los cuidados que nos profesaron los mayores cuando éramos chicos, y aprendimos a querernos a partir del amor que nos demostraron quienes nos cuidaron de pequeños.


Sin embargo, la introyección no siempre es un mecanismo positivo, de acuerdo a las circunstancias, fácilmente puede volverse en nuestra contra y generar en nuestra psique factores de riesgo para la conducta suicida. Quienes no tuvimos la suerte de crecer en un hogar con valoración, cuidados y amor, también introyectamos las acciones y actitudes circundantes y llegamos a adultos sintiendo que no somos valiosos por lo que no merecemos que nos cuiden o nos quieran, y lo peor, sin querernos a nosotros mismos. Por desgracia, los niños no tienen forma de defenderse de este avasallamiento de sus derechos fundamentales que ocurre puertas adentro de sus casas o incluso en público, a la vista de todos sin que nadie intervenga.


Para agravar las cosas, el proceso de vulneración del autoconcepto y la autoestima desde la introyección de cuestionamientos, críticas y desvalorizaciones no termina en la infancia. Quienes ingresan al mundo adulto sin la necesaria fortaleza en su autoconcepto y su autoestima se enfrentarán al mundo desde un sesgo de confirmación muy desfavorable.


El sesgo de confirmación es un mecanismo psicológico que nos hace rechazar u otorgar una importancia menor a aquellos elementos de la realidad que cuestionan nuestras creencias previas; y, por el contrario, introyectar todos los elementos de la realidad que las confirman. Así, una persona con un mal autoconcepto y una pobre autoestima ignorará los elogios o las muestras de afecto e incorporará casi sin cuestionamientos toda crítica o muestra de desamor. Toda esta desvalorización de la propia persona a su vez genera síntomas o enfermedades mentales que realimentan la creencia de ser "personas defectuosas" que "no merecen ser cuidadas". Desde ahí al pensamiento suicida hay solo un paso.


Estos mecanismos que acabamos de describir brevemente explican por qué las personas que por acción u omisión sufrieron abandono, desamor, violencia, abusos sexuales u otros traumas en su infancia, sufren un mayor riesgo de incurrir en conductas suicidas durante toda su vida. La buena noticia es que nada de esto es irreversible. Desandar el camino de la propia desvaloración y desamor no es fácil, pero tampoco es imposible.


Como dijimos, el proceso virtuoso hubiera sido que de chicos hubiéramos tenido como cuidadores a adultos responsables que nos dieran la valoración, los cuidados y el amor que necesitábamos para un crecimiento psicológico saludable. Si eso no pasó, nada puede hacerse para cambiar el pasado, pero sí podemos cambiar nuestro presente. A partir de que tomamos conciencia del daño que nos hicieron y del daño que seguimos haciéndonos nosotros mismos desde el sesgo de confirmación, podemos tomar conciencia de que ahora los adultos responsables somos nosotros mismos. Nosotros somos los responsables de construir, piedra por piedra y casi desde cero, nuestra autovaloración y nuestra autoestima hasta levantar un muro que nos proteja del riesgo de suicidio. Para ello debemos aprender a escuchar y recibir los elogios y muestras de afecto; también a cuestionar las críticas negativas para no ponernos un saco que no es nuestro. Pero sobre todo, aprender a querernos con nuestros defectos y nuestras virtudes, a reconocernos como seres únicos y valiosos, embarcados en esta experiencia fascinante y maravillosa que llamamos vida. Este proceso es íntimo y muy personal, pero el acompañamiento de otros que transitan los mismos caminos siempre ayuda, por eso recomendamos nuestros Grupos de Ayuda Mutua para personas afectadas por el drama del Suicidio.

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