Breve Historia de la Prevención Comunitaria del Suicidio en Argentina
- Hablemos de Suicidio ONG

- hace 23 horas
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El padre de la Prevención Comunitaria del Suicidio en Argentina fue el doctor Alfredo Gazzano. En la década de 1960, el doctor Gazzano trabajaba en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires como jefe del servicio de Psiquiatría. Desde ese puesto pudo ver en primera persona algo que muy pocos veían. La cantidad de pacientes que eran derivados desde otros servicios luego de intentos de suicidio, algunos de ellos con secuelas permanentes. Eso generó en él la idea de que “estábamos llegando tarde” como él mismo contó más tarde.
La prevención del suicidio era casi inexistente en esa época, tanto en Argentina como en el resto del mundo, y no había nada parecido a lo que hoy llamamos Prevención Comunitaria del Suicidio. Sin embargo, la ola de suicidios generada por la posguerra y la expansión de los medios de comunicación a distancia como el teléfono generaron las condiciones en el Reino Unido y en los Estados Unidos para que surjan las primeras asociaciones para la prevención del suicidio. Los supervivientes que habían perdido seres queridos a causa de suicidio tenían la motivación necesaria para ayudar a otros y el teléfono proporcionaba un medio adecuado. Además, por la misma época, había surgido el movimiento de psiquiatría comunitaria, un grupo de profesionales que planteaban la necesidad de sacar a la psiquiatría fuera del consultorio para acercarla a la comunidad. Para ello se comenzaban a formar agentes de prevención comunitaria, personas comunes con los conocimientos básicos y la disposición necesaria para llegar a los afectados por un problema de salud mental antes de que ellos mismos concurran a los servicios hospitalarios. Unos años antes, el psicólogo estadounidense Carl Roger había popularizado el término “escucha activa” para referirse a un modo específico de comunicación centrado en el interlocutor. Juntando todos estos elementos surgieron las primeras líneas de asistencia a personas en crisis por pensamientos suicidas (suicide hotlines), atendidas por voluntarios que recibían una formación específica para su tarea basada en la escucha activa.
Alfredo Gazzano estaba al tanto de todos estos movimientos, pero de todos modos realizó viajes al Reino Unido y a Estados Unidos para conocer de primera mano el funcionamiento de estas "Asociaciones Civiles para la Prevención del Suicidio". Al regreso de su viaje, junto con un colega del Hospital de Clínicas, deciden fundar el Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires, una asociación dedicada a la asistencia a personas en crisis cuyo modelo de asistencia telefónica brindada por voluntarios no profesionales inspiró a otros centros de asistencia al suicida en varias provincias del país.
Otra problemática en relación a la conducta suicida, además de la ideación suicida, es el duelo por suicidio. La asistencia a los que sobreviven a la muerte de un ser querido a causa de suicidio, también llamada posvención del suicidio, es, sin embargo, una parte importante de la prevención del suicidio, ya que la muerte de un ser querido es considerada como un importante factor de riesgo de la conducta suicida. Esta problemática se abordó en varios países del mundo, desde la prevención comunitaria, siguiendo el modelo de grupos de ayuda mutua. En argentina comienzan a surgir grupos de duelo por suicidio desde la década de 1990, por ejemplo, el Centro de Asistencia al Familiar del Suicida creado por la doctora Diana Altavilla.
Esta modalidad que resultó ser muy eficiente para acompañar a los familiares y amigos en duelo por suicidio, salvo la excepción de un taller barrial del Hospital Pirovano, no se empleó en esa época para personas con pensamientos suicidas, básicamente porque desde la publicación de un estudio científico que se conoce como Efecto Werther en 1974, quedó demostrado que hablar sobre pensamientos suicidas sin un encuadre adecuado puede generar procesos de identificación e imitación en personas vulnerables. Recién en 2010, otro estudio científico, llamado Efecto Papageno, demostró que hablar responsablemente sobre el tema del suicidio, especialmente cuando se muestran historias de superación al pensamiento suicida y los recursos que se emplearon, no solo no aumenta el riesgo suicida sino que ayuda a prevenir el suicidio.
La pandemia de COVID19 que llegó a nuestro país en 2020, generó un incremento desmesurado en la demanda de asistencia comunitaria en relación a la ideación suicida. Las asociaciones civiles ya constituidas hicieron su mayor esfuerzo para responder a esta demanda que puso en crisis a los sistemas de salud mental hospitalaria, incluso desde las universidades surgieron iniciativas transitorias para brindar asistencia en esos años en que en paralelo a la pandemia viral se producía una pandemia en salud mental.
Si algo bueno nos dejó la pandemia es que se popularizaron los sistemas de videoconferencia como “Zoom” o “Meet”. Así como las primeras asociaciones para la prevención del suicidio hicieron uso de la tecnología de comunicación a distancia más avanzada y popular de la época (el teléfono), la aparición de estas plataformas de videoconferencia brindó el soporte tecnológico necesario para la creación de grupos de ayuda mutua que desde el encuadre teórico del Efecto Papageno pueden incorporar no solo a personas en duelo por suicidio sino también a personas con pensamientos suicidas y sus convivientes o personas preocupadas por ellos. Así surge en 2022 Hablemos de Suicidio, una asociación civil de personas afectadas por el drama del suicidio que se reúnen para brindarse mutuamente escucha, contención y acompañamiento.
Aun cambiando las modalidades y las tecnologías de comunicación empleadas, hay dos principios que se los debemos a Alfredo Gazzano y que siguen rigiendo prácticamente todas las acciones comunitarias de las decenas de Asociaciones Civiles para la Prevención del suicidio que hoy funcionan en nuestro país: La prevención comunitaria, que nos dice que todos podemos ayudar; y la escucha activa, como primer puente para conectar a la persona en crisis con la vida.
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