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Por que el “compromiso con la vida” es condición en un grupo de ayuda mutua para personas afectadas por el suicidio

Por que el “compromiso con la vida” es condición en un grupo de ayuda mutua para personas afectadas por el suicidio

Muchos grupos de ayuda mutua establecen, como condición de pertenencia, la observación de un compromiso relacionado con la temática del grupo. Por ejemplo, en Alcohólicos Anónimos se exige un compromiso con "mantenerse sobrio". En el caso de nuestros grupos para personas afectadas por el drama del suicidio el compromiso que se pide es el “compromiso con la vida”. Antes de explicar las razones de esta condición  quisiera aclarar a qué llamamos “compromiso con la vida”. 


En un grupo de ayuda mutua para personas afectadas por el drama del suicidio es lógico que se acepte a personas que sufren por pensamientos suicidas, fantasías de muerte o deseos de dejar de existir, incluso a personas que en el pasado hayan tenido intentos de suicidio. Nada de todo esto afecta a lo que nosotros llamamos “compromiso con la vida”. Todas las situaciones antes mencionadas no son elegidas. Los que padecimos ideación suicida sabemos que esos pensamientos son invasivos, que uno no puede evitar que vengan, tampoco las fantasías de muerte o los deseos de morir. Un intento de suicidio sí es una acción de algún modo decidida, seguramente en un estado de conciencia alterado pero decidida al fin. Sin embargo, si estamos hablando del pasado, tampoco es algo que podamos cambiar. El compromiso con la vida siempre lo tomamos de aquí para adelante y no incluye pensamientos o sentimientos involuntarios. ¿Qué es lo que se pide entonces? Una firme voluntad de luchar contra esos pensamientos y sentimientos oscuros, la intención de estar mejor, aunque aún no se nos ocurra cómo. No podemos aceptar en los grupos a personas con intenciones suicidas actuales, con planes suicidas vigentes, que amenacen con el suicidio o que contemplen al suicidio como una posibilidad en caso de no obtener lo que vinieron a buscar a los grupos. Y no es que no queramos ayudar también a esas personas. No podemos. El instrumento con el que nosotros contamos para brindar ayuda, los grupos de ayuda mutua, no funciona en estos casos, e incluso, si admitiéramos a estas personas, podríamos poner en riesgo a otros participantes.


Los grupos de ayuda mutua son espacios donde se producen intensas identificaciones mutuas. Este es el principio que los hace efectivos. Los participantes hablan de sus dificultades pero también de los recursos que encontraron para superarlas, o al menos del coraje y la voluntad con los que siguen en la búsqueda de estos recursos. Las historias siempre se conectan en algún punto con otras historias y generan identificación incentivando a otros participantes a seguir en la lucha para superar sus propias adversidades. 


Este efecto de contagio, que fue estudiado por la ciencia y se conoce desde 2010 como Efecto Papageno, puede quedar anulado o revertido si en vez de compartir historias de resistencia o superación se comparten historias de claudicación, intenciones o planes suicidas. Al efecto de contagio con historias de autodestrucción se lo conoce desde mucho antes como Efecto Werther y se sabe que incrementa el riesgo de conductas suicidas. Como se comprenderá, es responsabilidad de los coordinadores de los grupos de ayuda mutua procurar que en cada reunión de grupo se genere la identificación positiva que produce el Efecto Papageno y no la identificación negativa que genera el efecto Werther, para ello debemos cuidar el cumplimiento de esta condición fundamental: El compromiso con la vida.


Esta condición también es un incentivo para quienes aún no han tomado esa decisión de comprometerse con la vida a pesar de sus pensamientos o sentimientos suicidas. Saber que otros si lo han hecho y se benefician de la escucha, contención y acompañamiento que los grupos de ayuda mutua pueden brindarles podría impulsarlos a dar ese paso.

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