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La edad oscura de la Suicidología 


La edad oscura de la Suicidología 

Los que nos formamos en prevención comunitaria del suicidio escuchamos hablar del efecto Werther y del efecto Papageno como dos hallazgos científicos en apariencia contrapuestos y podemos pensar que se estudiaron por la misma época. Sin embargo, ni son expresiones contrapuestas ni son hallazgos contemporáneos. De hecho el efecto Werther se investigó en los 60' y el efecto Papageno en 2010. Es interesante estudiar como afectaron y siguen afectando estos conocimientos a las prácticas reales de prevención del suicidio tanto a nivel profesional como comunitario. Especialmente en esos 50 años intermedios en los que conocíamos solo parte de la verdad científica, pero también en los últimos años.


En efecto, el efecto Werther nos advierte sobre el peligro de la comunicación sensacionalista o morbosa sobre el tema del suicidio o sobre casos particulares de suicidio, que pueden promover procesos de identificación e imitación generando un riesgo adicional en personas sensibles haciendo que los casos de suicidio se multipliquen. Una suerte de efecto contagio catalizado por este tipo de comunicación irresponsable.


El conocimiento de este efecto de imitación mediado por los medios de comunicación fue útil para redactar instructivos sobre cómo tratar el tema del suicidio en los medios. Sin embargo, estos instructivos fueron y siguen siendo ignorados por muchos medios sensacionalistas y, lo que tal vez sea peor, generaron temor en los medios y comunicadores responsables. El "no hablar en forma irresponsable del suicidio" se exageró a "no hablar de ningún modo del suicidio" profundizando, ahora con fundamentos científicos, el tabú y el oscurantismo que pesaba sobre el tema del suicidio y frenando muchas campañas de prevención.


Por otro lado, el efecto Papageno nos indica que cuando esta comunicación se realiza en forma responsable y atendiendo a unas pocas pautas básicas, en realidad, hablar sobre el tema reduce el riesgo de suicidio y actúa como un factor protector frente al pensamiento y la conducta suicida. Como siempre decimos: Hablar responsablemente del suicidio no induce al acto sino que abre espacios de contención, escucha y acompañamiento para que quienes estén transitando circunstancias difíciles en sus vidas y sufran por fantasías de muerte o pensamientos suicidas se animen a pedir ayuda y a hablar sobre lo que les está pasando.


Hoy conocemos la otra parte de la verdad también abalada por estudios científicos: Las historias de superación y resiliencia y la comunicación de recursos útiles para luchar contra el pensamiento suicida no aumenta el riesgo de suicidio, lo reduce. Pero aún debemos luchar contra el estigma que provocó la interpretación exagerada del efecto Werther. Con esa premisa se formaron miles de comunicadores y profesionales de la salud mental que aún ejercen, y no todos se incorporaron a los nuevos hallazgos en la ciencia de la suicidología. A esto se suma el temor a hacer daño que muchas veces nos bloquea frente a posibilidades concretas de ayudar. Después de 16 años desde la publicación de los estudios que llevaron a la formulación del efecto Papageno, aún queda por delante una tarea enorme de difusión y concientización. El mensaje central es que hablar del suicidio responsablemente salva vidas, pero todos deberíamos saber qué significa en este caso “responsablemente” (Ver Cómo hablar responsablemente sobre el tema del suicidio), para que en esta tarea comunitaria que es la prevención del suicidio, podamos vencer los miedos y participar.

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