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Sentimientos propios del duelo por suicidio: Vergüenza

Actualizado: 19 may






Es muy frecuente que los sobrevivientes a la muerte de un ser querido a causa de suicidio no hablemos del hecho u ocultemos de algún modo la verdadera causa de la muerte. En parte esto puede deberse a que no queremos perturbar a otros con una historia tan terrible, pero, en la mayoría de los casos, es por temor a recibir acusaciones, a la mirada del otro, es decir, vergüenza. 


Si bien el suicidio es uno de las principales causas de muerte, el ocultamiento hace que no se hable del tema por lo que muchos creen erróneamente que la muerte por suicidio es muy poco frecuente. Cuando estas personas pierden a un ser querido a causa de suicidio sienten que lo que les pasó no solo es terrible sino muy extraño e inexplicable. Además, los sobrevivientes solemos culparnos nosotros mismos de lo sucedido, de ahí a pensar que otros nos acusarán hay solo un paso. Muchas veces preferimos evitar explicaciones difíciles o momentos ingratos, es más fácil ocultar la causa de muerte. No nos damos cuenta de que con nuestra acción fortalecemos el tabú que pesa sobre el suicidio y hacemos que para otros también sea más difícil hablar. Realimentamos así un círculo vicioso que se instala socialmente como un pacto de silencio. No hablo porque los demás tomarán lo sucedido como algo extraño y los demás lo tomarán como algo extraño porque en realidad son muy pocos los que hablan. 


Además de este efecto comunitario, el silencio también nos afecta a nosotros. En realidad vernos forzados por la presión social a mantener silencio nos priva de la mejor herramienta que podríamos tener para procesar nuestras angustias que es la posibilidad de hablar y de ser escuchados. Por otra parte, es cierto que no en todos los ámbitos hablar genera alivio. Muchos no saben escuchar, o bien evitan el tema o hacen comentarios inoportunos, y con frecuencia hirientes. Por eso debemos buscar los espacios adecuados para hablar, pero no privarnos de hacerlo. Ayudaría mucho si al hablar pudiéramos tener en claro que, haya pasado lo que haya pasado, nunca podemos ser culpables de un suicidio, nadie puede hacerse responsable de la vida de otro; y que no hay una forma única de transitar un duelo por lo que todos nuestros sentimientos son válidos. No deberíamos avergonzarnos  por la muerte de nuestro ser querido a causa de suicidio. Por el contrario, hace falta mucho coraje para transitar un duelo así, por lo que nuestra condición de supervivientes debería llenarnos de orgullo.


 

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