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Cambiar la cultura para prevenir el suicidio

hace 11 minutos
4 min de lectura
Cambiar la cultura para prevenir el suicidio

El suicidio existió siempre y en todas las latitudes, pero su incidencia en distintas épocas y en diferentes países muestra dispersiones enormes. Mientras países como Guyana, Corea del Sur o Sri Lanka tienen tasas de suicidio superiores a 20 defunciones cada 100.000 habitantes al año, otros como Siria, Arabia Saudita o El Líbano tienen menos de un caso cada 100.000 habitantes por año. Estas diferencias, que no pueden explicarse por factores socioeconómicos o sanitarios, nos indican que la cultura de cada país puede actuar como factor protector o como factor de riesgo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud, en base a estos y otros datos elaboró listas de factores de riesgo y de factores protectores de la conducta suicida de los cuales, la mayor parte, se refieren a temas culturales o comunitarios. De ahí, que más allá del innegable trabajo que realizan los sistemas de seguridad y de salud, una prevención del suicidio efectiva pasa necesariamente por la comunidad, y más específicamente por las pautas culturales que nos dicen cómo debemos relacionarnos, de qué podemos hablar y de qué forma.



El papel de la cultura en la disposición a buscar ayuda


En algunos países, hablar de tristeza o pedir ayuda es algo natural. En otros, puede ser visto como una debilidad o un tabú. Esto afecta directamente la disposición de las personas a buscar apoyo cuando están en crisis.


En muchas sociedades occidentales, aunque todavía hay estigma, la salud mental ha ganado espacio en la conversación pública. Sin embargo, en otras culturas, el sufrimiento se vive en silencio. Por ejemplo, en algunas comunidades latinoamericanas, la idea de “aguantar” o “no mostrar debilidad” puede impedir que alguien hable sobre sus emociones o busque ayuda profesional o comunitaria.


Esta resistencia a abrirse puede aumentar el riesgo de suicidio. Cuando no hay un espacio seguro para expresar lo que se siente, la persona puede sentirse más sola y atrapada. Algo tan simple como hablar de lo que nos pasa y de cómo nos sentimos al respecto puede actuar como una válvula de alivio y evitar una tragedia.


Hablar de lo que sentimos no es fácil, pero es un paso fundamental para prevenir el suicidio. En países donde la comunicación emocional es más abierta, las personas tienden a buscar ayuda antes de llegar a un punto crítico.


Factores culturales que influyen en la comunicación emocional


Algunos factores culturales que afectan la disposición a hablar sobre emociones incluyen:


  • Machismo y roles de género: En muchas culturas, los hombres sienten que deben ser fuertes. Fueron educados para ser auto-suficientes y no mostrarse vulnerables. La frase "Los hombres no lloran" a muchos nos resulta familiar por haberla escuchado en la infancia. Esto puede impedirnos pedir ayuda cuando realmente la necesitamos e incluso generar vínculos interpersonales profundos y contenedores. Esta inaptitud aprendida para hablar de emociones y pedir ayuda no es un factor menor. En casi todos los países el suicidio masculino es más frecuente, llegando a cuadruplicar los índices de suicidio femenino.


  • Religión y creencias: Las religiones suelen funcionar como factores protectores frente al riesgo de suicidio. Sin embargo, algunos creyentes pueden ver al suicidio como un pecado, lo que genera culpa y silencio en quienes sufren por pensamientos suicidas.


  • Educación emocional: En países donde se enseña desde pequeños a identificar y expresar emociones, las personas suelen tener más herramientas para manejar crisis. Es destacable el trabajo en educación emocional que se hizo en Finlandia desde la educación inicial y que ya muestra resultados mensurables.


  • Redes de apoyo social: La familia y la comunidad pueden ser un refugio o una fuente de presión, dependiendo de cómo se manejen las emociones en ese entorno. La formación comunitaria en Escucha Activa puede hacer que todos los grupos humanos actúen como grupos de contención. Si esto se logra se podría generar una red comunitaria para que toda persona que necesite escucha, contención y acompañamiento para superar una situación difícil de su vida pueda encontrarlos en sus entornos habituales.


  • Grupos de Ayuda Mutua: Como sabemos que el cambio cultural es lento y que aún falta mucho para que la comunidad toda funcione como una red de contención emocional, es importante que las personas afectadas por pensamientos suicidas puedan encontrar espacios de escucha, contención y acompañamiento creados a tal fin. Esa es la principal acción comunitaria de Hablemos de Suicidio.


Cómo podemos cambiar la cultura de nuestra comunidad


Cambiar la forma en que una cultura enfrenta el suicidio no es fácil ni rápido. Pero podemos empezar por:


  • Fomentar la educación emocional en escuelas y comunidades.

  • Crear espacios seguros donde se pueda hablar sin miedo al juicio.

  • Promover servicios accesibles de apoyo emocional y psicológico.

  • Desestigmatizar la búsqueda de ayuda, mostrando que pedir ayuda es un acto de valentía.


Cada país tiene su propia historia, sus propias heridas y sus propias formas de enfrentar el dolor. Pero hay algo que nos une a todos: la necesidad de ser escuchados y acompañados.


Si alguna vez te has sentido solo o sin salida, recordá que no estás solo. Buscar ayuda es un paso valiente y necesario. Y si conoces a alguien que está sufriendo, ofrecer tu escucha libre de juicios puede marcar la diferencia.


La prevención del suicidio es un trabajo de todos. Cambiar la cultura para que hablar de emociones sea natural puede salvar muchas vidas.


No dejemos que el silencio sea el último refugio. Abramos el diálogo, compartamos el dolor y construyamos juntos un camino hacia la esperanza.

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